Piense y Hagase Rico Capitulo 8

EL DOMINIO DE LA DILACIÓN
El séptimo paso hacia la riqueza
El análisis efectuado sobre más de 25.000 hombres y mujeres que habían experimentado el fracaso puso de
manifiesto el hecho de que la falta de decisión era casi siempre el motivo que encabezaba la lista de las treinta y
una grandes causas de fracaso. La dilación, lo contrario de la decisión, es un enemigo común que debe superar
casi cada ser humano. Usted se encontrará con una oportunidad de poner a prueba su capacidad para tomar
decisiones rápidas y concretas cuando termine de leer este libro, y esté preparado para poner en práctica los
principios descritos aquí.
El análisis de varios cientos de personas que habían acumulado fortunas bastante más allá de la marca del
millón de dólares puso de manifiesto el hecho de que cada una de ellas tenía el hábito de tomar decisiones con
rapidez, y de cambiarlas con lentitud, si y cuando se veía la necesidad de cambiarlas. Las personas que no
logran acumular dinero, tienen, sin excepción, el hábito de tomar decisiones, si es que las toman, de modo muy
lento, y de cambiar esas mismas decisiones con rapidez y a menudo.
Una de las cualidades más notables de Henry Ford era su costumbre de tomar decisiones rápidas y definitivas,
y de cambiarlas con lentitud. Esta cualidad era tan pronunciada en el señor Ford que le hizo ganarse la
reputación de ser un hombre obstinado. Fue precisamente esa cualidad la que le indujo a continuar la
fabricación de su famoso modelo T (el coche más feo del mundo) en un momento en que todos sus
consejeros, y muchos de los compradores del coche, le estaban pidiendo que lo cambiara.
Quizás el señor Ford se retrasó demasiado en efectuar el cambio, pero la otra cara de la moneda es que la
firmeza de su decisión le permitió ganar una enorme fortuna antes de que se hiciera necesario cambiar el
modelo. No cabe la menor duda de que la costumbre del señor Ford de tomar decisiones definitivas llegó a
asumir la proporción de la obstinación, pero esa misma cualidad es preferible a la lentitud cuando llega la hora
de tomar decisiones, y a la rapidez a la hora de cambiarlas.
CONSEJOS SOBRE LA TOMA DE SUS PROPIAS DECISIONES La gran mayoría de la gente que no logra
acumular dinero suficiente para cubrir sus necesidades suele verse, por lo general, fácilmente influida por las
opiniones de los demás. Esas personas permiten que los periódicos y las murmuraciones de los vecinos
afecten a sus ideas. Las opiniones son los bienes más baratos que existen sobre la Tierra. Todo el mundo
tiene un montón de opiniones preparadas para comunicárselas a cualquiera que se muestre dispuesto a
aceptarlas. Si usted se deja influir por las opiniones cuando se trata de tomar decisiones, no tendrá éxito en
ninguna empresa, y mucho menos en la de transformar su propio deseo en dinero.
Si usted permite que las opiniones de los demás 10 influyan, llegará a no tener deseos propios. Cuando
empiece a poner en práctica los principios descritos en este libro, guíese por su propio consejo, tome sus
propias decisiones y aténgase a ellas. No confíe en nadie más que en los miembros de su «equipo de trabajo»,
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y asegúrese de haberlos escogido bien, eligiendo sólo a aquellos que estén en completa armonía con su
propósito y que muestren simpatía por él.
A menudo, los amigos íntimos y los parientes le ponen obstáculos a uno por medio de «opiniones», aunque
ésa no sea su intención. A veces lo hacen incluso a través del ridículo, con la pretensión de que sea
humorístico. Hay miles de mujeres y hombres que sufren de complejos de inferioridad durante toda la vida,
debido precisamente a que alguna persona bienintencionada pero ignorante destruyó su confianza en sí
mismos mediante las «opiniones» o ridículo.
Usted dispone de un cerebro y de una mente propios. Utilícelos y tome sus propias decisiones. Si lo que
necesita son hechos, o la información -de otras personas, que le permitan tomar sus decisiones, como
sucederá en numerosos casos, lleve a cabo esos hechos, o asegúrese con discreción de esa información que
necesita, sin descubrir cuáles son sus propósitos.
Una de las características de las personas que tienen sólo conocimientos elementales o escasos es la de
que intentan dar la impresión de que poseen muchos conocimientos. En general, esas personas hablan
demasiado, y saben escuchar muy poco. Mantenga los ojos y los oídos bien abiertos, y la boca cerrada, si lo
que desea es adquirir el hábito de una toma de decisiones rápida. Quienes hablan mucho hacen bien poco. Si
usted habla mucho más de lo que escucha, no sólo se privará a sí mismo de muchas oportunidades de
acumular conocimientos útiles, sino que también habrá puesto sus planes y propósitos al descubierto ante
personas a las que les encantará desilusionarle porque, en el fondo, lo envidian.
Recuerde también que, cada vez que abra la boca en presencia de una persona que posea una gran
abundancia de conocimientos, estará desplegando ante ella su reserva exacta de conocimientos propios, ¡o su
falta de la misma! La verdadera sabiduría suele llamar la atención merced a la modestia y el silencio.
Tenga en cuenta el hecho de que cada persona con la que usted se asocie estará buscando, como usted
mismo, la oportunidad de acumular dinero. Si habla con demasiada libertad acerca de sus planes, quizá se
sienta sorprendido al enterarse de que alguna otra persona se le ha adelantado para alcanzar el objetivo que
usted se había propuesto alcanzar, poniendo en práctica los mismos planes acerca de los cuales usted habló
con tanta imprudencia.
Que una de sus primeras decisiones sea la de mantener cerrada la boca, y abiertos los ojos y los oídos.
Como una forma de recordarle este consejo, se ría útil que copiara el siguiente epigrama en letras
mayúsculas, y lo colocara allí donde pueda verlo cada día: «Dígale al mundo lo que intenta hacer, pero llévelo
a cabo antes de decirlo».
Eso es algo así como decir: «Lo que cuenta son los hechos, y no las palabras».
LIBERTAD O MUERTE EN UNA DECISIÓN
El valor de toda decisión depende del coraje que se necesite para ejecutarla. Las grandes decisiones,
aquellas que constituyeron los fundamentos de la civilización, fueron tomadas asumiendo grandes riesgos, lo
que a menudo significó la posibilidad de encontrar la muerte.
La decisión de Lincoln de promulgar su famosa Declaración de la Emancipación, mediante la que se
otorgaba la libertad a las personas de color en Estados Unidos, la tomó a sabiendas de que ese acto pondría
en su contra a miles de amigos y partidarios políticos.
La decisión de Sócrates de tomar la venenosa cicuta, en lugar de comprometer sus creencias personales,
fue un acto de gran valentía. Se adelantó mil años a su tiempo, y dio el derecho a la libertad de pensamiento y
de palabra a todos los que no habían nacido aún.
La decisión del general Robert E. Lee de apartarse de la Unión y tomar partido por la causa del Sur, también
fue una acción valerosa, pues él sabía que podía costarle la vida, además de la de muchas otras personas.
CINCUENTA Y SEIS QUE SE ARRIESGARON A LA HORCA
Pero la mayor decisión de todos los tiempos, en lo que se refiere a los ciudadanos de lo que más tarde sería
Estados Unidos, se tomó el 4 de julio de 1776, en Filadelfia, cuando cincuenta y seis hombres estamparon sus
firmas en un documento que, como muy bien sabían, aportaría la libertad a todos los norteamericanos, o bien
dejaría a cada uno de los cincuenta y seis colgado de una cuerda por el cuello.
Sin duda alguna habrá oído hablar de ese famoso documento, aunque tal vez no haya extraído del mismo la
gran lección de logro personal que nos enseña de un modo tan sencillo.
Muchos recuerdan la fecha en que esa gran decisión fue tomada; pero pocos se dan cuenta del valor que se
necesitó para ello. Recordamos nuestra historia, tal y como nos la enseñan; recordamos las fechas, y los
nombres de los hombres que lucharon; recordamos Valley Forge y Yorktown; recordamos a George
Washington y a lord Cornwallis. Pero, en realidad, sabemos muy poco acerca de las fuerzas reales que había
detrás de estos nombres, fechas y lugares. Y sabemos menos todavía sobre ese poder intangible que nos
aseguró la libertad, mucho antes de que los ejércitos de Washington llegaran a Yorktown.
Representa casi una tragedia que los historiadores hayan pasado por alto el hacer la más mínima referencia
al poder irresistible que dio nacimiento y libertad a la nación destinada a establecer nuevos niveles de independencia
para todos los pueblos de la Tierra. Y digo que eso es casi una tragedia porque precisamente se
trata del mismo poder que todo individuo debe utilizar para superar las dificultades que se le presenten en la
vida, y obligar a ésta a pagar el precio que se le pide.
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Revisemos, aunque sólo sea de forma muy breve, acontecimientos que dieron lugar a ese poder. La historia
comienza con un incidente ocurrido en Boston el 5 de marzo de 1770. Los soldados británicos trullaban por las
calles, amenazando a los ciudadanos con su sola presencia. A los colonos no les gustaba ver hombres
armados andando por sus ciudades. Empezaron a expresar abiertamente su resentimiento por este hecho,
arrojando piedras y profiriendo insultos contra los soldados que patrullaban, hasta que el oficial al mando dio la
orden: «¡Calen bayonetas…! ¡Carguen!».
La batalla que comenzó en ese momento tuvo como resultado la muerte de muchos, mientras que otros
quedaron heridos. El incidente provocó tal resentimiento que la Asamblea Provincial (compuesta por colonos
importantes) convocó una reunión con el propósito de emprender alguna acción concreta. Dos de los
miembros de esa asamblea fueron John Hancock y Samuel Adams. Tomaron la palabra y hablaron con
valentía, declarando que debían organizar un movimiento para expulsar de Boston a todos los soldados
británicos.
Debemos recordar que eso fue una decisión surgida en la mente de dos hombres, lo que podemos
considerar como el principio de la libertad que todos disfrutamos ahora en Estados Unidos. Tampoco podemos
olvidar que la decisión de esos dos hombres exigía fe y coraje, porque era una decisión que entrañaba
peligros.
Antes de que la asamblea terminara, Samuel Adams fue elegido para visitar al gobernador de la provincia,
Hutchinson, con objeto de exigirle la retirada de las tropas británicas.
La petición fue aceptada, y los soldados se retiraron de Boston, pero el incidente no quedó zanjado por ello.
Había provocado una situación cuyo desenlace estaría destinado a cambiar el rumbo de toda una civilización.
ORGANIZACIÓN DE UN EQUIPO DE TRABAJO
Richard Henry Lee adquirió un papel importante en esa historia. Él y Samuel Adams se comunicaban entre sí
con frecuencia (por correspondencia), compartiendo temores y esperanzas acerca del bienestar del pueblo en
sus provincias respectivas. A raíz de esta práctica, Adams concibió la idea de que un intercambio mutuo de
cartas entre las trece colonias podría ayudar a producir la coordinación de esfuerzos que tanto necesitaban en
relación con, la solución de sus problemas. Dos años después del enfrentamiento con los soldados británicos
en Boston (en marzo de 1772), Adams presentó esta idea ante la Asamblea, en forma de una moción para que
se estableciera un Comité de Correspondencia entre las colonias, que contara con corresponsales nombrados
en cada una de las colonias, «con el propósito de una cooperación amistosa para la mejora de las colonias de
la América Británica».
Eso constituyó el principio de la organización de un poder mucho más amplio destinado a conseguir la
libertad para todos los colonos y sus descendientes. De ese modo se organizó el equipo de trabajo. Estaba
compuesto por Adams, Lee y Hancock.
El Comité de Correspondencia fue organizado. Los ciudadanos de las colonias habían estado desarrollando
una desorganizada oposición física contra los soldados británicos, a través de incidentes similares a los
tumultos de Boston, pero de todo ello no se había derivado ventaja alguna. Sus agravios indivi duales no
habían sido consolidados bajo un equipo de trabajo. Ningún grupo de individuos tenía puestos sus corazones,
mentes, almas y cuerpos juntos en una decisión concreta para solucionar de una vez por todas su dificultad
con los británicos, hasta que Adams, Hancock y Lee se pusieron a trabajar juntos.
Mientras tanto, los británicos tampoco permanecieron de brazos cruzados. También ellos se dedicaron a
efectuar alguna planificación y a formar equipos de trabajo propios, con la ventaja de contar con el apoyo del
dinero y de un Ejército organizado.
UNA DECISIÓN QUE CAMBIÓ LA HISTORIA
La Corona nombró a Gage para sustituir a Hutchinson como gobernador de Massachusetts. Uno de los
primeros actos del nuevo gobernador consistió en llamar a Samuel Adams por mediación de un mensajero, con
el propósito de intentar detener su oposición, merced al temor.
Comprenderemos mucho mejor el espíritu de lo que sucedió si citamos la conversación mantenida entre el
coronel Fenton (el mensajero enviado por Gage) y el propio Adams.
Coronel Fenton: «He sido autorizado por el gobernador Gage para asegurarle, señor Adams, que el
gobernador ha sido dotado de amplios poderes para conferirle a usted tantos beneficios como le sean satisfactorios
[intento de ganarse a Adams con la promesa de sobornos], con la condición de que abandone
usted su oposición a las medidas del gobierno. El gobernador le .aconseja que no continúe disgustando a Su
Majestad. Su conducta le hace acreedor a los castigos previstos en una ley de Enrique VIII, por la que se
puede enviar a Inglaterra a las personas para que allí sean juzgadas por traición, o encarceladas, por traición,
a discreción del gobernador de una provincia. Pero si usted cambia su línea política no sólo obtendrá grandes
ventajas personales, sino que también estará en paz con el Rey».
Samuel Adams tenía que escoger entre dos decisiones: cesar en su oposición, y recibir recompensas
personales por ello, o continuar, y correr el riesgo de ser ahorcado.
Evidentemente, había llegado el momento en que Adams se veía obligado a tomar una decisión que podía
costarle la vida. Adams insistió en que el coronel Fenton, bajo palabra de honor, le transmitiría al gobernador
su respuesta, repitiendo con toda exactitud las mismas palabras que él le dijera.
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La contestación de Adams fue: «Dígale al gobernador Gage que confío desde hace mucho tiempo en estar
en paz con el Rey de Reyes. Ninguna consideración personal me inducirá a abandonar la justa causa de mi
país. Y dígale al gobernador Gage que Samuel Adams le aconseja que no continúe insultando los sentimientos
de un pueblo exasperado».
Cuando el gobernador Gage recibió la cáustica respuesta de Adams, montó en cólera y promulgó una
proclama en la que se decía: «El abajo firmante, en nombre de Su Majestad, ofrece y promete su más gracioso
perdón a todas aquellas personas que a partir de ahora abandonen las armas y regresen a los deberes propios
de súbditos pacíficos. Las únicas excepciones del beneficio de tal perdón son Samuel Adams y John Hancock,
cuyas ofensas, de naturaleza demasiado flagrante, no admiten otra consideración que la de un adecuado
castigo».
Podríamos decir que tanto Adams como Hancock se encontraban en dificultades. La amenaza del airado
gobernador obligó a los dos hombres a tomar otra decisión, igualmente peligrosa. Convocaron una apresurada
reunión de sus más fieles seguidores. Una vez todos estuvieron presentes, Adams cerró la puerta con llave, se
la metió en el bolsillo y les informó que era imperativo organizar un congreso de los colonos, y que nadie
abandonaría aquella habitación hasta que se hubiera tomado la decisión de convocar dicho congreso.
A este anuncio siguió una gran excitación. Algunos sopesaron las posibles consecuencias de tal radicalismo.
Otros expresaron graves dudas en cuanto a la prudencia y la conveniencia de una decisión tan definitiva, que
desafiaba claramente a la Corona. Encerrados en aquella habitación había dos hombres inmunes al temor,
ciegos ante la posibilidad del fracaso: Hancock y Adams. Gracias a la influencia de sus mentes, los demás
fueron inducidos a aceptar que se debían establecer acuerdos, a través del Comité de Correspondencia, para
convocar el Primer Congreso Continental, que se celebraría en Filadelfia el 5 de septiembre de 1774.
Vale la pena recordar esa fecha. Es mucho más importante que la del 4 de julio de 1776. Si no se hubiera
tomado la decisión de convocar un Congreso Continental, tampoco se hubiese llevado a cabo la firma de la
Declaración de Independencia.
Antes de que la primera reunión del nuevo Congreso se celebrara, otro líder, que se encontraba en otra parte
del país, se hallaba profundamente enfrascado en la tarea de publicar una Sucinta exposición de los derechos de
la América Británica. Se trataba de Thomas Jefferson, de la provincia de Virginia, cuyas relaciones con lord
Dunmore (representante de la Corona en Virginia) eran tan tensas como las de Hancock y Adams con su
gobernador.
Poco después de que se publicara Sucinta exposición de los derechos…, Jefferson fue informado de que había la
orden de perseguirlo por alta traición contra el gobierno de Su Majestad. Inspirado por la amenaza, uno de los
colegas de Jefferson, Patrick Henry, expresó con claridad lo que pensaba, y concluyó sus observaciones con una
frase que se ha hecho clásica desde entonces: «Si esto es traición, que sea la mayor de todas».
Fueron hombres como éstos los que, sin poder, sin autoridad, sin Ejército y sin dinero, tomaron asiento en una
solemne consideración del destino de las colonias, dando inicio así a la apertura del Primer Congreso
Continental, que continuaron celebrando cada dos años, hasta que, el 7 de junio de 1776, Richard Henry Lee se
levantó, se dirigió a la presidencia y, ante el asombro de la asamblea, presentó la siguiente moción:
«Caballeros, presento la moción de que estas Colonias Unidas son, y deben ser por derecho, Estados libres e
independientes, absueltos de toda alianza con la Corona británica, y que toda conexión política entre ellos y el
país del Reino Unido está disuelta, y así debe quedar».
LA DECISIÓN MAS TRASCENDENTAL JAMAS ESCRITA SOBRE PAPEL
La asombrosa moción de Lee fue discutida con tanto fervor, y durante tanto tiempo, que él empezó a perder la
paciencia. Finalmente, después de días de discusiones, volvió a ocupar el estrado de oradores y declaró, con una
voz clara y firme: «Señor presidente, hace días que llevamos discutiendo este tema. Es el único recurso de
acción que podemos seguir. ¿Por qué, entonces, retrasarlo más? ¿Por qué continuar deliberando? Que este día
feliz dé nacimiento a una República Americana. Que se levante, no para devastar y conquistar, sino para
restablecer el reino de la paz y de la ley».
Antes de que se votara su moción, Lee fue llamado a Virginia debido a una grave enfermedad familiar; pero,
antes de marcharse, dejó la causa en manos de su amigo Thomas Jefferson, el cual le prometió luchar hasta que
se cumpliera una acción favorable. ‘Poco después, el presidente del Congreso (Hancock) nombró a Jefferson
presidente de un comité que se dedicaría a redactar la Declaración de Independencia.
El comité trabajó mucho y muy duramente en la redacción de un documento que, cuando fuera aceptado por el
Congreso, y firmado por cada uno de los congresistas, significaría una condena de muerte para todos los
firmantes en el caso de que las colonias perdieran en la lucha que, sin lugar a dudas, estallaría entre ellas y el
Reino Unido.
Se redactó el documento y la versión original del mismo fue leída el 28 de junio ante el Congreso. Durante
varios días se discutió, alteró y preparó su redacción definitiva. El 4 de julio de 1776, Thomas Jefferson se levantó
ante la Asamblea y, sin el menor temor en su voz, leyó la decisión más trascendental jamás escrita sobre papel.
«Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario que un pueblo disuelva los lazos
políticos que lo han conectado con otro, y asuma, entre los poderes de la Tierra, el Estado separado e igual a
que las leyes divinas y naturales le dan derecho, un respeto decente por las opiniones de la humanidad exige
que ese pueblo declare las causas que lo impelen a la separación…»
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Cuando Jefferson hubo terminado de leer, se votó la aprobación del documento, que fue aceptado, y
después los cincuenta y seis hombres presentes lo firmaron. Cada uno de ellos ponía en juego su propia vida
con la decisión de estampar su firma en aquel papel. Gracias a esa decisión una nación surgió a la existencia;
una nación destinada a aportar para siempre a la humanidad el privilegio de tomar sus propias decisiones.
Al analizar los acontecimientos que condujeron a la Declaración de Independencia, podemos estar convencidos
de que esta nación, que ahora ostenta una posición de respeto y poder entre todos los demás países
del mundo, fue el fruto de la decisión de un equipo de trabajo compuesto por cincuenta y seis hombres.
Observe bien el hecho de que su decisión fue lo que aseguró el éxito a los ejércitos de Washington, porque el
espíritu de esa decisión estaba en el corazón de cada uno de los soldados que lucharon con él, y sirvió como
un poder espiritual que no reconoce lo que es el fracaso.
Observe también (y para mayor beneficio personal) que el poder que dio la libertad a esta nación es el
mismo poder que todo individuo ha tenido que utilizar para alcanzar su autodeterminación. Este poder está
hecho a partir de los principios descritos en este libro. No resulta difícil detectar, en la historia de la Declaración
de Independencia, al menos seis de estos principios: deseo, decisión, fe, perseverancia, equipo de trabajo y
planificación organizada.
SEPA LO QUE QUIERE Y, EN GENERAL, LO CONSEGUIRÁ
A través de toda esta filosofía se encontrará la sugerencia de que el pensamiento, apoyado por un fuerte
deseo, tiene una tendencia a transformarse en su equivalente físico. Tanto en esta historia como en la de la
organización de la United States Steel Corporation se encuentra una descripción perfecta del método mediante
el cual el pensamiento produce esta asombrosa transformación.
En su búsqueda del secreto del método, no espere milagro alguno, porque no lo hallará. Sólo encontrará las
eternas leyes de la naturaleza. Esas leyes están disponibles para toda aquella persona que tenga la fe y el
valor suficientes para utilizarlas. Pueden ser empleadas bien para aportar libertad a una nación bien para
acumular riquezas.
Quienes toman decisiones con rapidez y de un modo definitivo saben muy bien lo que quieren, y, en general,
lo consiguen. Los líderes en todos los campos de la vida son personas que deciden con rapidez y firmeza. Ésa
es la razón principal por la que se han convertido en líderes. El mundo tiene la costumbre de abrir paso al
hombre cuyas palabras y acciones muestran que sabe a dónde se dirige.
La indecisión es un hábito que suele aparecer en la juventud. El hábito adquiere permanencia a medida que
el joven pasa por la escuela, el instituto e incluso la universidad sin una definición de propósito. El hábito de la
indecisión acompaña al estudiante cuando inicia el trabajo que elige hacer…, si es que lo elige. En general, el
joven que acaba de terminar sus estudios busca cualquier trabajo. Acepta el primero que se le ofrece, porque
ha caído en el hábito de la indecisión. Noventa y ocho de cada cien personas que trabajan en la actualidad a
cambio de un salario ocupan los puestos en los que están porque les faltó la firmeza de decisión necesaria
para planificar el alcanzar un puesto determinado, así como el conocimiento acerca de cómo elegir al patrono.
La firmeza de decisión exige siempre valor, y, a veces, incluso mucho valor. Los cincuenta y seis hombres
que firmaron la Declaración de Independencia pusieron sus vidas en juego cuando decidieron estampar sus
firmas en aquel documento. La persona que toma la firme decisión de conseguir un puesto de trabajo
determinado, y de que la vida le pague el precio que pide, no pone en juego su vida con esa decisión; lo único
que se juega es su libertad económica. La independencia financiera, la riqueza, un negocio deseable o un
buen puesto profesional no se encuentran al alcance de la persona que descuida o rechaza la expectativa, la
planificación y la exigencia de esas mismas cosas. El que desea obtener riquezas, con el mismo espíritu con el
que Samuel Adams deseó obtener la libertad para las colonias, seguro que terminará por acumular una gran
fortuna.

Piense y Hágase Rico – Capítulo 7 parte 2

LAS TREINTA Y UNA CAUSAS PRINCIPALES DEL FRACASO
La mayor tragedia de la vida es la de los hombres y las mujeres que se empeñan seriamente en fracasar. La
tragedia reside en la abrumadora mayoría de personas que fracasan, en comparación con las pocas que
alcanzan el éxito.
Yo he tenido el privilegio de analizar a varios miles de hombres y mujeres, el 98 % de los cuales habían sido
catalogados como «fracasos». Mi análisis demostró que hay treinta y una razones fundamentales para el
fracaso, y trece principios importantes merced a los cuales la gente acumula fortunas. En este capítulo se dará
una descripción de las treinta y una causas principales del fracaso. A medida que lea la lista, vaya marcando,
punto por punto, cuántas de estas causas de fracaso se interponen entre usted y el éxito.
1. Antecedentes hereditarios desfavorables. Poco o nada es lo que se puede hacer por las personas que
nacen con un poder cerebral deficitario. Nuestro enfoque no ofrece más que un único método de salvar esta
dificultad, y es el trabajo en equipo. Vale la pena señalar, sin embargo, que ésta es la única de las treinta y una
causas de fracaso que ningún individuo puede corregir con facilidad.
2. Falta de un propósito definido en la vida. No hay esperanza de éxito para la persona que carece de un
propósito central o de un objetivo definido al cual apuntar. El noventa y ocho por ciento de las personas a
quienes he analizado no lo tenían, y quizá ésa fuera la causa principal de su fracaso.
3. Falta de ambición para elevarse por encima de la mediocridad. No ofrecemos esperanzas a la persona
que es tan indiferente que no le interesa adelantar en la vida, y que no está dispuesta a pagar el precio.
4. Educación insuficiente. Es una desventaja que se puede superar con relativa facilidad. La experiencia ha
demostrado que las personas mejor educadas son, con frecuencia, aquellas a quienes se considera que se
han hecho a sí mismas, o que se educaron solas. Para ser una persona con educación se requiere algo más
que un título universitario. Una persona educada es cualquiera que haya aprendido a conseguir lo que quiere
de la vida sin violar los derechos de los demás. La educación no consiste tanto en el conocimiento como en
saber aplicarlo con eficacia y persistencia. A la gente no se le paga sólo por lo que sabe, sino más bien por lo
que hace con lo que sabe.
5. Falta de autodisciplina. La disciplina proviene del autocontrol, y eso significa que uno debe controlar
todas las cualidades negativas. Antes de poder controlar otras condiciones, debe empezar por controlarse a sí
mismo. El dominio de uno mismo es la tarea más difícil que se puede abordar. Si usted no es capaz de
cumplirla con éxito, estará a merced de sí. Cuando se mire al espejo, podrá ver al mismo tiempo a su mejor
amigo y a su peor enemigo.
6. Mala salud. Nadie que no tenga una buena salud puede gozar de un éxito perdurable. Muchas causas de
mala salud son susceptibles de control. Entre ellas, las principales son:
a) Comer exceso de alimentos que dañen la salud.
b) Hábitos de pensamiento erróneos, conducentes a la expresión de actitudes negativas.
c) Abusos y excesiva complacencia en la vida sexual.
d) Falta de ejercicio físico adecuado.
e) Una provisión insuficiente de aire fresco, debida a una respiración inadecuada.
7. Influencias ambientales desfavorables durante la niñez. «A un árbol hay que enderezarlo cuando es
joven», dice el refrán. La mayoría de las personas con tendencias criminales las han adquirido como resultado
de un ambiente desfavorable y de relaciones inapropiadas durante su niñez.
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8. La dilación habitual. He aquí una de las causas más comunes de fracaso. La tendencia a dejarlo todo
para más adelante acecha a todos los seres humanos desde la sombra, y esperar su oportunidad para destruir
sus probabilidades de éxito. La mayoría andamos por la vida como fracasados porque aguardamos «el mejor
momento» para empezar a hacer algo que valga la pena. No espere, porque el momento nunca será «el
mejor». Empiece donde esté y trabaje con las herramientas que tenga a su disposición, ya que las irá
encontrando mejores a medida que avance.
9. Falta de persistencia. La mayoría somos buenos para empezar, pero no servimos para terminar todo lo
que comenzamos. Además, la gente tiene propensión a abandonar la lucha ante los primeros signos de
derrota. No hay sustituto para la persistencia. La persona que hace de la persistencia su consigna descubre
que, finalmente, el fracaso se cansa de perseguirle y se va. El fracaso no triunfa sobre la persistencia.
10. Personalidad negativa. No hay esperanza de éxito para la persona que repele a los demás a causa de
su personalidad negativa. El éxito se alcanza mediante la aplicación del poder, y el poder se consigue merced
a los esfuerzos de cooperación con otras personas. Una personalidad negativa no, induce a la cooperación.
11. Falta de control del impulso sexual. La energía sexual es el más poderoso de los estímulos que
mueven a la gente a la acción. Por ser la más poderosa de las emociones, debe estar controlada mediante la
transmutación, y ser canalizada por otras vías.
12. Deseo incontrolado de conseguir «algo por nada». El instinto del juego arrastra a millones de personas
al fracaso. De ello se pueden encontrar pruebas en un estudio del crac de Wall Street en el año 29, cuando
millones de personas intentaron hacer dinero jugando a la Bolsa.
13. Falta de un poder de decisión bien definido. Los triunfadores toman decisiones con prontitud, y las
cambian, si las cambian, con mucha lentitud. Los que fracasan toman decisiones, si las toman, muy
lentamente, y las cambian rápidamente y con frecuencia. La indecisión y la tendencia a dejar las cosas para
después son hermanas gemelas. Donde una de ellas se encuentra, suele hallarse también la otra. Apresúrese
a anular esta pareja antes de que ella pueda encadenarlo a la rueda del fracaso.
14. Uno o más de los seis miedos básicos. En un capítulo posterior se encontrará el análisis de los miedos
básicos, que es preciso dominar para que uno pueda comercializar sus servicios de manera eficaz.
15. Selección errónea de la pareja en el matrimonio. Se trata de un caso muy común de fracaso. La
relación que se establece en el matrimonio hace que las personas se encuentren en íntimo contacto. A menos
que esa relación sea armoniosa, es muy probable que se produzca el fracaso. Además, será una forma de
fracaso que se verá marcada por la miseria y la infelicidad, y que destruye toda la ambición.
16. Precaución excesiva. La persona que no corre riesgos suele tener que conformarse con aquello que
queda una vez que han elegido los demás. La precaución excesiva es tan perniciosa como la falta de
precaución. Hay que evitar ambos extremos. La vida, en sí misma, está llena de riesgos.
17. Selección errónea de los asociados en los negocios. Ésta es una de las causas más comunes del fracaso
en los negocios. Al comercializar sus servicios personales, se ha de tener gran cuidado en seleccionar un
patrono capaz de inspirarlo a uno por ser, a su vez, inteligente y triunfador. Las personas emulamos a aquellos
con los que tenemos una asociación más estrecha. Así que elija un patrono a quien valga la pena emular.
18. Superstición y prejuicio. La superstición es una forma del miedo, y también un signo de ignorancia. Los
triunfadores son personas de mentalidad abierta que no temen a nada.
19. Elección vocacional errónea. Nadie puede triunfar si se encamina por una senda que no le gusta. El
paso más esencial en la comercialización de servicios personales consiste en elegir una ocupación a la cual
usted pueda consagrarse de todo corazón.
20. Falta de concentración del esfuerzo. Los sabelotodo rara vez hacen nada bien. Concentre todos sus
esfuerzos en un objetivo principal bien definido.
21. El hábito de gastar indiscriminadamente. Los derrochones no pueden tener éxito, sobre todo porque
viven siempre con el temor a la pobreza. Habitúese a ahorrar sistemáticamente un porcentaje determinado de
sus ingresos. Tener dinero en el Banco da a las personas una sólida base de coraje cuando tienen que
negociar la venta de sus servicios personales. Si uno no tiene dinero, ha de aceptar lo que le ofrecen, y
alegrarse de conseguirlo.
22. Falta de entusiasmo. Sin entusiasmo no se puede ser convincente. Además, el entusiasmo es
contagioso, y la persona que lo tiene y lo controla suele ser bien recibida en cualquier grupo de personas.
23. Intolerancia. La persona de mentalidad cerrada, sobre el tema que sea, rara vez sale adelante. Ser
intolerante significa que uno ha acabado de adquirir conocimientos. Las formas más dañinas de la intolerancia
son las que se relacionan con las diferencias de opinión en el terreno étnico, religioso o político.
24. Falta de moderación. Sus formas más dañinas se relacionan con las actividades de la comida, del
consumo de bebidas alcohólicas y de la sexualidad. Los excesos en cualquiera de estos campos son nefastos
para el éxito.
25. Incapacidad de cooperar con los demás. Son más las personas que pierden sus puestos y sus mejores
oportunidades en la vida debido a este fallo que por todas las demás razones juntas. Es un defecto que ningún
líder ni hombre de negocios bien informado está dispuesto a tolerar.
26. Posesión de poder que no haya sido adquirido mediante el propio esfuerzo. (El caso de los vástagos de
hombres adinerados, y de otros que heredan un `dinero que no se ganaron.) Con frecuencia, el poder en
manos de alguien que no lo ha adquirido poco a poco es fatal para el éxito. El enriquecimiento rápido resulta
más peligroso que la pobreza.
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27. Deshonestidad deliberada. No hay sustituto para la honestidad. Se puede ser deshonesto por la fuerza
de las circunstancias, sobre las que uno no tiene control alguno, sin sufrir un daño permanente. Pero no hay
esperanzas para la persona que lo sea por propia elección. Tarde o temprano quedará prisionero de sus actos
y los pagará con la pérdida de su reputación, quizás, incluso de su libertad.
28. Egotismo y vanidad. La utilidad de estas cualidades es que sirven a modo de luces rojas a los demás
porque les advierten que se mantengan a distancia. Son fatales para el éxito.
29. Adivinar en vez de pensar. La mayoría de las personas son demasiado indiferentes o perezosas para
procurarse los hechos que les permitan pensar con precisión. Prefieren actuar basándose en «opiniones»
fundadas en conjeturas o en juicios precipitados.
30. Falta de capital. He aquí una causa de fracaso común entre aquellos que se inician por primera vez en
los negocios y no disponen de capital suficiente para absorber el impacto de sus errores y para sostenerlos
hasta que hayan afianzado su reputación.
31. Bajo este rubro, anote cualquier causa de fracaso que usted haya experimentado y que no haya sido
incluida aquí.
En estas treinta y una causas principales de fracaso se encuentra una descripción de la tragedia de la vida,
que es válida para casi todas las personas que hagan un intento y fracasen. Será bueno que consiga la ayuda
de alguien que lo conozca bien para recorrer juntos esta lista, de modo que le ayude a analizarse en función de
cada una de las causas de fracaso, pero también le beneficiará hacerlo solo. La mayoría de las personas no
son capaces de verse como los demás las ven, y es posible que usted sea una de ellas.
¿CONOCE USTED SU PROPIO VALOR?
Uno de los consejos más antiguos es el de «Conócete a ti mismo». Si usted comercializa una mercancía con
éxito, debe saber qué es lo que vende, y lo mismo vale cuando se trata de comercializar servi cios personales.
Usted tiene que conocer todas sus debilidades para poder superarlas o eliminarlas por completo. Ha de
conocer su fuerza para poder llamar la atención sobre ella cuando venda sus servi cios. Y sólo puede llegar a
conocerse mediante un análisis preciso.
El desatino de la ignorancia en relación con el autoconocimiento se vio en el comportamiento de un. joven
que fue a ofrecerse para un puesto de trabajo al gerente de una conocida empresa. Había causado muy buena
impresión hasta que el gerente le preguntó qué salario esperaba. Su respuesta fue que no llevaba pensada
ninguna cifra exacta (falta de un propósito definido).
-Le pagaremos todo lo que usted valga después de haberlo tenido una semana a prueba -le dijo entonces el
gerente.
-Eso no lo aceptaré, porque donde estoy trabajando me pagan más -respondió el aspirante al puesto.
Antes de empezar siquiera a negociar un aumento de salario en el empleo que usted tiene ya, o de buscar
trabajo en otra parte, asegúrese de que usted vale más de lo que le pagan en la actualidad.
Una cosa es querer más dinero -eso todo el mundo lo quiere-, y otra muy diferente valer más. Muchas
personas confunden sus deseos con sus merecimientos. Sus necesidades o exigencias financieras no tienen
nada que ver con su valor. Eso lo establece exclusivamente su capacidad para prestar servicios útiles o para
inducir a otros a que los presten.
HAGA UN INVENTARIO DE SÍ MISMO
Un autoanálisis anual es esencial para la eficaz comercialización de servicios personales, tanto como los
inventarios anuales en los negocios. Además, los análisis anuales deberían revelar una disminución de los
fallos y un incremento de las virtudes. En la vida, uno avanza, se estanca o retrocede. Un autoanálisis anual le
hará ver si ha avanzado, y en qué medida lo ha hecho. También revelará si ha retrocedido en algo. La
comercialización eficaz de los servicios personales le exige a uno mantenerse en marcha, aun cuando el
progreso sea lento.
Debe efectuar su autoanálisis a fin de año, para que incluya en sus resoluciones de Año Nuevo cualquier
mejora que el análisis aconseje introducir. Para ese inventario, hágase las preguntas siguientes y compruebe
las respuestas con ayuda de alguien que no le permita autoengañarse en lo referente a su exactitud.
CUESTIONARIO DE AUTOANÁLISIS PARA EL INVENTARIO PERSONAL
1. ¿He alcanzado el objetivo que me había propuesto como meta este año? (Usted debe trabajar para
alcanzar un objetivo anual definido como parte de su objetivo vital principal.)
2. ¿He ofrecido mis servicios con calidad y de acuerdo con mi nivel, o hubiera podido mejorarlos de alguna
manera?
3. ¿He trabajado todo lo que yo era capaz?
4. ¿Ha sido siempre armonioso y cooperativo el espíritu de mi conducta?
5. ¿He permitido que el hábito de la dilación disminuyera mi eficiencia? En caso afirmativo, ¿en qué medida?
6. ¿He mejorado mi personalidad? En caso afirmativo, ¿de qué manera?
7. ¿He sido constante en seguir mis planes hasta el final?
8. ¿He tomado mis decisiones rápida y definidamente en todas las ocasiones?
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9. ¿He permitido que uno de los seis miedos básicos, o más, disminuyera mí eficiencia?
10. ¿He demostrado excesiva prudencia o, por el contrario, he sido imprudente?
11. Mi relación con mis compañeros de trabajo, ¿ha sido agradable o desagradable? 8i fue desagradable, ¿la
culpa ha sido mía o sólo en parte?
12. ¿He disipado mi energía por falta de concentración en el esfuerzo?
13. ¿He mantenido una mentalidad abierta y tolerante en todo momento?
14. ¿De qué manera he mejorado mi capacidad de trabajo?
15. ¿He dejado de ser moderado en alguno de mis hábitos?
16. ¿He expresado abierta o secretamente alguna forma de egotismo?
17. Mi conducta con mis colaboradores, ¿los ha inducido a respetarme?
18. Mis opiniones y decisiones, ¿se han basado en conjeturas, o en la precisión de mi análisis y de mis
ideas?
19. ¿He seguido el hábito de administrar mi tiempo, mis gastos y mis ingresos de manera conservadora?
20. ¿Cuánto tiempo que podría haber aprovechado mejor he dedicado a esfuerzos improductivos?
21. ¿Cómo puedo reordenar mi tiempo y modificar mis hábitos para ser más eficiente el próximo año?
22. ¿Me reconozco culpable de alguna conducta que mi conciencia no apruebe?
23. ¿Hasta qué punto he trabajado más y mejor de lo que mi paga me impone?
24. ¿Me he mostrado injusto con alguien? Si es así, ¿de qué manera?
25. Si hubiera sido yo el comprador de mis propios servicios de este año que termina, ¿estaría satisfecho?
26. ¿Estoy en el trabajo que me gusta? Si no es así, ¿por qué no?
27. El que compra mis servicios, ¿ha estado satisfecho? Si no es así, ¿por qué no?
28. ¿Cuál es mi evaluación actual en los principios fundamentales del éxito? (Evalúese justa y francamente, y
haga que se la cotege alguien que tenga el valor de hacerlo con precisión.)
Tras haber leído y asimilado la información aportada en este capítulo, usted está en condiciones de hacerse
un plan práctico para comercializar sus servicios personales. En este capítulo encontrará una descripción
adecuada de todos los principios esenciales para planear la venta de servicios personales, incluso de los
atributos principales del liderazgo; las causas más comunes del fracaso en el liderazgo, una descripción de los
campos de oportunidad para el liderazgo, las principales causas del fracaso en todos los aspectos de la vida, y
las cuestiones importantes que se han de emplear en el autoanálisis.
Hemos incluido esta amplia y detallada presentación de un caudal de información preciso porque será
necesaria para todos aquellos que deban empezar la acumulación de riquezas vendiendo sus servi cios
personales. Los que hayan perdido su fortuna y los que apenas empiezan a ganar dinero no tienen nada más
que servicios personales para ofrecer a cambio de riquezas; por lo tanto, para ellos es esencial disponer de la
necesaria información práctica para sacar el mejor partido posible de la comercialización de sus servicios.
Asimilar y entender por completo la información que aquí ofrecemos será útil para quien necesite
comercializar sus propios servicios, y le ayudará también a mejorar su analítica y su capacidad de juzgar a las
personas. La información será inapreciable para los directores de personal, los encargados de colocaciones y
otros ejecutivos encargados de la selección de empleados y del mantenimiento de organizaciones eficientes. Si
usted duda de esta afirmación, ponga a prueba su firmeza, y responda por escrito las veintiocho preguntas del
cuestionario de autoanálisis.
DÓNDE Y CÓMO SE PUEDEN ENCONTRAR OPORTUNIDADES DE ACUMULAR RIQUEZAS
Ahora que hemos analizado los principios en virtud de los cuales se puede acumular riqueza, nos
preguntamos, naturalmente, dónde puede uno encontrar oportunidades favorables para aplicarlos. Pues bien,
hagamos un inventario para ver qué ofrece Estados Unidos a la persona que busca riqueza, en pequeña o
gran escala.
Recordemos, para empezar, que todos los estadounidenses vivimos en un país donde todo ciudadano
respetuoso de la ley goza de una libertad de pensamiento y de acción sin parangón en ninguna parte del
mundo. La mayoría de nosotros jamás ha tomado conciencia de las ventajas de esta libertad ilimitada. Nunca
la hemos comparado con la recortada libertad de otros países.
Aquí tenemos libertad de pensamiento, libertad en la elección y disfrute de la educación, libertad religiosa y
política, libertad en la elección de actividades comerciales, profesionales u ocupacionales, libertad de acumular
y poseer sin restricciones todas las propiedades que podamos acumular, libertad de escoger nuestro lugar
de residencia, libertad de contraer matrimonio, libertad de igualdad de oportunidades para todas las razas,
libertad de viajar de un estado a otro, libertad en la elección de nuestros alimentos y libertad de aspirar a
cualquier situación vital para la cual nos hayamos preparado, incluso a la presidencia de Estados Unidos.
Tenemos otras formas de libertad, pero esta lista dará una visión a vuelo de pájaro de las más importantes,
que constituyen oportunidades del orden más elevado. Esta ventaja de la libertad es tanto más notable cuanto
que Estados Unidos es el único país que garantiza a todos sus ciudadanos, sean nativos o naturalizados, una
lista de libertades tan amplia y tan variada.
Ahora pasemos revista a algunas de las bendiciones con que la amplitud de nuestras libertades nos ha
colmado. Tomemos como ejemplo la familia estadounidense media (con lo que me refiero a una familia de
ingresos medios) y sumemos los beneficios de que cada miembro de la familia dispone, en esta tierra de la
oportunidad y de la abundancia.
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a) Alimento. En adición a la libertad de pensamiento y de acción están el alimento, el vestido y la vivienda,
las tres necesidades básicas de la vida.
Gracias a nuestra libertad universal, la familia estadounidense media dispone, a las puertas mismas de su
casa, de la más escogida selección de alimentos que se pueda encontrar en el mundo entero, y a precios al
alcance de su bolsillo.
b) Vivienda. Esta familia vive en un apartamento cómodo, con calefacción central, luz eléctrica y gas para
cocinar. Las tostadas que come con el desayuno se preparan en un tostador eléctrico que apenas cuesta unos
pocos dólares. El apartamento se limpia con una aspiradora que funciona con electricidad. En la cocina y en el
cuarto de baño se dispone de agua fría y caliente en cualquier momento. La comida se mantiene fría en una
nevera eléctrica. La mujer se riza el cabello, lava y plancha la ropa con aparatos eléctricos de fácil manejo,
servidos por una energía suministrada por un enchufe en la pared. El marido se rasura con una afeitadora
eléctrica, y todos reciben entretenimiento del mundo entero durante las veinticuatro horas del día si quieren, sin
que les cueste nada, con sólo girar el dial de la radio o de la televisión.
En este apartamento hay otras comodidades, pero la lista que antecede dará una idea aproximada de
algunas pruebas concretas de la libertad de que disfrutamos en Estados Unidos.
c) Ropa. En cualquier lugar de Estados Unidos, la vestimenta corriente de una mujer se puede adquirir por
menos de 400 dólares anuales, y el hombre medio puede vestirse por la misma suma, o por menos.
Sólo hemos mencionado las tres necesidades básicas de alimento, ropa y vivienda. El ciudadano medio
yanqui dispone de otros privilegios y ventajas a cambio de un modesto esfuerzo que no excede las ocho horas
de trabajo diarias.
El estadounidense medio posee seguridades sobre sus derechos de propiedad que no tienen equivalente en
ningún otro país del mundo. Puede ingresar el dinero que le sobra en un Banco, con la seguridad de que su
Gobierno lo protegerá y se lo devolverá si el Banco le falla. Si un ciudadano estadounidense quiere viajar de un
Estado a otro, no necesita pasaporte ni permiso de nadie. Puede ir adonde desee y regresar cuando quiera.
Además, puede ir en tren, automóvil particular, autobús, avión o barco, según su bolsillo se lo permita.
EL «MILAGRO» QUE HA PROPORCIONADO ESTAS BENDICIONES
Con frecuencia oímos que los políticos proclaman la libertad de Estados Unidos cuando buscan votos, pero
es raro que se tomen tiempo o hagan el esfuerzo de analizar la fuente de tal «libertad». Al no depender de
intereses creados, y no albergar resentimientos ni segundas intenciones, yo tengo el privilegio de adentrarme
en un sincero análisis de ese «algo» misterioso, abstracto y, por lo general, malentendido que concede a todos
los ciudadanos de Estados Unidos más privilegios, más oportunidades de acumular riqueza, más libertad en
todos los órdenes, de lo que se pueda encontrar en ningún otro país. Tengo el derecho de analizar la fuente y
la naturaleza de este poder invisible, porque he conocido durante más de medio siglo a muchos de los
hombres que organizaron ese poder, y a muchos que son los responsables actuales de que tal poder se mantenga.
¡El nombre de ese misterioso benefactor de la humanidad es «capital»!
El capital no consiste sólo en dinero, sino más específicamente en grupos de hombres inteligentes y bien
organizados que planean medios y maneras de usar el dinero en forma eficiente para el bien público, y
provechosa para ellos mismos.
Estos grupos están constituidos por científicos, educadores, químicos, inventores, analistas de sistemas,
especialistas en publicidad, expertos en transportes, contables, abogados, médicos y toda clase de personas
que disponen de conocimientos sumamente especializados en todos los campos de la industria y de los
negocios. Esos hombres y mujeres abren caminos y experimentan en nuevos campos abiertos a su iniciativa;
sostienen universidades, hospitales y escuelas; construyen buenos caminos; publican periódicos; pagan la
mayor parte del coste gubernamental y se ocupan de los numerosos detalles esenciales para el progreso
humano. En pocas palabras, los capitalistas son el cerebro de la civilización, porque ellos proveen la totalidad
del material para la educación, la civilización y el progreso.
Sin un cerebro que lo controle, el dinero es siempre peligroso. Si se lo utiliza en la forma apropiada, es el
elemento esencial más importante de la civilización. Se puede tener una ligera idea de la importancia del
capital organizado si uno intenta imaginarse sin ayuda alguna del capital- cargado con la responsabilidad de
reunir los elementos para un sencillo desayuno y servírselo a una familia.
Para conseguir el té tendría que viajar a China o a la India, y ambos países se hallan a muchísima distancia
de Estados Unidos. A menos que fuera un excelente nadador, se cansaría bastante antes de completar el
viaje. Además, se encontraría también con otros problemas. Aun si tuviera las fuerzas físicas suficientes para
atravesar nadando el océano, ¿qué usaría como dinero?
Para conseguir el azúcar, tendría que lograr una nueva marca de resistencia natatoria para llegar a Cuba, o
de marcha a pie hasta el sector de la remolacha azucarera, en nuestro remoto estado de Utah. Pero, incluso
así, podría ser que regresara sin el azúcar, porque para su producción -sin hablar de lo que representa
refinarla, transportarla y servírsela en la mesa del desayuno a cualquier habitante de Estados Unidos- se
necesita tanto esfuerzo organizado como dinero.
Encontraría los huevos en las granjas más próximas, pero otra vez tendría que hacer una marcha de ida y
vuelta muy larga hasta Florida para poder servir zumo de pomelos.
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Y le esperaría otra larga caminata a Kansas o a cualquier otro de nuestros Estados cerealeros para
conseguir pan de trigo.
No le quedaría más remedio que servir el desayuno sin cereales porque no los conseguiría sin el esfuerzo de
una mano de obra especializada y organizada -sin hablar de las máquinas necesarias-, y todo eso requiere
capital.
Tras haber descansado, podría partir en un nuevo viajecito, a nado otra vez, a América del Sur, donde
cosecharía un par de plátanos, y, de regreso, sólo le faltaría caminar un poquito más hasta la granja más
próxima donde tuvieran organizada la producción lechera para conseguir un poco de mantequilla y crema.
Entonces, su familia podría sentarse ya a disfrutar del desayuno.
Parece un tanto absurdo, ¿verdad? Bueno, pues el procedimiento que acabo de describirle sería la única
manera posible de conseguir esos simples artículos alimenticios si no contáramos con la bendición del sistema
capitalista.
EL CAPITAL ES LA PIEDRA ANGULAR DE NUESTRAS VIDAS
La suma de dinero que se requiere para la construcción y el mantenimiento de los ferrocarriles y de los
barcos usados para servirle a usted un desayuno tan sencillo es tan enorme que la imaginación se marea.
Asciende a centenares de millones de dólares, por no mencionar siquiera los ejércitos de trabajadores
especializados que son necesarios para tripular tales medios de transporte. Pero éste no es más que una
mínima parte de las exigencias que la civilización moderna impone a Estados Unidos capitalista. Antes de que
pueda haber nada que transportar, tiene que haber sido cultivado o fabricado, y preparado para el mercado. Y
esto exige más millones y millones de dólares en equipo, maquinaria, embalajes, comercialización, y para
pagar los salarios de millones de hombres y de mujeres.
Los barcos y los ferrocarriles no brotan de la tierra ni funcionan de manera automática. ¡Llegan en respuesta
a la vocación civilizadora, gracias al esfuerzo, el ingenio y la capacidad de organización de personas dotadas
de imaginación, fe, entusiasmo, decisión y perseverancia! Estas personas son conocidas como capitalistas.
Están motivadas por el deseo de construir, edificar, conseguir, prestar servicios útiles, obtener un lucro y
acumular riquezas. Y el hecho de ser los que prestan servicios sin los cuales la civilización no existiría, los
encamina a la consecución de grandes riquezas.
Sin otro propósito que mantener mi discurso en un nivel simple y comprensible, añadiré que estos capitalistas
son los mismísimos hombres de quienes casi todos nosotros hemos oído hablar a los oradores
callejeros. Son los mismos hombres a quienes radicales, chantajistas, políticos deshonestos y líderes obreros
corruptos califican de «intereses predatorios», o «Wall Street».
No es mi intención presentar ningún alegato a favor o en contra de ningún grupo de hombres ni de sistema
económico alguno. El propósito de este libro -un propósito al que he consagrado más de medio siglo- es
presentar, a todos los que deseen conocerla, la más confiable de las ideologías merced a las cuales los
individuos puedan acumular riquezas en la cantidad que les apetezca.
He analizado aquí las ventajas económicas del sistema capitalista con el doble propósito de demostrar:
1. Que todos aquellos que buscan riquezas deben rendir pleitesía al sistema que controla cualquier
posibilidad de hacer fortuna, y adaptarse a él.
2. Presentar la visión del cuadro opuesta a la que muestran los políticos y los demagogos que oscurecen
deliberadamente los problemas que plantean al referirse al capital organizado como sí fuera un veneno
contaminante.
Estados Unidos es una nación capitalista. Creció gracias al uso del capital, y más vale que nosotros, los que
reivindicamos el derecho de compartir las bendiciones de la libertad y de la oportunidad, nosotros, los que
tenemos como meta acumular riqueza, sepamos que ni las riquezas ni las oportunidades estarían a nuestro
alcance si el capital organizado no nos hubiera proporcionado estos beneficios.
Sólo hay un método seguro de acumular riquezas y de aferrarse a ellas, y ese método es prestar servi cios
útiles y seguir creando necesidades ficticias. Jamás se ha creado sistema alguno por el cual los hombres
puedan adquirir riquezas legalmente por la mera fuerza de los números, o sin dar a cambio, de una manera u
otra, un valor equivalente.
SUS OPORTUNIDADES EN MEDIO DE LAS RIQUEZAS
Estados Unidos ofrece toda la libertad y todas las oportunidades de acumular riquezas que cualquier persona
honrada pueda necesitar. Cuando uno sale de caza con ánimo deportivo, busca cotos donde las presas
abunden, y por supuesto, la misma regla es válida cuando se sale a la caza de riquezas.
Si lo que usted busca son riquezas, no pase por alto las posibilidades de un país cuyos ciudadanos son tan
ricos que las mujeres, solas, se gastan al año más de medio millón de dólares en lápices de labios, colorete y
productos de belleza.
Si lo que usted busca es dinero, piense seriamente en un país que se gasta centenares de millones de
dólares al año en cigarrillos.
No se dé demasiada prisa en irse de un país cuyos habitantes dilapidan de buena gana, e incluso con
alegría, millones de dólares anuales en el fútbol, el béisbol y el boxeo.
Recuerde, además, que éste no es más que el comienzo de las fuentes que están a su alcance para que
usted gane dinero. Aquí sólo hemos mencionado unos pocos lujos superfluos. Pero no olvide que el negocio de
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producir, transportar y comercializar estos pocos artículos inútiles proporciona empleo regular a muchos
millones de personas que reciben millones de dólares mensuales por sus servicios y que se los gastan con
entera libertad en productos tanto necesarios como superfluos.
Recuerde especialmente que detrás de todo este intercambio de mercancías y servicios personales pueden
encontrarse abundantes oportunidades de acumular riquezas. Los estadounidenses contamos con la ayuda de
nuestra libertad. No hay nada que impida, ni a usted ni a nadie, entregarse a cualquier aspecto del esfuerzo
necesario para seguir adelante con nuestros negocios. Si uno abunda en talento, formación y experiencia,
puede acumular riquezas en grandes cantidades. Los que no sean tan afortunados acumularán cantidades
más pequeñas. Cualquier persona puede ganarse la vida a cambio de una cantidad apenas nominal de trabajo
y esfuerzo.
Conque… ¡ya lo sabe!
La oportunidad ha desplegado ante usted sus mercancías. Acérquese al mostrador, seleccione lo que quiera,
hágase su plan, póngalo en acción y sígalo con perseverancia. Estados Unidos «capitalista» se ocupará del
resto. En eso sí que puede confiar: nuestra nación capitalista asegura a todas las personas la oportunidad de
prestar servicios útiles y de cosechar riquezas en proporción con el valor de sus servicios.
El «sistema» no le niega a nadie este derecho, pero no promete, ni puede hacerlo, algo por nada, porque el
mismo sistema está irrevocablemente controlado por la ley de la economía capitalista, que no reconoce ni
tolera durante mucho tiempo dar sin recibir.
EL ÉXITO NO EXIGE EXPLICACIÓN EL FRACASO NO TIENE EXCUSA

Piense y Hágase Rico – Capítulo 7 Parte 1

LA PLANIIFIICACIIÓN ORGANIIZADA
LA CRISTALIZACIÓN DEL DESEO EN ACCIÓN
El sexto paso hacia la riqueza
Usted acaba de aprender que todo lo que el hombre crea o adquiere empieza bajo la forma de un deseo, un
deseo que se asume desde su primera aparición y va desde lo abstracto hasta lo concreto, en el taller de la
imaginación, donde se crean y se organizan planes para su transición.
En el segundo capítulo se le instruyó para que diese seis pasos muy definidos, como primer movimiento
hacia la transmutación del deseo de dinero en su equivalente físico. Uno de esos pasos es la formación de un
plan, o planes, definido y práctico, mediante el cual esa transformación puede llevarse a cabo.
Ahora recibirá instrucciones sobre cómo construir planes que sean prácticos:
a) Alíese con un grupo de tantas personas como pueda necesitar para la creación y ejecución de su plan
para la acumulación de dinero, haciendo uso del principio del «trabajo en equipo», que se describe en un
próximo capítulo. La sumisión a este principio es esencial. No lo desatienda.
b) Antes de haber formado su «equipo de trabajo», decida ventajas y beneficios que usted puede ofrecer a
cada miembro de su grupo a cambio de su cooperación. Nadie trabajará indefinidamente sin alguna forma de
compensación. Ninguna persona inteligente exigirá ni esperará que otra trabaje sin una compensación
adecuada, aunque ésta no siempre se encuentre en forma de dinero.
c) Acuerde reunirse con los miembros de su equipo de trabajo por lo menos un par de veces por semana, y
más a menudo si es posible, hasta que hayan puesto a punto el plan necesario para la acumulación de dinero.
d) Mantenga una perfecta armonía entre usted y los miembros del equipo. Si no consigue ajustarse a esta
instrucción al pie de la letra, se topará con el fracaso. El principio del «trabajo en equipo» no se obtiene donde
la armonía perfecta no reina.
Tenga presentes estos hechos:
Primero: usted está comprometido en una empresa de gran importancia para usted. Si quiere asegurarse el
éxito, ha de tener planes que sean infalibles.
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Segundo: debe contar con la ventaja de la experiencia, la educación, la capacidad innata y la imaginación de
otras mentes. Esto está en armonía con los métodos que siguen todas las personas que han acumulado
grandes fortunas. Ningún individuo tiene suficiente experiencia, educación, capacidad innata y conocimientos
para garantizar la acumulación de una gran fortuna sin la cooperación de otras personas. Cada plan que usted
adopte en la empresa de acumular riquezas debe ser la creación conjunta de usted y los demás miembros del
«equipo de trabajo». Usted puede originar sus propios planes, tanto en partes como en su totalidad, pero
asegúrese de que esos planes sean verificados y aprobados por su «equipo de trabajo».
SI SU PRIMER PLAN FRACASA, ¡INTENTE OTRO!
Si el primer plan que usted adopta no funciona con éxito, cámbielo por uno nuevo; si este nuevo plan
tampoco funciona, vuelva a cambiarlo por otro, y así sucesivamente hasta que encuentre un plan que dé
resultado. Aquí se encuentra la causa principal de que la mayoría de los hombres tope con el fracaso, debido a
su falta de perseverancia en la creación de nuevos planes para sustituir los que no funcionan. El hombre más
inteligente no puede tener éxito en la acumulación de dinero (ni en ninguna otra empresa) sin contar con
planes que sean prácticos y viables. Tenga presente este hecho, y, cuando sus planes fallen, recuerde que un
fracaso temporal no es lo mismo que un fracaso permanente. Un fracaso indica sólo que los planes no eran
buenos. Haga otros. Vuelva a empezar todo de nuevo.
El fracaso temporal debe significar sólo una cosa: la certidumbre de que hay algo que no funciona en lo
planificado. Millones de hombres se pasan la vida en la miseria y en la pobreza porque les falta un buen plan
mediante el cual acumular una fortuna.
Ningún hombre está vencido mientras él mismo no se rinda en su propia mente.
Hames J. Hill se topó con fracasos temporales la primera vez que se propuso reunir el capital necesario para
trazar un ferrocarril de Este a Oeste de Estados Unidos, pero él también convirtió el fracaso en victoria con la
utilización de nuevos planes. Henry Ford conoció el fracaso temporal, no sólo al principio de su carrera en el
mundo del automóvil, sino después de haber estado en lo más alto del éxito. Concibió otros planes, y siguió
avanzando hacía la victoria económica.
Vemos hombres que han acumulado grandes fortunas; pero, a menudo, sólo reconocemos sus triunfos, y
pasamos por alto los fracasos temporales que han tenido que superar antes de «llegar».
Ningún seguidor de esta filosofía puede esperar de manera razonable que acumulará una fortuna sin
experimentar «fracasos temporales». Cuando el fracaso sobreviene, acéptelo como una señal de que sus
planes no son buenos, haga otros, y encamínese de nuevo hacia su objetivo anhelado. Si pierde interés antes
de haber alcanzado su objetivo, usted es una persona que abandona con facilidad. Recuerde que los que
abandonan nunca ganan…, y un ganador nunca abandona. Copie esta frase en un papel, en letras bien
grandes, y póngala donde pueda verla todas las noches antes de acostarse, y todas las mañanas antes de ir a
trabajar.
Cuando empiece a elegir miembros para su equipo de trabajo, procure elegir aquellos que no se tomen el
fracaso muy en serio.
Algunas personas creen tontamente que sólo el dinero puede generar dinero. ¡Esto no es verdad! El deseo,
transmutado en su equivalente monetario, a través de los principios que presentamos aquí, es el agente por
medio del cual se «hace» el dinero. El dinero, en sí, no es más que materia inerte. No se puede mover, no
piensa, ni habla, ¡pero puede «oír» cuando, un hombre que lo desee, lo llama!
PLANIFICACIÓN DE LA VENTA DE SERVICIOS PERSONALES
La planificación inteligente es esencial para el éxito de cualquier empresa ideada con el fin de acumular
riquezas. Aquí encontrará explicaciones detalladas para quienes tienen que empezar la acumulación de
riquezas por el procedimiento de vender sus servicios personales.
Debe de ser muy alentador saber que casi todas las grandes fortunas empezaron en forma de compensación
por servicios personales prestados, o por la venta de ideas. ¿Qué más, aparte de las ideas y de los servicios
personales, tiene alguien sin propiedades para ofrecer a cambio de la riqueza?
CASI TODOS LOS LÍDERES EMPIEZAN COMO SEGUIDORES
Hablando en general, en el mundo hay dos tipos de personas. A unas se las conoce como líderes, y a otras
como seguidores. Decídase desde un principio si se propone llegar a ser un líder en su vocación elegida o
continuará siendo un asistente. La diferencia en las compensaciones es enorme. El asistente no puede esperar
de manera razonable recibir la misma compensación que el líder, aunque muchos seguidores cometen el error
de esperar la misma remuneración.
No es ninguna desgracia ser asistente. Por otra parte, tampoco tiene mérito alguno seguir siéndolo. Casi
todos los grandes líderes empezaron en el puesto de los seguidores. Llegaron a ser grandes líderes porque
eran seguidores inteligentes. Con muy pocas excepciones, el hombre que no pueda estar a las órdenes de un
líder de manera inteligente, nunca llegará a ser un líder eficaz. En cambio, el hombre que pueda seguir
inteligentemente a un líder es quien desarrolla con mayor rapidez la capacidad para ser líder. Un seguidor
inteligente tiene muchas ventajas; entre ellas, la oportunidad de adquirir conocimientos de su líder.
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LAS CARACTERÍSTICAS PRINCIPALES DEL LÍDER
Los factores siguientes son importantes en todo líder:
1. Valor inquebrantable, basado en el conocimiento de sí mismo y de la propia ocupación. Ningún seguidor
desea ser dominado por un líder falto de confianza en sí mismo y de coraje. Ningún seguidor inteligente puede
estar mucho tiempo dominado por un líder así.
2. Autocontrol. El hombre que es incapaz de controlarse, nunca podrá controlar a los demás. El autocontrol
es un ejemplo poderoso para los seguidores, que los más inteligentes emularán.
3. Un claro sentido de la justicia. Sin un sentido de lo que es justo y de la justicia, ningún líder puede dirigir a
sus seguidores y mantener su respeto.
4. Precisión en las decisiones. El hombre que vacila en sus decisiones demuestra que no está seguro de sí
mismo, y no puede conducir a otros con éxito.
5. Exactitud en los planes. El líder que tiene éxito debe planificar su trabajo, y trabajar su plan. Un líder que
se mueve por conjeturas, a ojo, sin planes prácticos ni precisos, es comparable a un barco sin timón. Tarde o
temprano acabará contra los arrecifes.
6. El hábito de hacer más de lo que le corresponde. Uno de los inconvenientes del liderazgo es el hecho de
que el líder debe estar dispuesto a hacer más de lo que exige a sus seguidores.
7. Una personalidad agradable. Ninguna persona desaliñada y descuidada puede llegar a ser un líder eficaz.
La categoría de líder requiere respeto.
Los seguidores no respetarán a un líder que no se destaque en todos los factores que conforman una
personalidad agradable.
8. Simpatía y comprensión. El líder de éxito debe ser simpático con sus seguidores. Además de ser
comprensivo con ellos y con sus problemas.
9. Dominio del detalle. Un liderazgo eficaz exige el dominio de los detalles de la posición del líder.
10. Disposición a asumir toda la responsabilidad. El líder de éxito debe estar dispuesto a asumir la
responsabilidad por los errores y los descuidos de sus seguidores. Si trata de eludir esta responsabilidad,
dejará de ser el líder. Si uno de sus seguidores comete un error, y queda como un incompetente, el líder debe
considerar que él es quien ha fallado.
11. Cooperación. El líder de éxito debe comprender y aplicar el principio del esfuerzo cooperativo y ser
capaz de impulsar a sus seguidores a hacer lo mismo. El liderazgo requiere poder, y el poder exige
cooperación.
Hay dos formas de liderazgo. La primera, mucho más eficaz, es el liderazgo con el consentimiento y la
simpatía de los seguidores. La segunda, el liderazgo por la fuerza, sin el consentimiento ni la simpatía de los
seguidores.
La historia está llena de pruebas de que el liderazgo por la fuerza no perdura. La caída y la desaparición de
dictadores y de reyes es significativa. Indica que la gente no acatará indefinidamente un lide-razgo por la
fuerza.
Napoleón, Mussolini, Hitler fueron ejemplos de líderes por la fuerza. Su liderazgo ha pasado. El liderazgo con
el consentimiento de los seguidores es el único perdurable.
Los hombres pueden acatar temporalmente un liderazgo por la fuerza, pero no lo harán por su propia
voluntad.
La nueva marca del liderazgo abarcará los once factores descritos en este capítulo, además de algunos
otros. El hombre que haga de ellos la base de su liderazgo encontrará abundantes oportunidades de liderar en
todos los órdenes de la vida.
LAS DIEZ CAUSAS PRINCIPALES DEL FRACASO EN EL LIDERAZGO
Llegamos ahora a los principales errores de los líderes que fracasan, porque saber lo que hay que hacer es
tan importante como saber lo que no hay que hacer.
1. Incapacidad para organizar detalles. Un liderazgo eficiente requiere capacidad para organizar y controlar
los detalles. Ningún líder genuino está jamás «demasiado ocupado» para hacer cualquier cosa que se le pueda
pedir en su condición de líder. Cuando un hombre, ya sea en calidad de líder o de asistente, admite que está
«demasiado ocupado» para cambiar de planes, o para prestar atención a una emergencia, está admitiendo su
incompetencia. El líder de éxito debe ser quien controle todos los detalles relacionados con su posición. Esto
significa, por supuesto, que ha de adquirir el hábito de relegar los detalles a asistentes capaces.
2. Mala disposición para prestar servicios modestos. Los líderes realmente grandes están siempre dispuestos,
cuando la ocasión lo exige, a llevar a cabo
cualquier tipo de labor que se les pida que hagan. Que «el mejor de entre vosotros será el sirviente de
todos» es una verdad que todos los líderes capaces observan y respetan.
3. Expectativas de gratificación por lo que «saben», y no por lo que hacen con aquello que saben. El
mundo no paga a los hombres por lo que «saben».
Les pagan por lo que hacen, o impulsan a hacer a otros.
4. Temor ante la competencia de los seguidores. El líder que teme que uno de sus seguidores pueda
ocupar su puesto está prácticamente condenado a ver cumplidos sus temores tarde o temprano. El líder capaz
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entrena a suplentes en quienes pueda delegar, a voluntad, cualquiera de los detalles de su posición. Sólo de
ese modo un líder puede multiplicarse y prepararse para estar en muchos lugares, y prestar atención a muchas
cosas al mismo tiempo. Es una verdad eterna que los hombres reciben más paga por su habilidad para hacer
que los demás trabajen, que lo que ganarían por su propio esfuerzo. Un líder eficiente puede, a través del
conocimiento de su trabajo y del magnetismo de su personalidad, aumentar en gran medida la eficacia de los
demás, e inducirlos a rendir más y mejores servicios que los que rendirían sin su ayuda.
5. Falta de imaginación. Sin imaginación, el líder es incapaz de superar las emergencias, y de crear planes
que le permitan guiar con eficacia a sus seguidores.
6. Egoísmo. El líder que reclama todo el honor por el trabajo de sus seguidores está condenado a generar
resentimientos. El verdadero líder no exige
honor alguno. Le alegra ver que los honores, cuando los hay, son para sus seguidores, porque sabe que la
mayoría de los hombres trabajarán con más entusiasmo por recomendaciones y reconocimientos, que sólo por
dinero.
7. Intemperancia. Los seguidores no respetan a los líderes intemperantes. Además, la intemperancia en
cualquiera de sus diversas formas destruye la resistencia y la vitalidad de cualquiera que se deje llevar por ella.
8. Deslealtad. Quizás esta causa debería encabezar la lista. El líder que no sea leal con su organización y
con su equipo, con quienes están por encima de él y con quienes están por debajo, no podrá mantener mucho
tiempo su liderazgo. La deslealtad le señala a uno como alguien que está en el nivel del polvo que pisamos, y
atrae sobre su cabeza el desprecio que se merece. La falta de lealtad es una de las principales causas de
fracaso en todos los terrenos de la vida.
9. Acentuar la «autoridad» del liderazgo. El líder eficiente enseña mediante el estímulo y no intenta
atemorizar a sus seguidores. El líder que trata de impresionar a sus seguidores con su «autoridad» entra en la
categoría del liderazgo por la fuerza. Si un líder lo es de verdad, no necesitará anunciarlo, a no ser mediante su
conducta, es decir, con su simpatía, comprensión y sentido de la justicia, y demostrando, además, que conoce
su trabajo.
10. Insistir en el título. El líder competente no necesita «títulos» para obtener el respeto de sus seguidores. El
hombre que insiste demasiado en su título, generalmente no tiene mucho más en qué apoyarse. Las puertas
del despacho de un verdadero líder permanecen abiertas para todos aquellos que deseen entrar, y su lugar de
trabajo está tan libre de formalidad como de ostentación.
Entre las causas de fracaso en el liderazgo, éstas son las más comunes. Cualquiera de ellas es suficiente
para provocar el fracaso. Estudie cuidadosamente la lista si aspira al liderazgo, y asegúrese de no cometer
ninguna de estas faltas.
ALGUNOS CAMPOS FÉRTILES EN LOS QUE HABRÁ DEMANDA DE «NUEVOS LÍDERES»
Antes de terminar con este capítulo llamaremos su atención sobre algunos campos fértiles donde se ha
producido una declinación del liderazgo y en los cuales el nuevo tipo de líder puede encontrar abundancia de
oportunidades.
Primero: en el campo de la política hay una insistente demanda de nuevos líderes, una demanda que apunta
nada menos que a una emergencia.
Segundo: en el mundo de la Banca se está produciendo una reforma.
Tercero: la industria tiene nuevos líderes. Para que pueda perdurar, el nuevo líder industrial debe
considerarse casi como un funcionario público, cuyo deber es manejar su empresa de manera tal que no
imponga penurias a ningún individuo ni a ningún grupo.
Cuarto: el líder religioso del futuro se verá obligado a prestar más atención a las necesidades temporales de
sus seguidores, a la solución de los problemas económicos y personales del presente, y a prestar menos
atención al pasado, que ya no existe, y al futuro, que no ha llegado aún.
Quinto: en las profesiones del derecho, la medicina y la educación, se necesitará una forma de liderazgo
nueva y, en alguna medida, también nuevos líderes. Esto es sobre todo válido en el campo de la educación. El
líder en este campo deberá encontrar, en el futuro, formas y medios nuevos de enseñar a la gente la manera
de aplicar el conocimiento que se les ha impartido, ocupándose más de la práctica y menos de la teoría.
Sexto: en el campo del periodismo se necesitarán nuevos líderes.
Éstos no son más que algunos de los campos en que actualmente se dispone actualmente de oportunidades
para nuevos líderes y para una forma de liderazgo también nueva. El mundo está sufriendo rápidos cambios, y
esto significa que los medios por obra de los cuales se promueven los cambios en los hábitos humanos deben
adaptarse a los cambios. Los medios que describimos aquí son los que, en mayor medida que ningún otro,
determinan la tendencia de la civilización.
CUÁNDO Y CóMO SALIR EN BUSCA DE EMPLEO
La información que aquí le presentamos es el resultado neto de muchos años de experiencia durante los
cuales miles de mujeres y de hombres fue ron ayudados a comercializar eficazmente sus servicios.
La experiencia ha demostrado que los siguientes medios ofrecen los métodos más eficaces y más directos
para poner en contacto a quien necesita vender sus servicios personales con la persona que necesita
comprarlos.
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1. Oficinas de empleo. Se debe tener cuidado en seleccionar sólo las de buena reputación, en las cuales la
gerencia pueda mostrar archivos que comprueben el logro de resultados satisfactorios. Tales oficinas son
bastante escasas.
2. Anuncios en periódicos, revistas y publicaciones comerciales. Generalmente se puede confiar en que los
anuncios clasificados den resultados satisfactorios en el caso de los que buscan empleos en oficinas u otros
cargos asalariados comunes. Los anuncios destacados son más deseables en el caso de quienes buscan
conexiones exclusivas, y se deben publicar en la sección del periódico que más fácilmente haya de llamar la
atención de la clase de patrono que uno busca. El anuncio lo debe preparar un experto, que sepa cómo
destacar las cualidades vendibles necesarias para obtener respuestas.
3. Cartas personales de presentación, dirigidas a determinadas firmas o personas que puedan necesitar los
servicios que uno ofrece. Las cartas deben estar siempre mecanografiadas con pulcritud, y llevar la firma
manuscrita. Con la carta enviará un resumen completo de las calificaciones del aspirante. Tanto la carta de
presentación como el curriculum, o Esta de calificaciones, deben ser preparados por un experto. (Véanselas
instrucciones referentes ala información que se ha de incluir.)
4. Presentación por intermedio de relaciones personales. Cuando sea posible, el aspirante debe tratar de
establecer contacto con un posible patrono valiéndose de las relaciones personales. Este método es
especialmente ventajoso en el caso de quienes buscan contactos a nivel ejecutivo y no desean dar la
impresión de estar «vendiéndose como baratijas».
5. Presentación personal. En algunos casos puede resultar más eficaz que el aspirante ofrezca sus servicios
personalmente a sus posibles empleadores, y, de ser así, se ha de presentar por escrito una lista completa de
las calificaciones para el cargo, dado que suele suceder que el patrono en potencia quiere estudiar con sus
socios los antecedentes del aspirante.
LA INFORMACIÓN QUE SE DEBE INCLUIR EN UN EXPEDIENTE ESCRITO
El expediente ha de ser preparado con tanto cuidado como un abogado prepararía el legajo de un caso que
ha de defender ante el tribunal. A menos que el aspirante tenga experiencia en la preparación de documentos
así, debe consultar con un experto, cuyos servicios contratará con este fin. Los comerciantes de éxito emplean
como anunciantes a hombres y mujeres que entienden el arte y la psicología de la presentación de los méritos
de su mercancía, y quien tiene que vender sus servicios personales debe hacer lo mismo. En el expediente se
ha de incluir la información siguiente:
1. Educación. Enuncie en forma breve, pero clara, su nivel de escolarización y los temas en que se ha
especializado, dando las razones para esa especialización.
2. Experiencia. Si ya ha tenido experiencia en cargos similares al que ahora busca, descríbala en detalle,
dando los nombres y direcciones de sus antiguos patronos. Trate de destacar claramente cualquier experiencia
especial que pueda haber tenido y que lo califique para adjudicarse el cargo al que aspira.
3. Referencias. Casi todas las firmas comerciales desean tener información completa sobre los trabajos
anteriores y antecedentes de los aspirantes que buscan cargos de responsabilidad. Con las fotocopias de su
expediente incluya copias de cartas de:
a) Patronos anteriores.
b) Profesores y maestros con quienes estudió.
c) Personas relevantes en cuyo juicio se pueda confiar.
4. Fotografía. Incluya una fotografía reciente.
5. Ofrézcase para un cargo específico. Nunca deje de incluir en la presentación una descripción exacta del
cargo o actividad que usted busca. Nunca se limite a pedir «un puesto». Eso indica la falta de calificaciones
especializadas.
6. Enuncie sus calificaciones para ocupar el cargo que desea. Exprese detalladamente la razón por la que
cree estar calificado para el puesto que busca. Éste es el detalle más importante de su presentación, y el
que, más que ninguna otra cosa, determinará la consideración que usted reciba.
7. Ofrézcase para un período de prueba. Ésta puede parecer una sugerencia radical, pero la experiencia ha
demostrado que rara vez deja de asegurar por lo menos una prueba. Si usted está seguro/a de sus
calificaciones, una prueba es todo lo que necesita. Digamos de paso que un ofrecimiento así indica que usted
está segura/o de su capacidad para ocupar el cargo a que aspira. Es muy convincente. Deje claro que su
ofrecimiento se basa en:
a) Su seguridad de ser capaz de ocupar el cargo.
b) Su confianza en lo que decidirá su posible patrono una vez que lo haya probado.
c) Su determinación de alcanzar el puesto.
8. Muestre su conocimiento de las actividades comerciales de su futuro patrono. Antes de ofrecerse para un
puesto, póngase al tanto del negocio para familiarizarse con él, e indique en su expediente los conocimientos
que tenga de ese campo. Así dará una buena impresión, porque evidenciará que tiene imaginación y que está
realmente interesado en el puesto que busca.
Recuerde que no es el abogado que más sabe de leyes el que gana el proceso, sino el que mejor lo prepara.
Si su «caso» está bien preparado y presentado, tendrá, ya desde el comienzo, media victoria ganada. No tema
presentar un expediente demasiado largo. A los patronos les interesa tanto contratar los servicios de
aspirantes bien calificados como a usted conseguir empleo. La verdad es que el éxito de la mayoría de los
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patronos que lo consiguen se debe, sobre todo, a su capacidad para seleccionar colaboradores bien
calificados. Y para eso quieren toda la información posible.
Recuerde otra cosa: la pulcritud en la presentación de su expediente indicará hasta qué punto es usted una
persona minuciosa. Yo he ayudado a redactar curriculums a clientes tan especiales y fuera de lo común que
lograron que los contrataran sin necesidad de tener una entrevista personal.
Cuando haya completado su expediente, hágalo encuadernar y encabécelo más o menos así:
EXPEDIENTE DE LAS CALIFICACIONES DE
Carlota Díaz Moreno
PARA OPTAR AL CARGO DE
Secretaria privada del Presidente de la
EMPRESA DE SUMINISTROS INFORMÁTICOS, S. A.
Cambie los nombres cada vez que presente su expediente.
Este toque personal llamará sin duda la atención sobre usted. Preséntelo pulcramente mecanografiado o
mimeografiado en el mejor papel que pueda conseguir y hágale una carpeta con una cartulina de las que se
usan para cubiertas de libros, de modo que se pueda cambiar si se ha de presentar a más de una empresa. En
alguna de las páginas debe figurar su fotografía. Siga estas instrucciones al pie de la letra e introduzca todas
las mejoras que su imaginación le sugiera.
Los vendedores de éxito se presentan bien vestidos y arreglados, porque entienden que la primera impresión
es la que perdura. Su expediente es el vendedor de usted. Vístalo bien, de modo que marque un nítido
contraste con cualquier cosa que su futuro patrono haya podido ver antes en cuanto a la forma de presentarse
a solicitar empleo. Si el cargo que usted busca merece la pena, más vale que usted se la tome. Además, si
usted se vende a un patrono de una manera tal que su individualidad lo impresione, es probable que le pague
mejor sus servicios, desde el primer día, que si se hubiera presentado a buscar empleo de la manera
convencional en que todos lo hacen.
Si busca un trabajo a través de una agencia de publicidad o de la oficina de empleo, haga que el agente use
copias de su expediente cuando ofrezca
sus servicios. Eso le ayudará a encontrarse en una situación de preferencia, tanto en relación con su agente
como con sus posibles patronos.
CÓMO CONSEGUIR EL CARGO QUE DESEA
Todos disfrutamos haciendo el tipo de trabajo para el cual nos sentimos más adecuados. A un artista le
encanta trabajar con pintura, a un artesano con las manos, y a un escritor le gusta escribir. Los que no tienen
una idea tan definida muestran también su preferencia por ciertos campos del comercio y de la industria. Por
esta razón, en Estados Unidos, se ofrece una completa gama de ocupaciones, desde arar la tierra hasta
cualquier actividad fabril, de marketing o profesional que a usted se le ocurra.
Primero: decida exactamente qué trabajo quiere. Si es un trabajo que aún no existe, quizá usted pueda
crearlo.
Segundo: escoja la empresa o la persona para la que quiere trabajar.
Tercero: estudie a su posible patrono en lo que se refiere a sus políticas comerciales y de personal, y a las
probabilidades de ascenso.
Cuarto: analícese y analice sus talentos y capacidades para precisar qué puede ofrecer, y organice maneras
y medios para presentar las ventajas, servicios, planes e ideas siempre que usted crea estar en condiciones de
ofrecer con éxito.
Quinto: olvídese de «un trabajo». Olvídese de si hay o no una oportunidad. Olvídese de la rutina habitual del
«¿Tiene trabajo para mí?». Concéntrese en lo que usted puede dar.
Sexto: una vez que tenga mentalmente claro su plan, busque una persona que sea capaz de ponerlo por
escrito, en forma detallada.
Séptimo: presénteselo a la persona con la autoridad necesaria y deje que se ocupe del resto. Todas las
compañías andan en busca de personas que puedan ofrecerles algo de valor, ya sean ideas, servicios o
«contactos». Todas las empresas tienen lugar para la gente que dispone de un plan de acción definido que
represente una ventaja para la compañía.
Este formalismo puede llevarle unos días o unas semanas más de tiempo, pero la diferencia en ingresos, en
ascensos y en obtención de reconocimiento le ahorrará años de trabajo duro y salario escaso. Tiene muchas
ventajas; la principal es que se evitará de uno a cinco años de espera para alcanzar el objetivo que se haya
propuesto.
Toda persona que comienza, o que «se mete» en medio de la escala del éxito, ha necesitado, para conseguirlo,
una planificación deliberada y cuidadosa.
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LA NUEVA MANERA DE COMERCIALIZAR SERVICIOS
En el futuro, los hombres y las mujeres que mejor comercialicen sus servicios tendrán que reconocer el
cambio que se ha producido en lo referente a la relación entre patrono y empleado.
La relación del futuro entre los patronos y sus empleados será más afín a una sociedad integrada por:
a) El patrono
b) El empleado
c) El público al que sirven
Si decimos que esta manera de comercializar los servicios personales es nueva, ello se debe a varias
razones. Primero, porque, en el futuro, tanto el patrono como el empleado serán considerados empleados
comunes, puestos ambos al servicio de un cliente, el público, y su negocio consistirá en servir a su cliente con
eficiencia. En el pasado, patronos y empleados se han trabado en luchas por el empeño de sacar cada uno el
mejor partido posible del otro, sin considerar que, en última instancia, en realidad estaban regateando a
expensas de un tercero, el público al que servían.
«Cortesía» y «servicio» son las actuales consignas de la comercialización, y son aplicables a la persona que
ofrece servicios personales en forma aún más directa que al patrono a quien ésta sirve, porque, en última
instancia, tanto el patrono como su empleado son empleados del público al que sirven. Si no alcanzan a darle
buen servicio, lo pagan con la pérdida de su privilegio de servir.
Todos podemos recordar el tiempo en que el empleado que venía a leer el contador del gas aporreaba la
puerta con tanta fuerza como para romper los paneles. Cuando le abrían, entraba con aire prepotente, con una
mueca en el rostro que era un evidente reproche por haberlo tenido esperando. Todo aquello ha cambiado. El
empleado del gas se conduce hoy por hoy como un caballero que estuviese «encantado de poder servirle a
usted». Antes de que las compañías de gas se dieran cuenta de que sus empleados estaban acumulando
deudas que jamás se acabarían de pagar, aparecieron los corteses vendedores de quemadores de petróleo y
se quedaron con el mercado.
Durante la Depresión en Estados Unidos, pasé varios meses en la región del carbón de antracita en
Pennsylvania, estudiando las condiciones que estuvieron a punto de destruir aquella industria. Los operadores
del carbón y sus empleados negociaron tratos recíprocamente provechosos, añadiendo el precio de la
«negociación» al del carbón, hasta que terminaron por descubrir que habían organizado un negocio maravilloso
para los fabricantes de equipos quemadores de petróleo y para los productores de crudo.
Relato estos ejemplos para aquellos que tienen servicios personales que ofrecer, con el fin de demostrarles
que, si estamos donde estamos y somos lo que somos, ¡se debe a nuestra propia conducta! Si hay un principio
de causa y efecto que rige los negocios, las finanzas y el transporte, ese mismo principio vale para los
individuos y determina su estatus económico.
¿CUÁL ES SU CIFRA DE CCE?
Las causas del éxito en la comercialización efectiva y permanente de los servicios se han descrito con toda
claridad. A menos que estudie, analice, en tienda y aplique estas causas, nadie puede comercializar sus
servicios de manera eficaz y permanente. Cada persona debe ser su propia vendedora de servicios
personales. La calidad y la cantidad de los servicios prestados, y el espíritu del que los presta, determinan en
gran medida la remuneración y la duración del empleo. Para comercializar eficazmente los servicios
personales (lo cual significa un mercado permanente, a un precio satisfactorio y en condiciones agradables),
uno debe adoptar y seguir la fórmula «CCE», que significa que la calidad, más la cantidad, más el adecuado
espíritu de cooperación, dan como resultado una perfecta venta de servicios. Recuerde la fórmula «CCE», pero
haga algo más: ¡aplíquela siempre!
Vamos a analizar la fórmula para asegurarnos de que entendemos exactamente lo que significa.
1. La calidad del servicio debe ser entendida en el sentido de realizar cada detalle que se relacione con su
cargo de la manera más eficiente posible, teniendo siempre presente como objetivo una mayor eficacia.
2. La cantidad del servicio se ha de entender en el sentido del hábito de prestar la totalidad del servi cio del
cual usted es capaz, en todo momento, con el propósito de incrementar la cantidad de servicios prestados a
medida que su habilidad aumente con la práctica y la experiencia. Volvemos a insistir en la palabra hábito.
3. El espíritu de servicio se ha de entender en el sentido de hábito de una conducta agradable y armoniosa
que induzca a la cooperación de asociados y demás empleados.
Adecuar la calidad y la cantidad del servicio no basta para mantener un mercado permanente para sus
servicios. La conducta, o el espíritu con que usted preste el servicio, es un fuerte factor de determinación
relacionado tanto con la remuneración que usted recibe como con la duración del empleo.
Andrew Carnegie resaltó este punto más que otros en relación con su descripción de los factores que
conducen al éxito en la comercialización de servicios personales, insistiendo reiteradamente en la necesidad
de una conducta armoniosa. Subrayó el hecho de que él no conservaría a ningún hombre, por más abundante
que fuera la cantidad, o eficiente la calidad de su trabajo, a menos que trabajase en un espíritu de armonía.
Carnegie insistía en que sus hombres fuesen corteses y agradables. Para demostrar que asignaba un elevado
valor a esta cualidad, ayudó a enriquecerse a muchos hombres que se ajustaban a sus normas. Los que no lo
hacían tenían que dejar lugar a los otros.
La importancia de una personalidad agradable se destaca porque es un factor que le permite a uno prestar
servicios con el espíritu adecuado. Si uno tiene una personalidad que agrada, y presta sus servicios en espíritu
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de armonía, éstas son ventajas que suelen compensar deficiencias tanto en la calidad como en la cantidad del
servicio ofrecido. Nada, sin embargo, puede sustituir con éxito a una conducta agradable.
EL VALOR CAPITAL DE SUS SERVICIOS
La persona cuyos ingresos totales se derivan de la venta de servicios personales no es comerciante en
menor medida que el hombre que vende bienes de consumo, y bien se podría añadir que una persona así está
sometida a las mismas reglas de conducta que el comerciante que vende mercancías.
Si insistimos en ello es porque la mayoría de las personas que viven de la venta de servicios personales
cometen el error de considerarse libres de las reglas de conducta y de las responsabilidades que corresponden
a quienes se dedican a la comercialización de bienes y productos.
Ha pasado la época del «salía para conseguir», ya que tal personaje ha sido sustituido por el que «sale para
dar».
El verdadero valor de capital de su cerebro puede estar determinado por la cantidad de ingresos que usted
es capaz de producir (comercializando sus servicios). Usted puede lograr una estimación adecuada del valor
de capital de sus servicios si multiplica su ingreso anual por dieciséis y dos tercios, puesto que es razonable
calcular que su ingreso anual representa el seis por ciento de su valor de capital. El dinero rinde el 6 % anual, y
el dinero no vale más que el cerebro. Con frecuencia, mucho menos.
Si es comercializado con eficacia, un «cerebro» competente representa una forma de capital mucho más
deseable que la que se requiere para manejar un negocio que se ocupe de bienes de consumo, porque el
«cerebro» es una forma del capital que no se puede desvalorizar en forma permanente por obra de la
depresión, ni es tampoco una forma de capital que se pueda robar o que se desgaste. Además, el dinero, que
es esencial para la conducción de un negocio, resulta tan valioso como un montón de arena mientras no se
combine con un «cerebro» eficiente.

 

Piense y Hagase Rico – Capitulo 6

LA IMAGIINACIÓN EL TALLER DE LA MENTE
El quinto paso hacia la riqueza
La imaginación es el taller donde se plasman todos los planes creados por el hombre. Al impulso, al deseo,
se les da forma, perfil y acción mediante la ayuda de la facultad imaginativa de la mente.
Se ha dicho que el hombre es capaz de crear cualquier cosa que pueda imaginar.
Mediante la ayuda de su facultad imaginativa, el hombre ha descubierto y dominado más fuerzas de la
naturaleza durante los últimos cincuenta años que durante la historia de todo el género humano anterior a esos
cincuenta años. Ha conquistado el espacio aéreo tan cabalmente que los pájaros resultan pobres
competidores. Ha analizado y pesado el sol a una distancia de millones de kilómetros y ha determinado, por
medio de la imaginación, los elementos que lo componen. Ha aumentado la velocidad de locomoción hasta
poder viajar a velocidades de más de mil kilómetros por hora.
La única limitación del hombre, en su facultad de razonamiento, es el grado de desarrollo de su imaginación
y el uso que haga de ella. Todavía no ha alcanzado la cúspide del desarrollo y del uso de su facultad
imaginativa. Apenas ha descubierto que la tiene, y tan sólo ha comenzado a usarla de una manera muy
elemental.
DOS FORMAS DE IMAGINACIÓN
La facultad imaginativa funciona de dos maneras. Una se conoce con el nombre de «imaginación sintética»,
y la otra, como la «imaginación creativa».
La imaginación sintética
Por medio de esta facultad, uno puede compaginar viejos conceptos, ideas o planes en nuevas combinaciones.
Esta facultad no crea. Funciona con el material de la experiencia, la educación y la observación
con que se la alimenta. Es la facultad que más usa el inventor, con la excepción del «genio», que recurre a la
imaginación creativa cuando no puede resolver su problema mediante la imaginación sintética.
La imaginación creativa
A través de la facultad de la imaginación creativa la mente finita del hombre tiene comunicación directa con la
Inteligencia Infinita. Es la facultad mediante la cual se reciben los «presentimientos» y las «inspiraciones». Por
medio de esta facultad, un individuo puede «sintonizarse» o comunicarse con el subconsciente de otros
hombres.
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La imaginación creativa funciona de forma automática, de la manera que se describe en páginas siguientes.
Esta facultad funciona sólo cuando la mente consciente está trabajando a un ritmo extremadamente rápido,
como, por ejemplo, cuando es estimulada por medio de la emoción de un deseo poderoso.
La facultad creativa se vuelve más alerta en proporción con el desarrollo que adquiere a través del uso. Los
grandes líderes de los negocios, la industria y las finanzas, y los grandes artistas, músicos, poetas y escritores
han llegado al lugar que ahora ocupan porque han desarrollado la facultad de la imaginación creativa.
Tanto la imaginación creativa como la sintética se agudizan cada vez más por el uso, de la misma forma que
lo hace cualquier músculo u órgano del cuerpo.
El deseo es sólo un pensamiento, un impulso. Es nebuloso y efímero. Es abstracto, y no tiene valor hasta
que se ha transformado en su contrapartida física. Si bien la imaginación sintética es la que se usará con más
frecuencia en el proceso de transformar el impulso del deseo en dinero, usted debe tener presente el hecho de
que puede afrontar circunstancias y situaciones que exijan el empleo de la imaginación creativa.
EJERCITE SU IMAGINACIÓN
Su facultad imaginativa puede haberse debilitado a causa de la falta de actividad. Se la puede revivir y
estimular mediante el uso. Esta facultad no muere, aunque puede llegar a la inactividad total por falta de uso.
Centre su atención en el desarrollo de la imaginación sintética porque es la facultad que usted usará más en
el proceso de convertir el deseo en dinero.
La transformación del impulso intangible, del deseo, en una realidad tangible, el dinero, exige el uso de un
plan o más. Este plan debe realizarse con la ayuda de la imaginación, y, sobre todo, con la facultad sintética.
Léase todo el libro, y luego vuelva a este capítulo, y empiece en seguida a poner a trabajar la imaginación en
la construcción de un plan, o planes, para la transformación de su deseo en dinero. Casi en cada capítulo se
han dado detalladas instrucciones para elaborarlos. Siga las instrucciones que mejor se ajusten a sus
necesidades. Ponga su plan por escrito, si todavía no lo ha hecho. En el momento en que complete eso, habrá
dado forma definitiva y concreta a un deseo intangible. Lea una vez más el enunciado anterior. Léalo en voz
alta, muy lentamente, y, a medida que lo hace, recuerde que en el momento en que reduce la afirmación de su
deseo y planifica su realización sobre un papel, ha dado el primero de una serie de pasos que le permitirán
convertir ese pensamiento en su contrapartida física.
LAS LEYES QUE CONDUCEN A LA FORTUNA
La Tierra sobre la que usted vive y todas las otras cosas materiales son el resultado de los cambios de la
evolución, mediante los cuales las partículas microscópicas de materia se han organizado y acomodado de
una manera ordenada.
Por otra parte (y esta afirmación es de fundamental importancia), este planeta, cada una de los miles de
millones de células del cuerpo de usted, y cada átomo de materia, empiezan como una forma intangible de
energía.
¡El deseo es el impulso del pensamiento! Los impulsos del pensamiento son formas de la energía. Cuando
empieza a acumular dinero con un impulso del pensamiento, el deseo, usted está poniendo a su servicio el
mismo «material» que la naturaleza empleó para crear este planeta y todas las formas materiales del universo,
incluido el cuerpo y el cerebro en los que los impulsos de pensamiento funcionan.
Usted puede amasar una fortuna mediante la ayuda de leyes que son inmutables. Pero primero debe
familiarizarse con esas leyes, y aprender a usar las. A través de la repetición, y ofreciendo la descripción de
estos principios desde todos los ángulos concebibles, el autor desea revelarle el secreto mediante el cual se
han conseguido todas las grandes fortunas. Por extraño y paradójico que pueda parecer, el «secreto» no es
tal. La propia naturaleza nos lo pone delante, en la Tierra donde vivimos, en las estrellas, en los planetas
suspendidos en sus órbitas, en los elementos que nos rodean, y en todas las formas de vida que tenemos a
nuestro alcance.
Los principios que presentamos a continuación le abrirán el camino a la comprensión de la imaginación.
Asimile los que consiga entender, a medida que lee por primera vez esta manera de ver las cosas; luego,
cuando relea el texto y lo estudie de nuevo, descubrirá que ha pasado algo que clarifica las cosas y le da una
comprensión más amplia de todo. Pero, sobre todo, no se detenga, no dude en sus estudios de estos
principios, hasta que haya leído el libro al menos unas tres veces, porque, para entonces, ya no querrá
detenerse.
CÓMO HACER USO PRÁCTICO DE LA IMAGINACIÓN
Las ideas son el punto inicial de todas las fortunas. Las ideas son productos de la imaginación. Examinemos
algunas bien conocidas que han dado origen a fortunas inmensas, en la esperanza de que estos ejemplos
transmitirán la información precisa de lo que se refiere al método a través del cual se puede utilizar la
imaginación para acumular riquezas.
LA TETERA ENCANTADA
Hace cincuenta años, un viejo médico rural se fue a caballo hasta el pueblo, ató su montura, entró
sigilosamente en la droguería por la puerta trasera y empezó a «regatear» con el joven dependiente. Durante
más de una hora, tras el mostrador, el viejo doctor y el dependiente hablaron en voz baja. Después, el doctor
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salió. Fue hasta el caballo y regresó a la tienda con una gran tetera antigua, y con una paleta de madera (que
se usaba para revolver el contenido de la tetera), y las depositó en la parte trasera de la tienda.
El dependiente inspeccionó la tetera, buscó en su bolsillo interior, sacó un rollo de billetes y se lo alargó al
doctor. El rollo contenía quinientos dólares, ¡todos los ahorros del dependiente! El doctor le dio un trocito de
papel en el que aparecía escrita la fórmula secreta. ¡Las palabras de aquel trozo de papel bien valían el
rescate de un rey! ¡Pero no para el doctor! Esas palabras mágicas eran necesarias para que la tetera
empezara a hervir, pero ni el doctor ni el joven dependiente sabían qué fortunas fabulosas estaban destinadas
a brotar de aquella tetera.
El viejo médico estaba contento de vender esos objetos por quinientos dólares. El dependiente se arriesgaba
mucho apostando todos sus ahorros a un trocito de papel y a una tetera vieja. Nunca había soñado que su
inversión comenzaría con una tetera que rebosaría de oro y que un día sobrepasaría el milagroso fenómeno de
la lámpara de Aladino.
¡Lo que el dependiente había comprado en realidad era una idea!
La vieja tetera, y la cuchara de madera y el mensaje secreto escrito en el trocito de papel eran cosas
incidentales. Las curiosas cualidades de aquella tetera empezaron a manifestarse después de que su nuevo
propietario mezclara, según las instrucciones secretas, un ingrediente sobre el cual el doctor no sabía nada.
Trate de descubrir qué fue lo que el joven añadió al mensaje secreto, que hizo que la tetera rebosara de oro.
Ésta es una historia de hechos, más extraños que la ficción, de hechos que se inician en la forma de una idea.
Echemos una ojeada a las vastas fortunas que esta idea ha producido. Ha rendido, y sigue rindiendo,
fortunas inmensas a hombres y mujeres que se ocu pan de cultivar caña de azúcar y de refinar y comercializar
el azúcar.
La vieja tetera consume, anualmente, millones de botellas, proporcionando trabajo a un enorme número de
trabajadores del vidrio. La vieja tetera da empleo a un ejército de dependientes, taquígrafos, escritores y
expertos en publicidad en toda la nación. Ha obtenido fama y fortuna para muchísimos artistas que han creado
cuadros magníficos que describen el producto.
La vieja tetera ha convertido un pequeño pueblo del sur de los Estados Unidos en la capital sureña de los
negocios, donde ahora beneficia directa o indirectamente cada negocio y casi a cada residente de la ciudad.
La influencia de esta idea beneficia ahora a todas las ciudades civilizadas del mundo, vertiendo un flujo
continuo de oro para todo aquel que la toca.
El oro de la tetera construye y mantiene una de las universidades más importantes del sur de los Estados
Unidos, donde millares de jóvenes reciben el entrenamiento esencial para el éxito.
Si el producto de esa vieja tetera de bronce pudiera hablar, nos contaría escalofriantes historias de novela,
en todos los idiomas. Novelas de amor, novelas de negocios, novelas de hombres y mujeres profesionales,
que se ven estimulados a diario por ese producto. El autor está seguro de una de esas novelas por lo menos,
pues tiene parte en ella, y todo empezó no muy lejos de donde el dependiente le compró al médico la vieja
tetera. Allí fue donde el autor conoció a su esposa, y ella le habló por primera vez de la tetera encantada. Era
el producto de aquella tetera lo que estaban bebiendo cuando él le pidió que lo aceptase «para lo mejor o lo
peor».
Sea usted quien fuere, viva en donde viva, y sea cualquiera la ocupación a la que se dedique, recuerde en el
futuro, cada vez que vea las palabras Coca Cola, que su vasto imperio de riqueza e influencia ha surgido de
una sola idea, y que el misterioso ingrediente con que el dependiente de la droguería -Asa Candler- mezcló la
fórmula secreta era… ¡la imaginación! Deténgase a pensar en ello por un momento.
Recuerde, además, que los pasos hacia la riqueza que se describen en este libro han sido los medios por los
que la influencia de Coca-Cola se ha extendí do a cada ciudad, pueblo, aldea y encrucijada del mundo, y que
cualquier idea que usted pueda crear, tan buena y meritoria como la Coca-Cola, tiene la posibilidad de duplicar
el récord de ese refresco mundialmente difundido.
QUÉ HARÍA YO SI TUVIESE UN MILLÓN DE DÓLARES
Esta historia demuestra la veracidad de aquel antiguo adagio: «Donde hay una voluntad, hay un camino».
Esto me lo decía ese apreciado educador y clérigo, el extinto Frank W. Gunsaulus, que comenzó su carrera de
predicador en los corrales de ganado de la región de Chicago.
Mientras el doctor Gunsaulus estudiaba en la universidad, observó muchos defectos en nuestro sistema
educativo, defectos que creía que podría corregir, si fuera director de un colegio.
Se propuso organizar un nuevo colegio donde llevar a cabo sus propias ideas, sin los obstáculos de los
métodos ortodoxos de la educación. ¡Necesitaba un millón de dólares para poner su proyecto en marcha!
¿Hacia dónde necesitaría tender las manos para obtener semejante suma de dinero? Ésa era la pregunta que
absorbió la mayor parte de las reflexiones de ese joven y ambicioso predicador.
Pero no parecía que consiguiese progreso alguno. Todas las noches se acostaba pensando en lo mismo, y
al día siguiente se levantaba con la misma idea. Siguió dándole vueltas, hasta que se convirtió en una obsesión.
Al ser un filósofo además de un predicador, el doctor Gunsaulus reconocía, tal como todos aquellos que
tienen éxito en la vida, que un propósito definido es el punto inicial desde donde se ha de comenzar. Reconocía,
además, que esa definición del propósito adquiere animación, vida y poder cuando está respaldada por un
deseo ardiente de traducir ese propósito en su equivalente material.
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Él conocía todas esas grandes verdades, y, sin embargo, no sabía dónde, ni cómo encontrar un millón de
dólares. El procedimiento natural hubiera sido ceder y olvidarse del asunto, diciendo: «En fin, mi idea es buena,
pero no puedo hacer nada con ella porque nunca podrá producir un millón de dólares». Eso es exactamente lo
que la mayoría de la gente hubiese dicho, pero no es lo que el doctor Gunsaulus dijo. Lo que dijo e hizo son
cosas tan importantes que ahora se lo presento al lector, para que él mismo sea quien lo explique.
«Un sábado por la mañana me senté en mi habitación pensando maneras de conseguir el dinero necesario
para llevar a cabo mis planes. Durante casi dos años había estado pensando, ¡pero no había hecho otra cosa
que pensar!
»¡Había llegado el momento de la acción!
»En aquel momento decidí que reuniría ese millón de dólares en el plazo de una semana. ¿Cómo? Eso no
me preocupaba. Lo más importante era la decisión de conseguirlo en un plazo determinado, y quiero destacar
que en el instante en que alcancé esa decisión, una extraña sensación de seguridad se apoderó de mí, de una
manera que jamás había experimentado. Algo en mi interior parecía decir: “¿Por qué no has tomado esa
decisión antes? Hace tiempo que ese dinero te espera”.
»Los acontecimientos se precipitaron. Llamé a los periódicos y anuncié que a la mañana siguiente
pronunciaría un sermón titulado “Qué haría si tuviese un millón de dólares”.
»Me puse a trabajar de inmediato en el sermón, pero debo decir, con franqueza, que la tarea no era difícil,
porque había estado preparándolo durante casi dos años.
»Mucho antes de la medianoche lo había terminado. Me fui a la cama y me dormí con un sentimiento de
confianza, porque podía verme a mí mismo en posesión del millón de dólares.
»A la mañana siguiente me levanté temprano, me metí en el baño, leí el sermón y me arrodillé para pedir que
mi sermón despertara la atención de alguien que me proporcionase el dinero que necesitaba.
»Mientras estaba rezando volví a sentir la seguridad de que el dinero estaba a punto de aparecer. En mi
excitación, salí sin el sermón, y no descubrí mi descuido hasta que estuve en el púlpito, dispuesto a leerlo.
»Era demasiado tarde para volver por mis notas, ¡y fue una suerte que no pudiese hacerlo! En vez de las
notas, mi propio subconsciente me proporcionó el material que necesitaba. Cuando me puse de pie pronunciar
mi sermón, cerré los ojos y hablé con todo el corazón y el alma de mis sueños. No sólo hablé para mi
audiencia, también me dirigí a Dios. Dije lo que haría con un millón de dólares, si Alguien me pusiera esa suma
en las manos. Describí el plan que había ideado para organizar una gran institución educacional, en la que la
gente joven aprendería a hacer cosas prácticas, al mismo tiempo que acumulaban conocimientos.
»Cuando terminé y me senté, un hombre se levantó lentamente de su asiento, a unas tres filas de los
asientos traseros, y se acercó al púlpito. Me pregunté qué pensaría hacer. Entró en el púlpito, me tendió la
mano y me dijo: “Reverendo, su sermón me ha gustado. Creo que puede hacer todo lo que usted ha dicho que
haría si tuviera un millón de dólares. Para demostrarle que creo en usted y en su sermón, si viene a mi oficina
mañana por la mañana, le daré el millón de dólares. Me llamo Phillip D. Armour”.»
El joven Gunsaulus acudió a la oficina del señor Armour y le dieron el millón de dólares. Con ese dinero
fundó el Armour Institute of Technology, que en la actualidad se conoce como Illinois Institute of Technology.
El millón de dólares necesario surgió como resultado de una idea. Detrás de esa idea estaba el deseo que el
joven Gunsaulus había abrigado en su interior durante casi dos años.
Observe este importante hecho: consiguió el dinero al cabo de treinta y seis horas de haber alcanzado la
decisión definitiva de obtenerlo ¡y de decidir un plan definido para ello!
No había nada nuevo ni peculiar en la vaga idea del joven Gunsaulus en lo que se refería al millón de
dólares, y en sus débiles deseos de conseguirlo. Otros antes que él, y muchos más desde entonces, han
tenido pensamientos similares. Pero hubo algo muy especial y diferente en cuanto a la decisión que alcanzó
aquel sábado memorable, cuando dejó de lado toda indecisión, y se dijo, convencido: «Conseguiré ese dinero
en el plazo de una semana». Además, ¡el principio por el cual el doctor Gunsaulus obtuvo el millón de dólares
todavía tiene vi gencia! ¡Está a su disposición! La ley universal funciona hoy con tanta eficacia como cuando el
joven predicador la empleó de manera tan provechosa.
CÓMO TRANSMUTAR LAS IDEAS EN DINERO EFECTIVO
Observe que Asa Candler y el doctor Frank Gunsaulus tenían una característica en común. Ambos conocían
la sorprendente verdad de que las ideas se pueden transmutar en dinero efectivo por medio del poder de un
propósito definido, y de unos planes concretos.
Si usted es de los que creen que el trabajo duro y la honradez, por sí solos, le proporcionarán riqueza, ¡está
muy equivocado! La riqueza, cuando aparece en grandes cantidades, nunca es sólo como resultado del
trabajo duro. Cuando aparece, la riqueza es el resultado de exigencias definidas, basadas en la aplicación de
planes definidos, y nunca se debe a la suerte ni al azar.
Una idea es un impulso de pensamiento que incita a la acción por medio de un llamamiento a la imaginación.
Todos los vendedores expertos saben que, cuando las mercaderías no se pueden vender, las ideas sí. Los
vendedores del montón lo ignoran, y, precisamente por eso, son «del montón».
Un editor de libros baratos hizo un descubrimiento de gran valor para todos los editores en general. Aprendió
que mucha gente compra el título y no el contenido de los libros. Por el solo hecho de cambiar el título a un
libro que no se vendía, sus ventas aumentaron en más de un millón de ejemplares. Las «tripas», como es
llamada en la jerga de los editores la parte que queda entre las cubiertas, no habían cambiado. Se limitaron a
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arrancar las cubiertas en que figuraba el título que no se vendía, para aplicar a los ejemplares una cubierta
nueva con un título que tenía un valor más «taquillero». Por sencilla que pueda parecer, ¡ésa era una
verdadera idea! Era imaginación.
No existe un precio estándar para las ideas. El creador de ideas pone su propio precio, y, si es listo, logra
imponerlo.
La historia de casi cada fortuna comienza el día en que el creador y el vendedor de ideas se conocen y
empiezan a trabajar en armonía. Carnegie se rodeó de hombres capaces de todo lo que él no podía hacer,
hombres que creaban ideas, y hombres que ponían esas ideas en práctica, y tanto él como los demás llegaron
a ser fabulosamente ricos.
Hay millones de personas que se pasan la vida esperando un «golpe de suerte» favorable. Tal vez eso
pueda proporcionarnos una oportunidad, pero el plan más seguro consiste en no depender de la suerte. Un
«golpe de suerte» favorable fue lo que me ofreció la mejor oportunidad de mi vida, pero tuve que dedicar
veinticinco años de esfuerzos en una misma dirección para que esa oportunidad se convirtiese en algo real.
El «golpe de suerte» consistió en conocer a Andrew Carnegie y obtener su cooperación. En aquella ocasión,
Carnegie me sugirió la idea de organizar los principios de los logros y los triunfos en una filosofía del éxito.
Miles de personas han aprovechado los descubrimientos que se han hecho durante estos últimos veinticinco
años de investigación, y se han acumulado varias fortunas mediante la aplicación de esta filosofía. El comienzo
fue sencillo. Era una idea que cualquiera hubiera podido poner en práctica.
El golpe de suerte favorable surgió con Carnegie, pero ¿qué hay de la determinación, la definición de los
propósitos y el deseo de alcanzar el objetivo, y el esfuerzo perseverante de veinticinco años? No era un deseo
ordinario el que sobrevivió a los contratiempos, a los desalientos, a los fracasos temporales, a las críticas y a
los constantes recordatorios de que aquello era una «pérdida de tiempo». ¡Era un deseo ardiente! ¡Una
obsesión!
Cuando Carnegie me sugirió la idea por primera vez, fue alimentada, alentada y abrigada para mantenerla
viva. Gradualmente, la idea llegó a ser gigante por su propio poder, y entonces me alimentó, me alentó y me
condujo. Las ideas son así. Primero nosotros les damos vida, acción y orientación, y luego ellas adquieren su
propio poder y arrasan con cualquier tipo de oposición.
Las ideas son fuerzas intangibles, pero tienen más poder que el cerebro físico en donde nacen. Tienen el
poder de seguir viviendo, aun después de que el cerebro que las ha creado haya regresado al polvo.

Piense y Hagase Rico – Capitulo 5

Piense y Hagase Rico – Capitulo 5

E L CONOCIMIENTO ESPECIALIZADO
EXPERIENCIAS PERSONALES U OBSERVACIONES
El cuarto paso hacia la riqueza
Hay dos clases de conocimiento. Uno es el conocimiento general; el otro, el especializado. El conocimiento
general, con independencia de lo vasto y variado que pueda ser, no resulta muy útil en la acumulación de
dinero. Las facultades de las grandes universidades poseen, en conjunto, casi todas las formas del
conocimiento general al alcance de la civilización. La mayoría de los profesores no tienen mucho dinero. Se
especializan en enseñar el conocimiento, pero no se especializan en la organización de ese conocimiento ni en
su empleo.
El conocimiento no atraerá el dinero, a menos que esté organizado e inteligentemente dirigido mediante
planes prácticos de acción, para el objetivo preciso de la acumulación de dinero. La falta de comprensión de
este hecho ha sido una fuente de confusión para millones de personas que creen equivocadamente que «el
conocimiento es poder». ¡Ni hablar! El conocimiento es sólo poder en potencia. únicamente se convierte en
poder si está organizado en planes definidos de acción y dirigido hacia un objetivo determinado.
El «eslabón perdido» de todos los sistemas educativos se puede encontrar en el fracaso de las instituciones
educacionales en enseñar a sus estudiantes cómo organizar y usar ese conocimiento una vez que lo han
adquirido.
Muchas personas cometen el error de suponer que, porque Henry Ford tenía pocos «estudios», no era un
hombre «educado». Los que cometen este error no comprenden el significado real de la palabra «educado».
Esa palabra deriva de la palabra latina educo, que significa sacar, extraer, adquirir de dentro.
Un hombre educado no es, necesariamente, alguien que tiene abundancia de conocimientos generales o
especializados. Un hombre educado es el que ha cultivado las facultades de su mente de tal manera que
puede adquirir cualquier cosa que se proponga, o su equivalente, sin violar los derechos de los demás.
EL «IGNORANTE» QUE AMASÓ UNA FORTUNA
Durante la Primera Guerra Mundial, un periódico de Chicago publicó ciertos editoriales en los que, entre otras
cosas, a Henry Ford -se le llamaba «ignorante pacifista». El señor Ford objetó esas afirmaciones y entabló un
pleito por difamación contra el periódico. Cuando el juicio tuvo lugar, los abogados del periódico exigieron una
justificación y llamaron al propio señor Ford al banquillo de los testigos, con el propósito de demostrarle al
jurado que era un ignorante. Los abogados le hicieron a Ford una gran variedad de preguntas, todas dirigidas a
demostrar de manera evidente que, si bien quizá poseyese una cantidad considerable de conocimientos
especializados en lo que se refería a la fabricación de automóviles, básicamente era un ignorante.
A Ford le hicieron preguntas del estilo de: «¿Quién fue Benedict Arnold?», y «¿Cuántos soldados enviaron
los británicos a las colonias americanas para sofocar la rebelión de 1776?». En respuesta a esta última
pregunta, el señor Ford replicó: «Ignoro la cantidad exacta de soldados que los británicos enviaron, pero he
oído decir que fue una cifra considerablemente mayor que la de los que regresaron».
Al final, el señor Ford acabó por cansarse de ese tipo de preguntas, y, para contestar una particularmente
ofensiva, se inclinó hacia adelante, señaló con el dedo al abogado que había hecho la pregunta y dijo: «Sí de
veras quisiera responder la pregunta tonta que acaba de hacerme, o cualquiera de las otras que me ha hecho,
permítame recordarle que en mi escritorio tengo una hilera de botones y que apretando el adecuado puedo
llamar en mi auxilio a hombres capaces de responder cualquier pregunta que quiera hacerles en lo que
concierne al negocio al que he dedicado casi todos mis esfuerzos. Ahora dígame para qué necesito llenarme la
cabeza con conocimientos generales, con el fin de contestar preguntas, cuando dispongo de hombres a mi
alrededor que pueden proporcionarme cualquier conocimiento que les pida».
Indudablemente, ésa fue una respuesta con mucha lógica.
Y dejó confundido al abogado. Todas las personas que había en la sala se dieron cuenta de que no era la
contestación de un ignorante, sino de un hombre educado. Cualquier hombre es educado si sabe dónde
adquirir el conocimiento cuando lo necesita, y cómo organizar ese conocimiento en planes definidos de acción.
Mediante la asistencia de sus «equipos de trabajo», Henry Ford tenía a su alcance todo el conocimiento que
necesitó para convertirse en .uno de los hombres más ricos de Estados Unidos. No era esencial que tuviese
esos conocimientos en la mente.
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USTED PUEDE OBTENER TODO EL CONOCIMIENTO QUE NECESITE
Antes de que pueda estar seguro de su capacidad para transmutar el deseo en su equivalente monetario,
usted necesitará conocimientos especializados del servicio, mercancía o profesión que se propone ofrecer a
cambio de su fortuna. Quizá necesite muchos más conocimientos especializados de los que tiene capacidad o
inclinación para adquirir, y, en ese caso, podrá superar su debilidad a través de la ayuda de su «equipo de
trabajo».
La acumulación de grandes fortunas requiere poder, y éste se adquiere mediante el conocimiento
especializado, inteligentemente dirigido y organizado, pero esos conocimientos no tienen por qué estar en
posesión de la persona que acumula la fortuna.
El párrafo precedente debe dar ánimos y esperanza al hombre con la ambición de acumular una fortuna, que
no ha adquirido la «educación» necesaria para emplear ese conocimiento especializado como probablemente
necesite. Los hombres a veces pasan por esta vida sufriendo «complejos de inferioridad» porqué no son
hombres «educados». El hombre que pueda organizar y dirigir un «equipo de trabajo», un grupo de hombres
que posee conocimientos útiles para la acumulación de dinero, es un hombre tan educado como cualquiera de
los que componen el grupo.
Thomas A. Edison tuvo sólo tres meses de «escolarización» durante toda su vida. No le faltó educación, ni
murió pobre.
Henry Ford no llegó al sexto curso de la escuela primaria, pero se las arregló muy bien en el plano
económico.
El conocimiento especializado es uno de los servicios más abundantes y baratos a nuestro alcance. Si usted
no está muy convencido de ello, consulte el tablón de anuncios de cualquier universidad.
CONVIENE SABER CÓMO OBTENER CONOCIMIENTOS
Antes que nada, decida el tipo de conocimientos especializados que necesita, y la razón de esa necesidad.
En gran medida, el propósito primordial de su vida, el objetivo por el que usted se está esforzando, lo ayudará
a determinar qué conocimientos necesita. Con esta pregunta planteada, su próximo paso requiere que usted
tenga información precisa sobre fuentes de información fiables. Las más importantes son:
a) Las propias experiencias y educación.
b) Experiencia y educación disponibles a través de la cooperación de otras personas («equipos de trabajo»).
c) Escuelas técnicas y universidades.
d) Bibliotecas públicas (libros y publicaciones periódicas donde se pueden encontrar todos los conocimientos
organizados por la civilización).
e) Cursos especiales de aprendizaje (en escuelas nocturnas y academias por correspondencia). A medida
que los conocimientos se van adquiriendo, deben organizarse con el fin de emplearlos para un propósito
definido, mediante planes prácticos. El conocimiento no tiene otro valor que el que se puede aprovechar de su
aplicación en aras de un objetivo valioso.
Si usted considera la posibilidad de cursar estudios adicionales, determine la finalidad por la que desea esos
conocimientos que está buscando, y luego averigüe dónde pueden obtenerse ese tipo de conocimientos, de
fuentes fiables.
En todos los niveles sociales, las personas que tienen éxito nunca dejan de adquirir conocimientos
especializados, relacionados con su objetivo principal, negocio o profesión. Aquellos que no tienen éxito suelen
cometer el error de creer que la etapa de adquisición de conocimientos acaba cuando uno termina la escuela.
La verdad es que la escuela hace muy poco más que mostrarnos el camino de cómo adquirir conocimientos
prácticos.
¡La orden del día es la especialización! Esta verdad fue puesta de relieve por Robert P. Moore, antiguo
director de empleo de la Universidad de Columbia, en un artículo periodístico.
Los especialistas más buscados
Los candidatos más buscados por las agencias de empleo son personas que se han especializado en algún
campo: diplomados en escuelas empresariales que tengan experiencia en contabilidad y estadística,
ingenieros de todo tipo, periodistas, arquitectos, químicos, y también líderes destacados y hombres mayores,
enérgicos y activos.
El hombre que ha sido activo durante sus estudios, cuya personalidad le permite llevarse bien con toda clase
de gente y que ha hecho un trabajo adecuado con sus estudios, tiene un perfil más favorable que el estudiante
más estrictamente académico. Algunos, gracias a sus múltiples y variadas cualificaciones, han recibido
variadas ofertas de trabajo, y varios, hasta seis.
En una carta al señor Moore, en relación con posibles egresados de su universidad, una de las mayores
compañías industriales, líder en su campo, decía: «Estamos interesados sobre todo en encontrar hombres
capaces de lograr progresos excepcionales en niveles de gerencia. Por esta razón prestamos particular
atención a cualidades de carácter, inteligencia y personalidad, por encima de formaciones educacionales
específicas».
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Proposición de «aprendizaje»
Al proponer un sistema de «aprendizaje» para estudiantes en oficinas, tiendas y ocupaciones industriales
durante las vacaciones de verano, el señor Moore afirmaba que, después de dos o tres meses de estudios
universitarios, a cada estudiante hay que pedirle que elija un curso determinado para el futuro, o que abandone
los estudios si no ha hecho más que derivar sin propósito definido por su curriculum sin especialización académica.
«Los colegios y las universidades tienen que afrontar la consideración práctica de que todas las profesiones
y ocupaciones hoy en día exigen especialistas», decía, tratando de fomentar el hecho de que las instituciones
educacionales acepten más directamente la responsabilidad de la orientación vocacional.
Una de las fuentes más fiables y prácticas de conocimientos al alcance de aquellos que necesitan educación
especializada son las escuelas nocturnas, que funcionan en muchas ciudades grandes. La enseñanza por
correspondencia proporciona conocimientos especializados en cualquier sitio adonde llegue el correo, y sobre
todos los temas que se pueden tratar por el método de enseñanza a distancia. Una de sus ventajas es la
flexibilidad del programa, que permite estudiar durante el tiempo libre. Otra ventaja de trabajar en casa (si se
ha elegido una academia adecuada) es el hecho de que la mayor parte de los cursos que las academias de
enseñanza por correo ofrecen incluyen generosos privilegios de consulta que pueden ser muy valiosos para el
que necesita conocimientos especializados. Con independencia del lugar de residencia, uno puede aprovechar
esas ventajas.
UNA LECCIÓN DE UNA AGENCIA DE COBROS
Por lo general nunca se aprecia lo que se adquiere sin esfuerzo, y sin coste alguno, y muchas veces se lo
desacredita; tal vez ésta sea una de las razones por las que aprovechamos tan poco de nuestra maravi llosa
oportunidad en las escuelas públicas. La autodisciplina que uno recibe de un programa de estudios
especializados compensa hasta cierto punto la oportunidad desperdiciada cuando el conocimiento estaba a
nuestro alcance, gratis. Las escuelas por correspondencia son instituciones comerciales muy organizadas. Sus
tarifas de matrícula y de enseñanza suelen ser tan bajas que se ven forzadas a insistir en la puntualidad y
obligatoriedad de los pagos. El verse obligado a pagar, al margen de que se obtengan buenas notas o no, tiene
sobre el estudiante el efecto de seguir adelante con el curso, incluso cuando preferiría dejarlo. Las escuelas
por correspondencia no han resaltado lo suficiente este punto, pero lo cierto es que sus departamentos de
cobro constituyen la clase más exquisita de entrenamiento en aspectos tales como decisión, prontitud y el hábito
de terminar lo que uno empieza.
Aprendí eso por experiencia propia hace ya más de cuarenta y cinco años. Me matriculé en un curso por
correspondencia sobre publicidad. Después de haber terminado ocho o diez lecciones, dejé de estudiar, pese a
lo cual la escuela no dejó de enviarme las facturas. Es más, insistió en que yo efectuara mis pagos al margen
de si continuaba estudiando o no. Decidí que, puesto que debía pagar de todos modos un curso (a lo que me
había comprometido legalmente), completaría las lecciones y obtendría por ellas el valor de mi dinero. En
aquellos momentos tuve la impresión de que el sistema de cobro de la escuela estaba demasiado bien
organizado, pero más tarde aprendí en la vida que eso formó una parte valiosa de mi entrenamiento, para la
cual no había tenido que pagar nada. Al verme obligado a pagar, seguí adelante y terminé el curso en cuestión.
Más tarde descubrí que el eficiente sistema de pago de aquella escuela también fue provechoso para mí,
puesto que acabé por recuperar con creces el dinero pagado, ganándolo gracias al curso de publicidad que
había terminado tan de mala gana.
EL CAMINO HACIA EL CONOCIMIENTO ESPECIALIZADO
Se dice que en Estados Unidos existe el sistema de escuela pública mayor del mundo. Una de las cosas más
extrañas acerca de los seres humanos es que sólo valoramos aquello que tiene un precio. Precisamente
porque son gratuitas, las escuelas y bibliotecas públicas gratuitas de Estados Unidos no impresionan a la gente.
Ésa es la razón principal por la que a muchas personas les parece que es necesario adquirir conocimientos
adicionales después de haber abandonado la escuela e iniciado la vida laboral. También es una de las razones
principales por las que los patronos dan una mayor consideración a aquellos empleados que se matriculan en
cursos por correspondencia. Saben por experiencia propia que cualquier persona que tenga la ambición de
emplear una parte de su tiempo libre para estudiar en casa, posee esas cualidades que son necesarias para el
liderazgo.
Hay en la gente una debilidad para la que no existe remedio alguno. ¡Es la debilidad universal de la falta de
ambición! Las personas, en especial las asalariadas, que programan su tiempo libre para dedicarse a estudiar
en casa, raras veces permanecen durante mucho tiempo en los puestos inferiores. Su acción les abre el
camino hacia la posibilidad de ascender, les elimina numerosos obstáculos de ese camino y les permite
ganarse el amistoso interés de quienes tienen el poder de situarlos en el camino de la oportunidad.
El método de estudiar en casa para obtener conocimientos resulta especialmente adecuado para las
necesidades de las personas asalariadas que, tras haber abandonado la escuela, sienten la necesidad de
adquirir conocimientos especializados, pero que no disponen de tiempo libre para volver a la escuela.
Stuart Austin Wier se preparó como ingeniero de la construcción y siguió esta línea de trabajo hasta que la
Depresión limitó su mercado al punto de que ya no podía ganar los ingresos que necesitaba. Entonces hizo un
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inventario de sí mismo, y decidió cambiar de profesión y pasarse al Derecho. Volvió a la escuela y siguió
cursos especiales mediante los que se preparó como abogado mercantil. Completó su preparación, y pasó los
exámenes finales para obtener el título. A partir de ahí no tardó en labrarse una carrera muy lucrativa con la
práctica de la abogacía.
Sólo para dejar las cosas bien claras, y para anticiparme a las justificaciones de quienes dirían: «Yo no
podría ir a la escuela porque tengo que mantener a una familia», o bien: «Soy demasiado viejo para esas
cosas», añadiré que el señor Wier tenía más de cuarenta años y estaba casado cuando regresó a la escuela a
estudiar. Al seleccionar cursos altamente especializados en las universidades que estaban mejor preparadas
para enseñar los temas elegidos, el señor Wier completó en dos años el trabajo para el que la mayoría de los
estudiantes de leyes necesitan emplear cuatro. ¡Vale la pena saber cómo adquirir el conocimiento!
UNA IDEA SENCILLA QUE DIO RESULTADO
Consideremos un caso específico.
Un vendedor de una charcutería se encontró de pronto sin empleo. Como tenía un poco de experiencia en
teneduría de libros, se matriculó en un curso de contabilidad especial, se familiarizó con las últimas novedades
en teneduría y equipos de oficina, y se puso a trabajar por su cuenta. Empezó con el charcutero para el que
había estado trabajando, e hizo contratos con más de 100 pequeños comerciantes para llevarles la
contabilidad, cobrándoles una tarifa mensual muy baja. Su idea era tan práctica que pronto empezó a
prepararse una oficina portátil en un pequeño camión de reparto, equipado con máquinas modernas de
teneduría de libros. En la actualidad dispone una «flota» de estas oficinas rodantes, y cuenta con un extenso
equipo de ayudantes, y así puede proporcionar a los pequeños comerciantes un servicio de contabilidad
equivalente a los mejores, a un precio muy conveniente.
El conocimiento especializado, sumado a la imaginación, fue el ingrediente de este negocio peculiar y
provechoso. El año pasado, el propietario de ese negocio pagó en impuestos sobre la renta casi diez veces
más de lo que el charcutero para quien trabajaba le pagaba cuando perdió su trabajo.
¡El comienzo de ese provechoso negocio fue una idea!
Ya que yo tuve el privilegio de proporcionarle esa idea al vendedor sin empleo, me tomo ahora el privilegio
mayor de sugerir otra idea que entraña la posibilidad de ingresos todavía mayores.
Ésta me la sugirió el vendedor que dejó las ventas para meterse en el negocio de la teneduría de libros como
ocupación principal. Cuando le sugerí ese plan como solución a su problema de desempleo, exclamó en
seguida:
-Me gusta la idea, pero no sabría cómo convertirla en dinero efectivo.
En otras palabras, se estaba quejando de que no sabía cómo comercializar sus conocimientos de contabilidad
después de haberlos adquirido.
Así, eso generaba otro problema que había que resolver. Con la ayuda de una joven mecanógrafa que podía
escribir toda la idea, preparó un librito muy atractivo donde se describían las ventajas del nuevo sistema de
teneduría de libros. Las páginas se hallaban cuidadosamente mecanografiadas y pegadas en un álbum que se
usaba como una especie de vendedor mudo, donde la historia de este nuevo negocio se relataba con tanta
eficacia que muy pronto su propietario empezó a tener más clientes de los que podía atender.
UN PLAN EFICAZ PARA DAR CON EL TRABAJO IDEAL
Hay miles de personas en todo el país que necesitan los servicios de un especialista en ventas capaz de
prepararles un curriculum atractivo para ofrecer sus servicios personales.
La idea que se describe aquí nació de la necesidad de subsanar una emergencia que había que superar,
pero no le ha sido útil sólo a esa persona. La mujer que creó la idea tenía una imaginación brillante. En su idea
recién nacida vio una nueva profesión que serviría a los miles de personas que necesitan asesoramiento
práctico para vender sus servicios personales.
Impulsada a la acción por el éxito instantáneo de su primer «plan para vender servicios personales», esta
enérgica mujer se abocó a la solución de un problema similar para un hijo suyo que acababa de salir de la
universidad, pero que había sido incapaz de encontrar una manera de ofrecer sus servicios. El plan que ella
ideó para que el joven se empleara ha sido el mejor plan para vender servicios personales que yo haya visto
jamás.
Cuando completó el curriculum, contenía cincuenta páginas de información mecanografiada, perfectamente
organizada, que contaba la historia de las ca pacidades innatas de su hijo, sus estudios, sus experiencias
personales, y una gran variedad de otras informaciones demasiado extensas para describirlas. El curriculum
también contenía una descripción completa del puesto de trabajo que su hijo deseaba, y un esquema del plan
que pondría en práctica para alcanzar ese puesto.
La preparación del libro del curriculum requirió varias semanas de trabajo, durante las cuales su creador
enviaba a su hijo a la biblioteca pública casi todos los días a buscar datos que ella necesitaba para preparar el
plan de venta de sus servicios. También lo enviaba a visitar a todos sus competidores para el empleo, y de
ellos reunió información vital en lo concerniente a sus métodos de venta, que fue de gran valor en la formación
del plan que intentaba usar para alcanzar la posición que buscaba. Cuando el plan quedó terminado, contenía
más de media docena de excelentes sugerencias para uso y beneficio del aspirante al trabajo.
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NO HAY POR QUÉ EMPEZAR DESDE ABAJO
Uno podría sentirse tentado de preguntar: «¿Por qué todas estas complicaciones para asegurarse un
trabajo?».
La respuesta es: «¡Hacer bien una cosa nunca es una complicación!». El plan que esa mujer preparó para
beneficio de su hijo ayudó a éste a conseguir el trabajo para el que se había presentado, en la primera
entrevista, con el salario que él mismo había estipulado.
Además (y esto también es importante), ese puesto no requería que el joven empezara desde abajo.
Comenzó como ejecutivo junior, con un salario de ejecutivo.
Pero, ¿por qué todos esos problemas?
Por una razón: la presentación planificada con que solicitó ese trabajo le ahorró no menos de diez años del
tiempo que le hubiera hecho falta para llegar al puesto desde el que ahora empezaba si hubiese «empezado
desde abajo».
La idea de empezar desde abajo y forjarse el propio camino puede parecer buena, pero la principal objeción
que se le puede hacer es que son demasiados los que empiezan desde abajo y nunca se las arreglan para
asomar la cabeza lo bastante arriba como para que la oportunidad los vea, de modo que se quedan abajo.
También hay que recordar que la perspectiva que se observa desde abajo no es ni muy brillante ni muy
estimulante. Tiene tendencia a matar la ambición. Es lo que llamamos «el recorrido de la noria», lo que
significa que aceptamos nuestro destino porque nos formamos el hábito de la rutina diaria, un hábito que llega
a ser tan fuerte que acabamos por no intentar ya sustraernos a él. Y ésa es
otra razón por la que conviene empezar dos o tres escalones por encima del de «abajo». Al hacerlo de este
modo, uno se forma el hábito de estar atento al entorno, de observar cómo progresan los demás, de buscar la
oportunidad y de no dejarla escapar.
HAGA QUE EL TRABAJO INSATISFACTORIO FUNCIONE A SU FAVOR
Dan Halpin es un ejemplo espléndido de lo que voy a explicar. Durante sus años de universidad, trabajó
como manager del famoso equipo de fútbol Notre Dame, que fue campeón nacional en 1930, cuando se
hallaba bajo la dirección del finado Knute Rockne. Halpin terminó sus estudios universitarios en un momento
sumamente desfavorable, pues la Depresión había creado una grave escasez de trabajo, así que, después de
aventurarse un poco en las inversiones y en el mundo del cine, aprovechó la primera oportunidad con un futuro
potencial, vendiendo audífonos a comisión. Cualquiera podía empezar en un trabajo así, y Halpin lo sabía, pero
ese trabajo le bastó para abrir las puertas a la oportunidad.
Durante casi dos años siguió haciendo lo mismo a disgusto, y nunca hubiera progresado si no hubiese hecho
algo con respecto a su insatisfacción. En un principio aspiró al puesto de gerente de ventas de su compañía, y
obtuvo el trabajo. Aquel paso hacia arriba lo puso lo bastante por encima de los demás como para permitirle
ver una oportunidad todavía mayor. Además, lo colocó en un lugar donde también la oportunidad podía verlo.
Alcanzó una cifra tan elevada de ventas de audífonos, que A. M. Andrews, el directivo principal de
Dictograph Products Company, una empresa competidora de la compañía para la que Halpin trabajaba, quiso
conocer a ese hombre llamado Dan Halpin, que estaba aumentando tanto las ventas de la Dictograph
Company. Mandó llamar a Halpin. Cuando la entrevista terminó, Halpin era el nuevo gerente de ventas de la
Acousticon Division. Entonces, para poner a prueba los bríos del joven Halpin, Andrews se fue durante tres
meses a Florida, dejándolo solo, a ver si nadaba o se hundía. ¡Pero no se hundió! La filosofía de Knute Rockne
de que «todos adoran al ganador, pero no tienen tiempo para el perdedor», lo inspiró para esforzarse tanto en
su trabajo que lo eligieron vicepresidente de la compañía, un puesto que muchos hombres estarían muy
orgullosos de alcanzar tras diez años de leales esfuerzos. Halpin consiguió eso en poco más de seis meses.
Uno de los puntos importantes que intento destacar con esta forma de ver las cosas es que escalamos hasta
las posiciones más elevadas o nos quedamos abajo debido a condiciones que podemos controlar, si lo
deseamos.
SUS SOCIOS PUEDEN SER INAPRECIABLES
También estoy tratando de poner de relieve otro asunto, y es el siguiente: ¡tanto el éxito como el fracaso son,
en gran medida, el resultado de la costumbre! No me cabe la menor duda de que la estrecha asociación de
Dan Halpin con el mejor equipo de Estados Unidos plantó en la mente de Halpin el mismo tipo de deseo por
destacar que hizo del Notre Dame un equipo mundialmente famoso. Desde luego, hay algo en la idea del culto
al líder que resulta útil, en el supuesto de que uno admire a los ganadores.
Mí creencia en la teoría de que las asociaciones comerciales son factores vitales, tanto en el fracaso como
en el éxito, fue claramente demostrada cuan do mi hijo Blair estuvo negociando con el señor Halpin su puesto
de trabajo. Halpin le ofreció un salario inicial de más o menos la mitad de lo que hubiera obtenido en una
compañía rival. Yo ejercí mi presión como padre para inducirlo a aceptar su trabajo junto a Halpin, porque
estoy convencido de que la estrecha asociación con alguien que se niega a comprometerse con circunstancias
que no son de su agrado es un bien que nunca se puede calcular en dinero.
Estar «abajo» es hallarse en un sitio pesado, inaprovechable y monótono para cualquiera. Por eso me he
tomado tiempo para describir la forma en que los comienzos desde abajo se pueden eludir con una adecuada
planificación.
32
HAGA QUE SUS IDEAS RINDAN BENEFICIOS POR MEDIO DEL CONOCIMIENTO ESPECIALIZADO
La mujer que preparó el «Plan de ventas de servicios personales» para su hijo recibe ahora cartas de todas
las partes del país en las que le piden su cooperación para preparar planes similares para otros que desean
vender sus servicios personales por más dinero.
No debe suponerse que su plan consista sólo en una política de ventas inteligente, mediante la cual ayuda a
hombres y a mujeres a pedir y recibir más dinero por los mismos servicios por los que hasta ahora habían
ganado menos. Se hace cargo de los intereses del contratante, además de los del vendedor de los servicios
personales, y prepara sus planes para que el empleador reciba un valor rotundo por el dinero adicional que
paga.
Si usted tiene imaginación, y busca una salida más aprovechable para sus servicios personales, esta
sugerencia puede ser el estímulo que ha estado buscando. La idea es capaz de proporcionarle unas entradas
mucho mayores que las del médico, el ingeniero o el abogado «estándar», cuya educación ha requerido varios
años de universidad.
¡No existe un precio fijo para las buenas ideas! Detrás de todas las ideas hay conocimientos especializados.
Por desgracia, para aquellos que no encuentran riqueza en abundancia, el conocimiento especializado es más
abundante y se adquiere con más facilidad que las ideas. Debido a esta verdad universal, hay una gran
demanda y oportunidades cada vez mayores para las personas capaces de ayudar a hombres y mujeres a
vender ventajosamente sus servicios personales. La capacidad entraña imaginación, cualidad necesaria para
combinar los conocimientos especializados con las ideas en forma de planes organizados, pensados para
alcanzar la riqueza.
Si usted tiene imaginación, este capítulo puede presentarle una idea que alcance para servirle como
comienzo de las riquezas que desea. Recuerde que la idea es la pieza principal. Los conocimientos especializados
se pueden encontrar a la vuelta de la esquina, ¡de cualquier esquina!

Piense y Hágase Rico – Capítulo 4

Piense y Hágase Rico – Capítulo 4

LA AUTOSUGE S T IIÓN
EL VEHÍCULO PARA INFLUIR EN EL SUBCONSCIENTE
El tercer paso hacia la riqueza
Autosugestión es un término que se aplica a todas las sugestiones y a todos los estímulos autoadministrados
que alcanzan la propia mente a través de los cinco sentidos. Dicho de otro modo, la autosugestión es la
sugestión de uno mismo. Es el agente de comunicación entre esa parte de la mente donde la parte consciente
tiene lugar y aquella otra que sirve de asiento de la acción para el subconsciente.
A través de los pensamientos dominantes que uno permite que permanezcan en la mente consciente (que
estos pensamientos sean positivos o negativos no altera el mecanismo), el principio de la autosugestión
alcanza voluntariamente el subconsciente e influye por su intermedio en esos pensamientos.
La naturaleza ha creado al hombre de tal manera que tenga control absoluto sobre el material que llega a su
subconsciente, a través de sus cinco sentidos, aunque esto no significa que deba interpretarse como una
25
afirmación de que el hombre siempre ejercite ese control. En casi todos los casos, no lo ejercita, y ello explica
por qué tanta gente vive en la pobreza.
Recuerde lo que se ha dicho sobre la semejanza del subconsciente con un jardín fértil, en donde las . hierbas
crecen en abundancia, si no se siembran semillas de plantas más deseables. La autosugestión es el agente de
control a través del cual un individuo puede alimentar voluntariamente su subconsciente con pensamientos de
naturaleza constructiva o, por negligencia, permitir que los pensamientos de naturaleza destructiva se infiltren
en ese rico jardín de la mente.
VEA Y SIENTA EL DINERO EN SUS MANOS
En los últimos seis pasos descritos en el capítulo sobre el deseo, usted ha recibido instrucciones para que
lea en voz alta dos veces por día el enunciado escrito de su deseo de dinero, y para que se vea y se sienta ya
en posesión del mismo. Al seguir esas instrucciones, usted comunica el objeto de su deseo directamente a su
subconsciente en un estado de fe absoluta. Mediante la repetición de este procedimiento, usted crea con su
voluntad hábitos de pensamiento que son favorables a sus esfuerzos para transmutar el deseo en su
equivalente monetario.
Retroceda a esos seis pasos que se describen en el capítulo dos, para releerlos con mucha atención antes
de seguir adelante. Luego (cuando llegue a esa parte), lea con atención las cuatro instrucciones para la
organización de su «equipo de trabajo», que se describen en el capítulo sobre la planificación organizada. Al
comparar esos dos conjuntos de instrucciones, usted se dará cuenta de que ambos se basan en el principio de
la autosugestión.
Recuerde, por lo tanto, cuando lea en voz alta el enunciado de su deseo (mediante el cual usted se empeña
en desarrollar una «conciencia del dinero»), que la mera lectura de estas palabras no tendrá consecuencias…,
a menos que usted las funda con la emoción, con el sentido de sus palabras. Su subconsciente reconoce y
actúa sólo en los pensamientos que usted ha combinado con la emoción, con el sentimiento.
Ése es un hecho tan importante como para garantizar la repetición prácticamente en cada capítulo, porque la
falta de comprensión de eso es la razón principal de que la mayoría de la gente que trata de aplicar el principio
de la autosugestión no logre los resultados deseados.
Las palabras indiferentes, recitadas sin emoción, no influyen en el subconsciente. Usted no obtendrá
resultados apreciables hasta que aprenda a llegar a su subconsciente con pensamientos o palabras habladas
que hayan sido cargados con la emoción de la convicción.
No se desanime si no puede controlar y dirigir sus emociones la primera vez que trate de hacerlo. Recuerde
que no existe la posibilidad de obtener algo por nada. Por mucho que quiera, no podrá engañarse. El precio de
la capacidad para influir en su subconsciente es la perseverancia incansable en la aplicación de los principios
que se describen aquí. Usted no podrá formarse esa capacidad deseada por un precio menor. Usted, y sólo
usted, debe decidir sí la recompensa por la que se está esforzando (la «conciencia del dinero») vale el precio
que debe pagar por ella con su esfuerzo.
Su habilidad para emplear el principio de la autosugestión dependerá, en gran medida, de su capacidad para
concentrarse en un deseo dado hasta que ese deseo se convierta en una obsesión ardiente.
CÓMO REFORZAR SUS PODERES DE CONCENTRACIÓN
Cuando empiece a seguir las instrucciones de los seis pasos descritos en el segundo capítulo, será
necesario que haga uso del principio de la concentración.
Así pues, le ofreceremos sugerencias para el uso de la concentración eficaz. Cuando empiece a ejecutar el
primero de los seis pasos, cuyas instrucciones son «determine la cantidad exacta de dinero que desea»,
mantenga el pensamiento concentrado en esa cantidad de dinero, o fijada la atención en él, con los ojos
cerrados hasta que, de hecho, pueda ver el aspecto físico del dinero. Haga eso por lo menos una vez al día. A
medida que progrese en estos ejercicios, siga las instrucciones dadas en el capítulo de la fe, ¡y véase a sí
mismo en posesión del dinero!
Aquí hay un hecho muy importante: el subconciente asume cualquier orden que se le dé en un estado mental
de fe absoluta, y actúa siguiendo esas órdenes, aunque deban presentársele a menudo una y otra vez,
mediante la repetición, antes de que el subconsciente las interprete. Teniendo en cuenta la afirmación anterior,
considere la posibilidad de jugarle un «truco» perfectamente legítimo a su subconciente, y hágale creer, porque
usted cree en ello, que usted debe obtener esa cantidad de dinero que está visualizando, que esa cantidad de
dinero espera que usted sea su dueño, y que el subconsciente debe proporcionarle planes prácticos para
conseguir un dinero que ya es suyo.
Endósele la idea sugerida en el párrafo anterior a su imaginación, y vea cómo su imaginación puede, o
podrá, crear planes prácticos para la acumulación de dinero mediante la transmutación de su deseo.
No espere un plan definido, mediante el cual se propondrá intercambiar servicios o mercaderías a cambio del
dinero que usted visualiza; en cambio, empiece a verse en posesión del dinero, esperando y exigiendo
mientras tanto que su subconsciente le proporcione los planes que necesite. Esté alerta en espera de esos
planes, y póngalos en acción inmediatamente cuando surjan. Cuando los planes aparezcan, «destellarán» en
su mente a través del sexto sentido, con la forma de una «inspiración». Trátela ton respeto, y actúe según ella
tan pronto corno la reciba.
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En el cuarto de los seis pasos, se le indica que «cree un plan preciso para llevar a cabo su deseo, y empiece
de inmediato a poner ese plan en acción».
Debe seguir esta instrucción de la manera descrita en el párrafo anterior. No confíe en «la razón» a la hora
de crear su plan para acumular dinero a través de la transmutación del deseo. Su facultad de razonamiento
puede ser perezosa, y si depende por completo de sus servicios, quizá resulte defraudado.
Al visualizar el dinero que se propone acumular (con los ojos cerrados), véase a sí mismo prestando el
servicio, o proporcionando la mercancía que se propone dar a cambio de su dinero. ;Esto es importante!
SEIS PASOS PARA ESTIMULAR SU SUBCONCIENTE
Resumiremos ahora las instrucciones dadas en relación con los seis pasos del segundo capítulo, y las
combinaremos con los principios presentados en éste.
Primero: elija un sitio tranquilo (preferiblemente en la cama, por la noche), donde no vayan a distraerlo ni a
interrumpirlo, cierre los ojos, y repita en voz alta (de manera que usted pueda oír sus propias palabras) el
enunciado escrito de la cantidad de dinero que se propone acumular, el plazo para esta acumulación y una
descripción de los servicios o de las mercancías que pretende dar a cambio del dinero. Al ejecutar estas
instrucciones, véase a sí mismo ya en posesión del dinero.
Por ejemplo, suponga que se propone acumular 50.000 dólares para el primero de enero de dentro de cinco
años, que se propone prestar servicios personales a cambio del dinero, en carácter de vendedor. El enunciado
escrito de su propósito deberá ser más o menos como el siguiente:
«El primer día de enero de 19.., seré poseedor de 50.000 dólares, que afluirán a mí en diversas sumas de
tiempo en tiempo durante ese lapso de cinco años.
»A cambio de ese dinero daré los servicios más eficientes de que soy capaz, girando la mayor cantidad
posible, y proporcionando la mejor calidad de servicios como vendedor de… (describa el servicio o la
mercadería que se propone vender).
»Confío en que tendré la posesión de ese dinero. Mi fe es tan fuerte que puedo verlo ahora ante mis ojos.
Puedo tocarlo con las manos. Ahora está esperando ser de mi propiedad en el momento y en la proporción en
que yo proporcione el servicio que estoy dispuesto a dar a cambio de él. Espero un plan con el que acumular
ese dinero, y lo ejecutaré tan pronto como aparezca.»
Segundo: repita este programa por la noche y por la mañana hasta que pueda ver (en su imaginación) el
dinero que ha decidido acumular.
Tercero: ponga una copia de su enunciado escrito en donde pueda verla por la noche y por la mañana, y
léala justo antes de dormirse y antes de levantarse hasta que la haya memorizado.
Al seguir estas instrucciones recuerde que está aplicando el principio de la autosugestión con el propósito de
darle órdenes a su subconsciente. Recuerde, además, que su subconsciente acatará sólo instrucciones que
estén cargadas emocionalmente, dirigidas hacia él con «sentimiento». La fe es la más fuerte y productiva de
las emociones. Siga las instrucciones del capítulo dedicado a ella.
Al principio, estas instrucciones pueden parecer abstractas. No se deje inquietar por eso. Siga las instrucciones,
sin prestar atención a lo abstractas o lo poco prácticas que puedan parecerle. Pronto llegará el
momento en que, si ha hecho lo que se le ha indicado, tanto en espíritu como en actos, todo un nuevo universo
de poder se desplegará ante usted.
EL SECRETO DEL PODER DE LA MENTE
El escepticismo, en relación con las nuevas ideas, es una característica de todos los seres humanos. Pero si
sigue las instrucciones indicadas, su escepticismo pronto se convertirá en convicción que a su vez se
cristalizará en fe absoluta.
Muchos filósofos han afirmado que el hombre es el dueño de su propio destino terrenal, pero casi ninguno ha
conseguido decir por qué lo es. La razón de que el hombre pueda ser dueño de su propio estatus terrenal, y en
especial de su nivel económico, queda expresada con todo detalle en este capítulo. El hombre puede
convertirse en el dueño de sí mismo y de su ambiente, porque tiene el poder de influir en su propio
subconsciente.
Llevar a cabo la transmutación del deseo en dinero conlleva el empleo de la autosugestión como agente
mediante el cual uno puede alcanzar el in consciente e influir en él. Los otros principios son simples
herramientas con las que aplicar la autosugestión. Atesore esta idea y siempre tendrá conciencia de la
importancia del principio de la autosugestión en sus esfuerzos para acumular dinero mediante los métodos que
se describen en este libro.
Una vez haya leído el libro entero, vuelva a este capítulo y, tanto en espíritu como en actos, siga estas
instrucciones:
Cada noche lea el capítulo entero en voz alta una vez, hasta que llegue a estar plenamente convencido de
que el principio de la autosugestión se basa en la verdad y en el buen juicio, que obtendrá para usted todo lo
que usted ha pedido. Mientras lea, subraye con un lápiz cada frase que le impresione favorablemente.
Siga las instrucciones anteriores al pie de la letra, y el camino se le abrirá hacia una comprensión completa y
el dominio de los principios del éxito.
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CADA ADVERSIDAD, CADA FRACASO Y CADA ANGUSTIA LLEVAN CONSIGO LA SEMILLA DE UN BENEFICIO
EQUIVALENTE O MAYOR

Piense y Hágase Rico – Capítulo 3

Piense y Hágase Rico – Capítulo 3

LA FE
VISUALIZACIÓN Y CREENCIA EN LA CONSECUCIÓN DEL DESEO
El segundo paso hacia la riqueza
La fe es el elemento químico primordial de la mente. Cuando la fe se mezcla con el pensamiento, el
subconsciente capta la vibración, la traduce en su equivalente espiritual, y la transmite a la Inteligencia
Universal, como en el caso de la plegaria.
Las emociones de la fe, el amor y el sexo son las más poderosas entre las principales emociones positivas.
Cuando se mezclan las tres, tienen el efecto de «colorear» el pensamiento de tal manera que éste alcanza al
momento el subconsciente, y allí se transforma en su equivalente espiritual, la forma singular que induce una
respuesta de la Inteligencia Infinita.
CÓMO ACRECENTAR LA FE
Tenemos un planteamiento que le ayudará a comprender mejor la importancia que el principio de autosugestión
asume en la transmutación del deseo en su equivalente físico o monetario: la fe es un estado mental
que se puede inducir, o crear, con la afirmación o con las repetidas instrucciones al subconsciente, a través del
principio de autosugestión.
Como ejemplo, considere el propósito por el que presumiblemente usted está leyendo este libro. El objetivo
es, por supuesto, adquirir la capacidad de transmutar el pensamiento intangible del impulso del deseo en su
contrapartida física, el dinero. Al llevar a cabo las instrucciones descritas en los capítulos sobre la
autosugestión y el subconsciente, resumidas en el capítulo de la autosugestión, usted puede convencer al
subconsciente de que cree que recibirá lo que está pidiendo, y ello actuará en esa creencia, que su
subconsciente le devolverá en forma de «fe», acompañada de planes precisos para procurar eso que usted
desea.
La fe es un estado mental que usted puede incrementar a voluntad, una vez que haya dominado los trece
principios, porque se trata de un estado mental que crece voluntariamente, a través de la aplicación de esos
principios.
La repetición de la afirmación de órdenes a su subconciente es el único método conocido del crecimiento
voluntario de la emoción de la fe.
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Quizás el concepto le quede más claro con la siguiente explicación de la forma en que los hombres, a veces,
se convierten en criminales. Para decirlo con las palabras de un famoso criminólogo, «Cuando los hombres
entran por primera vez en contacto con el crimen, éste les repugna. Si siguen en contacto con él durante algún
tiempo, se acostumbran, y lo toleran. Y si permanecen en contacto con el crimen durante el tiempo suficiente,
acaban por aceptarlo y se dejan influir por él».
Es el equivalente de decir que cualquier impulso de pensamiento que sea repetidamente encauzado hacia el
subconsciente resulta aceptado e influye en el subconsciente, que procede a traducir ese impulso en su
equivalente físico por el procedimiento más práctico que halle disponible.
En relación con esto, vuelva a considerar la proposición de que todos los pensamientos que han sido
«emocionalizados» (cargados emocionalmente) y mezclados con la fe empiezan inmediatamente a traducirse
en su equivalente física o en su contrapartida.
Las emociones, o la porción «sentimental.» de los pensamientos, son los factores que dan vitalidad y acción
a éstos. Mezcladas con cualquier impulso de pensamiento, las emociones de la fe, el amor y el sexo le añaden
más energía de la que tendría por sí sola.
No sólo los impulsos de pensamiento que se hayan mezclado con la fe, sino los que se mezclan con
cualquiera de las emociones positivas, o de las negativas, pueden alcanzar el subconsciente, e influir en él.
NADIE ESTÁ «CONDENADO» A LA MALA SUERTE
A partir de esta afirmación, usted comprenderá que el subconsciente traducirá. en su equivalente físico un
impulso de pensamiento de naturaleza negativa o destructiva con tanta facilidad como actuaría con
pensamientos de naturaleza positiva o constructiva. Esto explica el extraño fenómeno que millones de
personas experimentan, denominado «infortunio» o «mala suerte».
Hay millones de personas que se creen «condenadas» a la pobreza y al fracaso, por culpa de alguna fuerza
extraña que creen no poder controlar. Ellos son los creadores de su propio «infortunio», a causa de esta
creencia negativa, que su subconsciente adopta y traduce en su equivalente físico.
Este es un momento apropiado para sugerirle de nuevo que usted puede beneficiarse, transmitiendo a su
subconsciente cualquier deseo que quiera traducir en su equivalente físico o monetario, en un estado de
esperanza o convicción de que la transmutación tendrá lugar. Su convicción, o su fe, es el elemento que
determina la acción de su subconsciente. No hay nada que le impida «embaucar» a su subconsciente al darle
instrucciones a través de la autosugestión, tal como yo «engañé» al subconsciente de mi hijo.
Para llevar a cabo este «engaño» de manera más realista, cuando se dirija a su subconsciente, compórtese
tal como lo haría si ya estuviera en posesión del objeto material que está pidiendo.
Su subconsciente traducirá en su equivalente físico, por el medio más práctico y directo, cualquier orden que
se le dé en un estado de convicción o de fe en que la orden se llevará a cabo.
Sin duda, se ha dicho bastante para señalar un punto de partida desde el cual uno puede, mediante la
experimentación y la práctica, adquirir la capacidad de mezclar la fe con cualquier orden que se le dé al
subconsciente. La perfección surgirá a través de la Práctica. No puede aparecer por el mero hecho de leer las
instrucciones.
Es esencial para usted que estimule sus emociones positivas como fuerzas dominantes de su mente, y quite
importancia y elimínelas emociones negativas.
Una mente dominada por emociones positivas se convierte en una morada favorable para el estado mental
conocido como fe. Una mente así dominada puede, voluntariamente, darle al subconsciente instrucciones que
éste aceptará y ejecutará de inmediato.
LA FE ES UN ESTADO MENTAL QUE SE PUEDE INDUCIR MEDIANTE LA AUTOSUGESTIÓN
Durante todas las épocas, las religiones han exhortado a la humanidad en conflicto a «tener fe» en este o
aquel dogma o credo, pero no han logrado explicar a las multitudes cómo tener fe. No han afirmado que «la fe
es un estado mental que se puede inducir mediante la autosugestión».
En un lenguaje que cualquier ser humano normal podrá entender, describiremos todo lo que se sabe sobre el
principio mediante el cual la fe puede aparecer donde ya no existe.
Tenga fe en usted; fe en el infinito.
Antes de empezar, debería recordar que: ¡La fe es el «elixir eterno» que da vida, poder y acción al impulso
del pensamiento!
Merece la pena leer el enunciado anterior una segunda vez, y una tercera, y una cuarta. ¡Merece la pena
leerlo en voz alta!
¡La fe es el punto inicial de toda acumulación de riquezas!
¡La fe es la base de todos los «milagros» y de todos los misterios que no se pueden analizar con los
parámetros de la ciencia!
¡La fe es el único antídoto conocido contra el fracaso!
¡La fe es el elemento, el «componente químico» que, combinado con la plegaria, nos proporciona comunicación
directa con la Inteligencia Infinita!
¡La fe es el elemento que transforma la vibración ordinaria del pensamiento, creada por la mente finita del
hombre, en su equivalente espiritual!
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¡La fe es el único agente a través del cual el hombre puede dominar la fuerza de la Inteligencia Infinita, y
usarla!
LA MAGIA DE LA AUTOSUGESTIÓN
La prueba es simple y fácil de demostrar. Va ligada al principio de autosugestión. Por lo tanto, centremos la
atención en el tema de la autosugestión, para descubrir qué es y lo que se puede alcanzar con ella.
Se sabe que uno llega, finalmente, a creer cualquier cosa que se repita a sí mismo, sea la afirmación
verdadera o falsa. Si un hombre repite una mentira una y otra vez, con el tiempo aceptará esa mentira como
algo cierto. Más aún, creerá que es cierta. Todo hombre es lo que es a causa de los pensamientos dominantes
que él permite que ocupen su mente. Los pensamientos que un hombre adopta deliberadamente, y que anima
con entusiasmo, y con los que combina una emoción o más, ¡constituyen las fuerzas motivadoras que dirigen y
controlan cada uno de sus movimientos, actos y hazañas!
Aquí tenemos el enunciado de una verdad muy importante:
Los pensamientos combinados con cualquiera de las emociones constituyen una fuerza «magnética» que atrae
otros pensamientos similares o relacionados.
Un pensamiento así «magnetizado» con la emoción se puede comparar con una semilla que, cuando es
plantada en terreno fértil, germina, crece y se multiplica una y otra vez, hasta que aquello que en un principio
fue una semillita ¡se convierte en innumerables millones de semillas de la misma clase!
La mente humana está constantemente atrayendo vibraciones que armonicen con aquella que la domina.
Cualquier idea, plan, pensamiento o propósito que uno abrigue atrae infinidad de ideas afines, adhiere estas
ideas a su propia fuerza, y crece hasta convertirse en el propósito maestro que domina y motiva al individuo en
cuya mente se ha alojado.
Volvamos ahora al punto inicial, para informarnos de cómo se puede plantar en la mente la semilla original
de una idea. La información es fácil de en tender: cualquier idea, plan o propósito se puede injertar en la mente
mediante la repetición del pensamiento. Por eso le damos instrucciones para que ponga por escrito un
planteamiento de su propósito principal, u objetivo primordial y preciso, lo memorice y lo repita en voz alta
todos los días, hasta que las vibraciones auditivas hayan alcanzado su subconsciente.
Decídase a dejar de lado las influencias de todo ambiente desfavorable para construir su propia vida a
medida. Al hacer un inventario de sus recursos y capacidades mentales, quizá usted descubra que su mayor
debilidad sea su falta de confianza en sí mismo. Esta desventaja puede ser superada, y la timidez
transformada en coraje a través de la ayuda que el principio de la autosugestión proporciona. La aplicación de
este principio puede ejecutarse mediante la sencilla enunciación de los impulsos de pensamiento puestos por
escrito, memorizados y repetidos hasta que lleguen a formar parte del instrumental del que la facultad
inconsciente de su mente disponga.
FÓRMULA DE LA CONFIANZA EN UNO MISMO
Primero: sé que tengo la capacidad de alcanzar el objeto del propósito definido de mi vida; por lo tanto, exijo
de mí mismo acción perseverante y continua hasta conseguirlo, y aquí y ahora prometo ejecutar tal acción.
Segundo: me doy cuenta de que los pensamientos dominantes de mi mente se reproducirán con el paso del
tiempo en actos externos y físicos para transformarse en una realidad física; por lo tanto, concentraré mis
pensamientos durante treinta minutos cada día en la tarea de pensar en la persona en que me propongo
convertirme, creando de este modo una imagen mental clara.
Tercero: sé que, mediante el principio de la autosugestión, cualquier deseo que abrigue con perseverancia
buscará expresarse a través de ciertos medios prácticos para obtener el objeto que haya tras él; por lo tanto,
dedicaré diez minutos cada día a pedirme el incremento de la confianza en mí mismo.
Cuarto: he escrito con claridad una descripción del objetivo primordial de mi vida, y nunca dejaré de
esforzarme, hasta que haya conseguido la suficiente confianza en mí mismo para alcanzarlo.
Quinto: comprendo con claridad que no hay riqueza ni posición que pueda durar mucho tiempo, a menos que
se haya formado sobre la lealtad y la justicia; por lo tanto, no me comprometeré en ninguna transacción que no
beneficie a todos a los que afecte. Tendré éxito atrayendo hacia mí las fuerzas que deseo emplear, y la
cooperación de otras personas. Induciré a otros a servirme, por obra de mi disposición de servir a otros.
Eliminaré el desprecio, la envidia, los celos, el egoísmo y el cinismo y cultivaré el amor por toda la humanidad,
porque sé que una actitud negativa hacia los demás nunca me dará el éxito. Haré que los demás crean en mí,
porque yo creeré en ellos y en mí mismo. Firmaré esta fórmula con mi nombre, la memorizaré y la repetiré en
voz alta una vez cada día, con la fe absoluta de que influirá gradualmente en mis pensamientos y mis actos
para que yo me convierta en una persona que confía en sí misma y que goza del privilegio del éxito.
Tras esta fórmula hay una ley de la naturaleza que ningún hombre ha sido todavía capaz de explicar. El
nombre por el que dicha ley se conoce tiene poca importancia. Lo que importa de ella es que… FUNCIONA,
para la gloria y el progreso de la especie humana, si es usada de forma constructiva. Por otra parte, si se la
usa destructivamente, destruirá con la misma facilidad. En esta afirmación podemos encontrar una verdad muy
importante: quienes se hunden en la frustración y acaban su vida en la pobreza, la miseria y la angustia lo
hacen a causa de la aplicación negativa del principio de la autosugestión. La causa se puede encontrar en el
hecho de que todos los impulsos de pensamiento tienen tendencia a vestirse de su equivalente físico.
21
EL DESASTRE DEL PENSAMIENTO NEGATIVO
El subconsciente no distingue entre impulsos de pensamiento positivos o negativos. Trabaja con el material
que le suministramos, a través de nuestros impulsos de pensamiento. El subconsciente traducirá en algo real
un pensamiento regido por el miedo con tanta facilidad como transformaría en realidad un pensamiento regido
por el coraje, o por la fe.
Tal como la electricidad hace girar las ruedas de la industria, y rinde servicios útiles si se la emplea
correctamente, o acaba con la vida si se hace mal uso de ella, así, la ley de la autosugestión nos conducirá a la
paz y la prosperidad o nos arrastrará hacia el valle de la miseria, el fracaso y la muerte, de acuerdo con el
grado de comprensión y aplicación que tengamos de ella.
Si uno se llena la cabeza de miedos, dudas y desconfianza en su capacidad para conectar y usar la fuerza
de la Inteligencia Infinita, la ley de la autosugestión adoptará ese espíritu de desconfianza y lo usará como
patrón mediante el cual el subconsciente lo traducirá en su equivalente físico.
Así como el viento arrastra una nave hacia el Este y otra hacia el Oeste, usted será elevado o hundido por la
ley de la autosugestión de acuerdo con la manera en, que usted oriente las velas de su pensamiento.
La ley de la autosugestión, que puede elevar a cualquier persona a niveles asombrosos de realización,
queda bien descrita en los siguientes versos. Si piensas que estás vencido, lo estás.
Si piensas que no te atreves, así es.
Si te gusta ganar, pero piensas que no puedes, es casi seguro: no ganarás.
Si piensas que perderás, estás perdido, pues el mundo nos enseña que el éxito empieza en la voluntad
del hombre… Todo está en el estado de ánimo.
Si piensas que eres superior, lo eres.
Has tenido que pensar alto para ascender. Has tenido que estar seguro de ti mismo antes de ganar
ningún premio.
Las batallas de la vida no siempre favorecen al hombre más fuerte o al más rápido, pero tarde o
temprano el hombre que gana es el hombre que PIENSA QUE PUEDE! Observe las palabras que se han
destacado, y captará el profundo significado que el poeta expresa.
¿QUÉ GENIO YACE DORMIDO EN SU CEREBRO?
En algún rincón de su carácter está latente, dormida, la semilla de la realización que, si germinara y se
pusiera en acción, lo elevaría a niveles que tal vez usted nunca soñó alcanzar.
Así como un virtuoso puede arrancar las melodías más hermosas de las cuerdas de su violín, usted puede
despertar al genio que yace dormido en su mente, y hacer que lo conduzca hacia arriba, hacia cualquier
objetivo que desee alcanzar.
Abraham Lincoln fue un fracasado en todo lo que intentó…, hasta después de haber alcanzado los cuarenta
años. Fue un Don Nadie, de Ninguna Parte, hasta que una gran experiencia entró en su vida y despertó al
genio dormido que había en su corazón y en su cerebro, para darle al mundo uno de sus hombres realmente
grandes. Esa «experiencia» estaba combinada con las emociones de la aflicción y el amor. Le aconteció a
través de Ann Rutledge, la única mujer a quien él amó realmente.
Es sabido que la emoción del amor está ligada al estado de ánimo conocido como la fe, y esto se debe que
el amor se aproxima mucho a traducir los impulsos de pensamiento propios en su equivalente espiritual.
Durante su labor de investigación, el autor ha descubierto, a partir del análisis de la vida y obra y realizaciones
de centenares de hombres de posiciones destacadas, que detrás de casi cada uno de ellos existía la influencia
del amor de una mujer.
Si quiere pruebas del poder de la fe, examine las realizaciones de los hombres y mujeres que se han valido
de ella. Jesús, el Nazareno, encabeza la lista.
La base de la cristiandad es la fe, con independencia de cuántas personas hayan falseado o malinterpretado
el significado de esa gran fuerza.
La esencia de las enseñanzas y de las realizaciones de Cristo, que pueden haberse interpretado como
«milagros», son nada más y nada menos que fe. Si hay fenómenos «milagrosos», ¡se producen sólo a través
del estado mental conocido como la fe!
Consideremos el poder de la fe, tal como nos la mostró un hombre bien conocido por toda la humanidad: el
Mahatma Gandhi, de la India. En este hombre, el mundo tuvo uno de los ejemplos más sorprendentes de las
posibilidades de la fe que conozca la humanidad. Gandhi ostentó más poder potencial que ningún otro de sus
contemporáneos, y ello a pesar del hecho de que no contó con ninguna de las herramientas ortodoxas del
poder, tales como dinero, barcos de guerra, soldados ni material bélico. Gandhi no tenía dinero, ni casa, ni
siquiera ropas, pero tenía poder. ¿Cómo lo obtuvo?
Lo creó a partir de su comprensión del principio de la fe, y mediante su capacidad para trasplantar esa fe al
espíritu de doscientos millones de personas.
Gandhi consiguió la sorprendente proeza de influir en doscientos millones de mentes para formar un
conglomerado humano que se moviese al unísono, como un solo hombre.
¿Qué otra fuerza de este mundo, aparte de la fe, puede lograr tanto?
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CÓMO UNA IDEA CONSTRUYÓ UNA FORTUNA
Debido a la necesidad de la fe y de la cooperación en el funcionamiento de los negocios y de la industria,
será tan interesante como provechoso analizar un suceso que nos proporciona un excelente ejemplo para la
comprensión del método por el cual los individualistas y los hombres de negocios acumulan grandes fortunas
al dar antes de intentar obtener. El suceso elegido para este ejemplo data de comienzos de siglo, cuando se
estaba formando la United States Steel Corporation (Corporación del Acero de Estados Unidos). A medida que
lea la historia, tenga presente esos hechos fundamentales, y comprenderá cómo las ideas se han convertido
en fortunas inmensas.
Si usted es de los que se han preguntado a menudo cómo se han acumulado las grandes fortunas, esta
historia de la creación de la United States Steel Corporation le resultará esclarecedora. Si tiene alguna duda de
que los hombres pueden pensar y hacerse ricos, esta historia disipará esa duda, porque usted podrá ver con
claridad en la historia de la United States Steel Corporation la aplicación de una porción importante de los
principios que se describen en este libro.
El asombroso relato del poder de una idea ha sido escrito de forma espectacular por John Lowell, del New
York World-Telegram, y la transcribimos con su cortesía:
UN BONITO DISCURSO DE SOBREMESA POR MIL MILLONES DE DÓLARES
Aquella noche del 12 de diciembre de 1900, en la que unos ochenta miembros de la sociedad financiera se
reunieron en el salón de banquetes del University Club, en la Quinta Avenida, para hacer los honores a un
hombre joven del Oeste de Estados Unidos, ni media docena de los invi tados supuso que estaban a punto de
presenciar el episodio más importante de la historia de la industria estadounidense.
J. Edward Simmons y Charles Stewart Smith, llenos de gratitud por la pródiga hospitalidad con que Charles
M. Schwab les había regalado durante una reciente visita a Pittsburgh, habían organizado la cena para
presentar a aquel empresario del acero de treinta y ocho años a la sociedad de banqueros del Este de Estados
Unidos. Pero no esperaban que magnetizara de tal modo la convención. De hecho, le advirtieron que los
corazones que rellenaban las camisas de Nueva York no reaccionarían a la oratoria, y que si no quería aburrir
a los Stilman y los Harriman y los Vanderbilt, sería mejor que se limitara a quince o veinte minutos de
intrascendencias amables, pero nada más.
Incluso John Pierpoint Morgan, sentado a la derecha de Schwab, como indicaba su dignidad imperial, se
contentó con agradecer muy breve mente su presencia en la mesa del banquete. Y en lo que se refería a la
prensa y al público, todo el asunto presentaba tan poco interés que los periódicos del día siguiente ni lo
mencionaron.
De manera que los dos anfitriones y sus distinguidos invitados probaron los habituales siete u ocho platos.
Hubo poca conversación y, versara sobre lo que versase, fue parca y discreta. Aunque algunos de los
banqueros y agentes de Bolsa habían visto antes a Schwab, cuya carrera había florecido en los Bancos de
Monongahela, ninguno lo conocía bien. Pero, antes de que la velada acabara, ellos y «Money Master Morgan»
quedarían admirados, y un bebé de mil millones de dólares, la United States Steel Corporation, nacería allí.
Quizá sea una lástima para la historia que no se haya hecho ninguna grabación del discurso de Charlie
Schwab en aquella cena.
Sin embargo, tal vez se tratara de un discurso «casero», con incorrecciones gramaticales (pues los
perfeccionismos del lenguaje nunca le interesaron a Schwab), lleno de refranes y compaginado con ingenio.
Pero, aparte de eso, obtuvo una fuerza y un efecto impresionantes sobre los cinco mil millones de dólares de
capital estimado que los comensales representaban. Cuando terminó, y la reunión vibraba todavía con sus
palabras, aunque Schwab había hablado durante noventa minutos, Morgan condujo al orador a una ventana
apartada donde, balanceando las piernas en un alto e incómodo asiento, hablaron durante una hora más.
La magia de la personalidad de Schwab se había puesto en acción con toda su potencia, pero lo más
importante y perdurable fue el pro grama detallado y explícito que presentó para el engrandecimiento del
acero. Muchos otros hombres habían tratado de interesar a Morgan en montar juntos un trust del acero a partir
de combinaciones con empresas de pastelería, cables y flejes, azúcar, goma, whisky, aceite o goma de
mascar. John W. Gates, el apostador, lo había urgido a hacerlo, pero Morgan no había confiado en él. Los
hermanos Moore, Bill y Jim, mayoristas de Chicago que habían fusionado una fosforera y una corporación de
galletitas, habían tratado de convencerlo, fracasando en su intento. Elbert H. Gary, el sacrosanto abogado del
Estado, quiso atraerlo a su terreno, mas no llegó a ser lo bastante grande como para impresionarlo. Hasta que
la elocuencia de Schwab elevó a J. P. Morgan a las alturas desde donde pudo vi sualizar los sólidos resultados
del proyecto financiero más atrevido que se hubiera concebido nunca, la idea era considerada un delirante sueño
de especuladores ingenuos.
El magnetismo financiero que, hace una generación, empezó a atraer miles de compañías pequeñas y a
veces ineficazmente dirigidas a combinaciones más .grandes y competitivas, se ha vuelto operativo en el
mundo del acero gracias a los artilugios de aquel jovial pirata de los negocios, John W. Gates. Este había
formado ya la American Steel and Wire Company con una cadena de pequeñas empresas, y junto con Morgan
había creado la Federal Steel Company.
Pero al lado del gigantesco trust vertical de Andrew Carnegie, dirigido por sus cincuenta y tres accionistas,
esas otras combinaciones resultaban insignificantes. Podían combinarse como mejor les pareciese, pero ni
todas juntas harían mella en la organización de Carnegie, y Morgan lo sabía.
23
El viejo escocés excéntrico también lo sabía. Desde las majestuosas alturas de Skibo Castle había visto,
primero divertido y luego con resenti miento, los intentos de las pequeñas compañías de Morgan
entremetiéndose en sus negocios. Cuando esos intentos se tornaron demasiado importantes, el mal genio de
Carnegie se convirtió en ira y en deseos de venganza. Decidió duplicar cada fábrica suya por cada una que
sus rivales poseyeran. Hasta entonces no había tenido interés en cables, tubos, flejes ni planchas. En cambio,
se contentaba con venderle el acero en bruto a esas compañías y las dejaba que trabajaran en la especialización
que quisieran. Ahora, con Schwab como jefe y lugarteniente capaz, planeaba arrinconar a sus
enemigos contra la pared.
Así fue como Morgan vio la solución a su problema de combinaciones en el discurso de Charles M. Schwab.
Un trust sin Carnegie, el gigante, no sería ningún trust, sino un pastel de ciruelas sin ciruelas.
El discurso de Schwab de aquella noche del 12 de diciembre de 1900 aportó la sugerencia, que no la
solicitud, de que el vasto imperio Carnegie podía llegar a estar bajo la sombra de Morgan. Habló del futuro
mundial del acero, de reorganización en aras de la eficiencia, de especialización, de deshacerse de compañías
improductivas, de la concentración del esfuerzo en las propiedades florecientes, de ahorros en el tráfico de
mineral bruto, de ahorros en los departamentos directivos y administrativos, de captar mercados extranjeros.
Más que todo eso, les dijo a los bucaneros que había entre ellos dónde estaban los errores de su piratería
habitual. Sus propósitos, suponía él, habían sido crear monopolios, aumentar los precios y pagarse a sí
mismos dividendos exagerados más allá de todo privilegio. Con su estilo campechano, Schwab condenó ese
sistema. La estrechez de miras de semejante política, dijo a su auditorio, residía en el hecho de que restringía
el mercado en un momento en que todo pugnaba por la expansión. Abaratando el coste del acero, explicó, se
crearía un mercado expansivo; se idearían más usos para el acero y se captaría una parte considerable del
mundo de la industria. En realidad, aunque él no lo supiese, Schwab era un apóstol de la moderna fabricación
en serie.
Así acabó la cena en el University Club. Morgan se fue a su casa, para pensar en las predicciones de
progreso de Schwab. Schwab regresó a Pittsburgh, a dirigir el negocio siderúrgico para «Wee Andra
Carnegie», mientras Gary y todos los demás volvían a sus teletipos, para especular, anticipándose al
próximo movimiento.
No tardó mucho en suceder. A Morgan le llevó más o menos una semana digerir el festín de
razonamientos que Schwab le había puesto delante. Cuando se aseguró de que no iba a sufrir ninguna
«indigestión financiera», llamó a Schwab…, y se encontró con un hombre bastante reticente. Al señor
Carnegie, le dijo Schwab, quizá no le alegrara mucho descubrir que el presidente de su conglomerado de
empresas había estado coqueteando con el emperador de Wall Street, el barrio que Carnegie había resuelto
no pisar jamás. Entonces John W. Gates, que hacía de intermediario entre Morgan y Schwab, sugirió que si
Schwab estuviera casualmente de paso por el Belle Vue Hotel, de Filadelfia, J. P. Morgan podía «coincidir»
con él en el mismo sitio. Sin embargo, cuando Schwab llegó, Morgan se hallaba enfermo en su casa de
Nueva York, y, presionado por el hombre mayor, Schwab viajó a Nueva York y se presentó ante la puerta de
la biblioteca del financiero.
En la actualidad, ciertos historiadores de la economía han expresado la sospecha de que esta historia,
desde el principio al fin, fue planificada por Andrew Carnegie, que la cena en honor de Schwab, el célebre
discurso, la reunión del domingo por la noche entre Schwab y el rey del dinero fueron sucesos que el sagaz
escocés había preparado de antemano. La verdad es precisamente todo lo contrario. Cuando Schwab fue
llamado a cerrar el trato, ni siquiera sabía si el «jefecito», como llamaban a Andrew, prestaría atención a una
oferta de vender, en particular a un grupo de hombres a quienes Andrew consideraba dotados de algo
menos que la beatitud. Pero Schwab acudió a la reunión con seis hojas escritas de su puño y letra, llenas de
datos que, según él, representaban el valor físico y potencial de rendimiento de cada compañía metalúrgica
que él consideraba una estrella esencial en el nuevo firmamento del metal.
Cuatro hombres sopesaron esos esquemas durante toda la noche. El jefe, por supuesto, era Morgan, firme
en su credo del derecho divino del dinero. Con él estaba su socio aristocrático, Robert Bacon, un erudito y
un caballero. El tercero era John W. Gates, a quien Morgan tachaba de apostador y utilizaba como
herramienta. El cuarto era Schwab, que sabía más sobre el proceso de elaborar y vender acero que cualquier
grupo de hombres de su época. A lo largo de aquella conferencia, los esquemas del hombre de
Pittsburgh no se cuestionaron nunca. Si él decía que una compañía valía tanto, así era, y punto. También
insistió en incluir en la combinación sólo las empresas que él tenía nominadas. Había concebido una
corporación sin dobleces, donde ni siquiera quedaba lugar para satisfacer la codicia de amigos que
deseaban descargar sus compañías sobre los anchos hombros de Morgan.
Al amanecer, Morgan se puso de pie y se desperezó. Sólo quedaba un asunto pendiente. -¿Cree que
puede persuadir a Andrew Carnegie de vender? -preguntó.
-Puedo intentarlo -repuso Schwab.
-Si usted consigue que venda, me comprometeré en todo este asunto -aseguró Morgan. Hasta allí todo iba
bien. Pero ¿vendería Carnegie? ¿Cuánto pediría? (Schwab pensaba en unos 320 millones de dólares.) ¿Cómo
se efectuaría el pago? ¿En acciones ordinarias o preferentes? ¿En bonos? ¿En efectivo? Nadie podía reunir
trescientos veinte millones de dólares en efectivo. En enero acudieron a un partido de golf en los helados
prados de St. Andrews, en Westchester, Andrew envuelto en jerséis, bien abrigado, y Charlie conversando de
trivialidades, para ejercitar el buen humor. Pero no se pronunció ni una palabra sobre negocios hasta que la
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pareja se sentó en la cálida sala de la cabaña que Carnegie poseía cerca de allí. Entonces, con el mismo
poder de convicción con que había hipnotizado a ochenta millonarios en el University Club, Schwab dejó caer
rutilantes promesas de retiro y comodidad, de los innumerables millones que satisfarían los caprichos sociales
del viejo escocés. Carnegie estuvo de acuerdo, escribió algo en un trozo de papel y dijo:
-Muy bien, venderemos por este precio.
La cifra era de unos 400 millones de dólares y surgió a partir de los 320 millones que Schwab había previsto
como precio básico, añadiéndole
80 millones para recuperar el valor aumentado sobre el capital previsto durante los últimos dos años.
Más tarde, en la cubierta de un transatlántico, el escocés le decía arrepentido a Morgan: -Ojalá te hubiera
pedido cien millones más. -Si me los hubieras pedido, te los hubiese dado -le respondió Morgan, amable.
Hubo cierto alboroto, por supuesto. Un corresponsal británico envió un cable diciendo que el mundo del
acero extranjero estaba «aterra
do» ante la gigantesca corporación. El presidente Hadley, de Yale, declaró que a menos que se regulasen
los trusts, el país tendría «un emperador en Washington durante los próximos veinticinco años». Pero ese hábil
agente de Bolsa que Keene era se aplicó a su trabajo de impulsar tan vigorosamente las nuevas acciones
hacia el público, que todo el exceso de liquidez, estimado por algunos en cerca de 600 millones de dólares, fue
absorbido en un abrir y cerrar de ojos. De manera que Carnegie obtuvo sus millones; el sindicato de Morgan
consiguió 62 millones por todos sus «problemas», y todos los «muchachos», desde Gates a Gary, también
ganaron sus millones.
Schwab, de 38 años, obtuvo su recompensa. Fue nombrado presidente de la nueva corporación, y ostentó el
cargo hasta 1930.
LA RIQUEZA EMPIEZA CON UNA IDEA
La impresionante historia del gran negocio que usted acaba de leer es un ejemplo perfecto del método por el
cual el deseo puede transmutarse en su equivalente físico.
Esa gigantesca organización se creó en la imaginación de un hombre. El plan por el que le proporcionaban a
la organización hornos de acero que
aportaban su estabilidad financiera se creó en la mente de la misma persona. Su fe, su deseo, su imaginación,
su perseverancia fueron los verdaderos ingredientes esenciales que conformaron la United States
Steel Corporation. Los hornos y los equipos mecánicos adquiridos por la empresa, después de haber surgido a
la existencia legal, fueron incidentales, pero un análisis cuidadoso revelará el hecho de que el valor aumentado
de las propiedades adquiridas por la corporación se incrementó en unos seiscientos millones de dólares, por la
mera transacción que los consolidaba bajo una misma gerencia.
En otras palabras, la idea de Charles M. Schwab, sumada a la fe con la que contagió a J. P. Morgan y a los
demás, había dado unos beneficios de unos seiscientos millones de dólares. ¡No es una suma insignificante
por una sola idea!
La United States Steel Corporation prosperó hasta convertirse en una de las empresas más ricas y poderosas
de Estados Unidos, dando empleo a miles de personas, desarrollando nuevas aplicaciones para el
acero, y abriendo nuevos mercados, demostrando de ese modo que los seiscientos millones de beneficio que
la idea de Schwab produjo estaban bien merecidos.
¡La riqueza empieza a partir de una idea!
La cantidad está limitada sólo por la persona en cuya mente esa idea se pone en movimiento.. ¡La fe elimina
las limitaciones! Cuando esté preparado para negociarle a la vida lo que usted desee, recuerde: usted es el
que pone el precio por obtener lo que quiere.

Piense y Hágase Rico – Capitulo 2

Piense y Hágase Rico – Capitulo 2

EL DESEO, EL PUNTO INICIAL DE TODO LOGRO
El primer paso hacia la riqueza

Cuando Edwin C. Barnes se apeó del tren de carga en Orange, New jersey, hace más de cincuenta años, quizá pareciese un vagabundo, ¡pero sus ideas eran las de un rey!
Mientras se dirigía desde los rieles del ferrocarril hacia la oficina de Thomas A. Edison, su cerebro trabajaba sin parar. Se veía a sí mismo de pie en presencia de Edison. Se oía pidiéndole a Edison la oportunidad de llevar a cabo la única obsesión imperiosa de su vida, el deseo ardiente de llegar a ser socio en los negocios del gran inventor.
¡El deseo de Barnes no era una esperanza! ¡No eran ganas! Era un deseo vehemente, palpitante, que lo trascendía todo. Era definido.
Algunos años después, Edwin C. Barnes volvió a pararse frente a Edison, en la misma oficina en qué se
había encontrado por primera vez con el inventor. En esta ocasión, el deseo se había convertido en realidad.
Era socio de Edison. El sueño dominante de su vida se había vuelto realidad.
Barnes tuvo éxito porque eligió un objetivo definido, y puso toda su energía, toda su fuerza de voluntad,
todos sus esfuerzos, todo, en pos de ese objetivo.
EL HOMBRE QUE QUEMÓ SUS NAVES
Pasaron cinco años antes de que apareciera la oportunidad que había estado buscando. Para todos, excepto
para él, sólo parecía una parte más del engranaje de los negocios de Edison, pero en su interior, él fue el socio
de Edison cada minuto del día, desde el primero en que empezó a trabajar allí.
Es una ejemplificación notable del poder de un deseo definido. Barnes consiguió su objetivo porque deseaba
ser socio de Edison más que ninguna otra cosa. Creó un plan con el que alcanzar su propósito. Pero quemó
todas sus naves tras de sí. Se mantuvo firme en su deseo hasta que éste se convirtió en la obstinación
obsesiva de su vida y, finalmente, en un hecho.
Cuando viajó a Orange, no se dijo a sí mismo: «Trataré de convencer a Edison de que me dé algún tipo de
trabajo», sino: «Voy a ver a Edison para explicarle que he venido a hacer negocios con él».
No se dijo: «Estaré alerta ante cualquier otra oportunidad, en caso de que no consiga lo que quiero en la
organización de Edison», sino: «No hay más que una cosa en este mundo que estoy decidido a conseguir, y es
asociarme con Edison en sus negocios. Quemaré todas las naves tras de mí, y apostaré mi futuro a mi
capacidad para conseguir lo que quiero».
No se planteó en ningún momento retroceder. ¡Tenía que triunfar o morir!
¡Ésa es toda la historia del éxito de Barnes!
EL INCENTIVO QUE CONDUCE A LA RIQUEZA
Hace mucho tiempo, un gran guerrero afrontó una situación que requería de él una decisión que garantizara
su éxito en el campo de batalla. Iba a enviar sus tropas contra un enemigo poderoso, cuyos hombres
superaban a los suyos en número. Embarcó a sus soldados, navegó hacia el país enemigo, desembarcó
soldados y equipos, y dio la orden de quemar las naves que los habían llevado hasta allí. Al dirigirse a sus
hombres antes de la primera batalla, dijo: «Ved cómo los barcos se convierten en humo. ¡Eso significa que no
podremos dejar estas playas vivos a menos que ganemos! ¡Ahora no tenemos opción: venceremos o
moriremos!».
Vencieron.
Cada persona que vence en cualquier empresa debe estar dispuesta a quemar sus naves y eliminar todas
las posibilidades de dar marcha atrás. Sólo así puede tener la seguridad de mantener ese estado mental
conocido como deseo ardiente de ganar, esencial para el éxito.
La mañana siguiente al gran incendio de Chicago, un grupo de comerciantes se quedó de pie en State
Street, observando los restos humeantes de lo que habían sido sus tiendas. Organizaron una reunión para
decidir si tratarían de reconstruirlas o abandonarían Chicago para volver a empezar en algún lugar del país
más prometedor. Llegaron a una decisión, todos menos uno: abandonar Chicago.
El comerciante que decidió quedarse y reconstruir su negocio señaló con el dedo los restos de su tienda, y
dijo: «Caballeros, en este mismo sitio construiré la tienda más grande del mundo, no importa las veces que
pueda quemarse».
Eso fue hace casi un siglo. La tienda fue construida. Todavía sigue en pie, una torre, un monumento al poder
de ese estado mental conocido como deseo ardiente. Lo más sencillo que Marshall Field podría haber hecho
era imitar a sus colegas. Cuando las perspectivas se mostraban difíciles, y el futuro parecía funesto, se
retiraron adonde las cosas pareciesen más fáciles.
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Fíjese bien en la diferencia entre Marshall Field y los demás comerciantes, porque es la misma diferencia
que distingue a casi todos los que tienen éxito de aquellos que fracasan.
Todo ser humano que alcanza la edad de comprender la razón de ser del dinero, quiere dinero. Quererlo no
basta para acumular riqueza. Pero desear la riqueza con un estado mental que se convierte en una obsesión,
y luego planificar formas y medios definidos para adquirirla, y ejecutar esos planes con una perseverancia que
no acepte el fracaso, atraerá la riqueza.
SEIS MANERAS DE CONVERTIR EL DESEO EN ORO
El método por el que el deseo de riqueza se puede transmutar en su equivalente monetario consiste en seis
pasos prácticos y definidos, que son los siguientes:
Primero: determine la cantidad exacta de dinero que desea. No basta con decir: «Quiero mucho dinero».
Sea definitivo en cuanto a la cantidad. (Hay una razón psicológica para esta precisión, que describiremos en un
capítulo próximo.) Segundo: determine con exactitud lo que se propone dar a cambio del dinero que desea.
(No se recibe algo por nada.)
Tercero: establezca un plazo determinado en el que se propone poseer el dinero que desea. Cuarto: cree un
plan preciso para llevar a cabo su deseo, y empiece de inmediato, sin que importe si se halla preparado o no,
a poner el plan en acción.
Quinto: escriba un enunciado claro y conciso de la cantidad de dinero que se propone conseguir, apunte el
tiempo límite para esta adquisición, aclare lo que se propone dar a cambio del dinero, y describa con exactitud
el plan mediante el que se propone formularlo.
Sexto: lea su memorándum en voz alta, dos veces al día, una vez antes de acostarse, y otra, al levantarse.
Mientras lee, vea, sienta y piénsese ya en’ posesión del dinero.
Es importante que siga las instrucciones descritas en estos seis pasos. En especial observe y siga las
instrucciones del sexto paso. Tal vez se queje de que le resulta imposible «verse en posesión del dinero» antes
de tenerlo realmente. Aquí es donde el deseo ardiente acudirá en su ayuda. Si usted realmente desea el dinero
con tanta vehemencia que su deseo se ha convertido en una obsesión, no tendrá dificultad en convencerse de
que lo adquirirá. El caso es desear el dinero, y llegar a estar tan determinado a poseerlo que se convenza de
que lo tendrá.
¿PUEDE IMAGINARSE QUE ES USTED MILLONARIO?
Para el no iniciado, que no se ha educado en los principios fundamentales de la mente humana, quizás estas
instrucciones parezcan poco prácticas. Para quienes no consigan reconocer la validez de estos seis puntos,
puede ser útil saber que la información que difunden fue revelada por Andrew Carnegie, el cual empezó como
un obrero común en una siderúrgica; pero se las arregló, pese a sus humildes comienzos, para que estos
principios le rindieran una fortuna de más de cien millones de dólares.
Como ayuda adicional quizá le sirva saber que los seis puntos recomendados aquí fueron cuidadosamente
estudiados por el extinto Thomas A. Edison, que puso su sello de aprobación en ellos por ser esenciales no
sólo para la acumulación de dinero, sino para la consecución de cualquier objetivo.
Estos pasos no requieren «trabajo duro». Tampoco sacrificio. No exigen que uno se vuelva ridículo, ni
crédulo. Para utilizarlos no hace falta educación superior. Pero la aplicación eficaz de estos seis pasos exige la
suficiente imaginación que nos permita ver y comprender que la acumulación de dinero no se puede dejar al
azar, a la buena suerte o al destino. Uno debe darse cuenta de que todos los que han acumulado grandes
fortunas primero han soñado, deseado, anhelado, pensado y planificado antes de haber adquirido el dinero.
Llegados a este punto, usted sabrá también que nunca tendrá riquezas en grandes cantidades a menos que
pueda llegar a ser la viva expresión del deseo ardiente por el dinero, y que realmente crea que lo poseerá.
EL PODER DE LOS GRANDES SUEÑOS
A quienes nos encontramos en esta carrera hacia la riqueza debe animarnos saber que este mundo
cambiante exige nuevas ideas, nuevas maneras de hacer las cosas, nuevos líderes, nuevos inventos, nuevos
métodos de enseñanza, nuevos métodos de venta, nuevos libros, literatura nueva, nuevos programas de
televisión, nuevas ideas para el cine. Tras toda esta demanda de cosas nuevas y mejores hay una cualidad
que uno debe poseer para ganar, y es la definición del propósito, el conocimiento exacto de lo que uno quiere,
y un deseo ardiente de poseerlo.
Los que deseamos acumular riqueza debemos recordar que los verdaderos líderes del mundo han sido
siempre hombres que han sabido dominar, para su uso práctico, las fuerzas invisibles e intangibles de la
oportunidad que está por surgir, y han convertido esas fuerzas (o impulsos de pensamiento) en rascacielos,
fábricas, aviones, automóviles, y toda forma de recurso que hace la vida más placentera.
Al planear la adquisición de su porción de riqueza, no se deje influir por quienes menosprecien sus sueños.
Para lograr grandes ganancias en este mundo cambiante, uno debe captar el espíritu de los grandes pioneros
del pasado, cuyos sueños le han dado a la civilización todo lo que tiene de valioso, el espíritu que infunde
energía en nuestro propio país, en las oportunidades de usted y en las mías, para alimentar y vender nuestro
talento.
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Si lo que usted quiere hacer está bien, y usted cree en ello, ¡adelante, hágalo! Lleve a cabo sus sueños, y
no haga caso de lo que «los demás» puedan decir si usted se topa en algún momento con dificultades, ya que
tal vez «los demás» no sepan que cada fracaso lleva consigo la semilla de un éxito equivalente.
Thomas Edison soñaba con una lámpara que funcionara con electricidad, empezó a poner su sueño en
acción, y pese a sus más de diez mil fracasos, mantuvo su sueño hasta que lo convirtió en una realidad física.
¡Los soñadores prácticos no abandonan! Mielan, que soñaba con una cadena de tiendas de cigarros,
transformó su sueño en acción, y ahora las United Cigar Stores ocupan algunas de las mejores esquinas de las
ciudades estadounidenses.
Los hermanos Wright soñaron con una máquina que surcara el aire. Ahora podemos ver en todo el mundo
que sus sueños se han cumplido.
Marconi soñaba con un sistema para dominar las intangibles fuerzas del éter. Las pruebas de que no soñaba
en vano podemos encontrarlas en cada aparato de radio y de televisión que hay en el mundo. Quizá le interese
saber que los «amigos» de Marconi lo pusieron bajo custodia, y fue examinado en un hospital para psicópatas
cuando anunció que había descubierto un principio mediante el cual podría enviar mensajes a través del aire,
sin la ayuda de cables ni ningún otro medio físico de comunicación. A los soñadores de hoy en día les va
mejor.
El mundo está lleno de una abundancia de oportunidades que los soñadores del pasado jamás conocieron.
CÓMO HACER QUE LOS SUEÑOS DESPEGUEN DE LA PLATAFORMA DE LANZAMIENTO
Un deseo ardiente de ser y de hacer es el punto inicial desde el que el soñador debe lanzarse. Los sueños
no están hechos de indiferencia, pereza, ni falta de ambición.
Recuerde que todos los que consiguen triunfar tienen un mal comienzo y pasan por muchas dificultades
antes de «llegar». El cambio en la vida de la gente de éxito suele surgir en el momento de alguna crisis, a
través de la cual les es presentado su «otro yo».
John Buynan escribió Pilgrim’s Progress, que se cuenta entre lo mejor de la literatura inglesa, después de
haber estado confinado en prisión y haber sido duramente castigado a causa de sus ideas sobre la religión.
D. Henry descubrió el genio que dormía en su interior después de haber conocido graves infortunios, y
estuvo encarcelado en Columbus, Ohio. Forzado a través de la desgracia a conocer a su «otro yo», y a usar su
imaginación, descubrió que era un gran autor en vez de un criminal despreciable.
Charles Dickens empezó pegando etiquetas en latas de betún. La tragedia de su primer amor penetró las
profundidades de su alma para convertirlo en uno de los más grandiosos autores del mundo. Esa tragedia
produjo primero David Coperfield, y luego una sucesión de obras que hacen un mundo mejor y más rico a
todo el que lee sus libros.
Hellen Keller se quedó sorda, muda y ciega después de nacer. Pese a su terrible desgracia, ha escrito su
nombre con letras indelebles en las páginas de la historia de los grandes. Toda su vida ha sido la demostración
de que nadie está derrotado mientras no acepte la derrota como una realidad.
Robert Burns era un campesino analfabeto. Sufrió la maldición de la pobreza y creció para ser un borracho.
El mundo fue mejor gracias a su vida, porque vistió de prendas hermosas sus pensamientos poéticos, y, por
tanto, arrancó un espino para plantar un rosal en su lugar.
Beethoven era sordo, y Milton ciego, pero sus nombres perdurarán en el tiempo, porque soñaron y tradujeron
sus sueños en ideas organizadas.
Hay una diferencia entre suspirar por algo y hallarse preparado para recibirlo. Nadie se encuentra listo para
nada hasta que no crea que puede adquirirlo. El estado mental debe ser la convicción, y no la mera esperanza
o anhelo. La mente abierta es esencial para creer. La cerrazón de ideas no inspira fe, ni coraje, ni convicción.
Recuerde, no se requiere más esfuerzo para apuntar alto en la vida, para reclamar abundancia y
prosperidad, del que hace falta para aceptar la miseria y la pobreza. Un gran poeta ha expresado
acertadamente esta verdad universal en unas pocas líneas:
Le discutí un penique a la Vida,
y la Vida no me dio más.
Por mucho que le imploré a la noche
cuando contaba mis escasos bienes.
Porque la Vida es un amo justo
que te da lo que le pides,
pero cuando has fijado el precio,
debes aguantar la faena.
Trabajé por un salario de jornalero
sólo para descubrir, perplejo,
que cualquier paga que hubiera pedido a la Vida,
ésta me la hubiese pagado de buen grado.
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EL DESEO LLEVA VENTAJA SOBRE LA MADRE NATURALEZA
Como culminación adecuada de este capítulo quiero presentar a una de las personas más excepcionales
que he conocido. Lo vi por primera vez pocos minutos después de que hubiera nacido. Vino a este mundo sin
ningún rastro físico de orejas, y el médico admitió, cuando le pedí su opinión sobre el caso; que el niño sería
sordo y mudo toda la vida.
Me opuse a la opinión del médico. Estaba en mi derecho. Yo era el padre del niño. Tomé una decisión y me
formé una opinión, pero expresé esa opinión en silencio, en el fondo de mi corazón.
En mi interior supe que mi hijo oiría y hablaría. ¿Cómo? Estaba seguro de que tenía que haber una manera,
y sabía que la encontraría. Pensé en las palabras del inmortal Emerson: «El curso de las cosas acontece para
enseñarnos la fe. Sólo necesitamos estar atentos. Hay indicadores, claves, para cada uno de nosotros, y si
escuchamos con humildad, oiremos la palabra justa».
¿La palabra justa? ¡Deseo! Mucho más que ninguna otra cosa, yo deseaba que mi hijo no fuera sordomudo.
De ese deseo no renegué jamás, ni por un segundo.
¿Qué podía hacer? Encontraría alguna forma de trasplantar a ese niño mi propio deseo ardiente de dar con
maneras y medios de hacer llegar el sonido a su cerebro sin la ayuda de los oídos.
Tan pronto como el niño fuese lo bastante mayor para cooperar, le llenaría la cabeza de tal manera de ese
deseo ardiente, que la naturaleza lo traduciría en realidad con sus propios métodos.
Todos estos pensamientos pasaron por mi mente, pero no hablé de ello con nadie. Cada día renovaba la
promesa que me había hecho a mí mismo de que mi hijo no sería sordomudo.
Cuando creció y empezó a percibir las cosas que lo rodeaban, notamos que mostraba débiles indicios de que
oía. Cuando alcanzó la edad en que los niños suelen empezar a emitir palabras, no hizo intento alguno de
hablar, pero de sus actos podíamos deducir que percibía ciertos sonidos. ¡Eso era todo lo que yo quería saber!
Estaba convencido de que, si podía oír, aunque fuese débilmente, sería capaz de desarrollar una mayor
capacidad auditiva. Entonces sucedió algo que me llenó de esperanza. Surgió de algo totalmente inesperado.
UN «ACCIDENTE» QUE CAMBIÓ UNA VIDA
Compramos un fonógrafo. Cuando el niño oyó la música por primera vez, entró en éxtasis, y muy pronto se
apropió del aparato. En una ocasión estuvo poniendo un disco una y otra vez, durante casi dos horas, de pie
delante del fonógrafo, mordiendo un borde de la caja. La importancia de esa costumbre que adquirió no se
nos hizo patente sino hasta años después, ya que nunca habíamos oído hablar del principio de la «conducción
ósea» del sonido. Poco después de que se apropiase del fonógrafo, descubrí que podía oírme con claridad
cuando le hablaba con los labios junto a su hueso mastoideo, en la base del cráneo.
Una vez hube descubierto que podía oír perfectamente el sonido de mi voz, empecé de inmediato a
transferirle mi deseo de que oyese y hablase. Pronto descubrí que el niño disfrutaba cuando yo le contaba
cuentos antes de dormirse, de modo que me puse a trabajar para idear historias que estimularan su confianza
en sí mismo, su imaginación, y un agudo deseo de oír y de ser normal.
Había un cuento en particular, en el que yo hacía hincapié dándole un renovado matiz dramático cada vez
que se lo contaba. Lo había inventado para sembrar en su mente la idea de que su dificultad no era una
pesada carga, sino una ventaja de gran valor. Pese al hecho de que todas las maneras de pensar que yo había
examinado indicaban que cualquier adversidad contiene la semilla de una ventaja equivalente, debo confesar
que no tenía ni la menor idea de cómo se podía convertir esa dificultad en una ventaja.
¡GANÓ UN MUNDO NUEVO CON SEIS CENTAVOS!
Al analizar la experiencia retrospectivamente, puedo ver que su fe en mí tuvo mucho que ver con los
sorprendentes resultados. Él no cuestionaba nada que yo le dijera. Le vendí la idea de que tenía una ventaja
original sobre su hermano mayor, y que esa ventaja se reflejaría de muchas maneras. Por ejemplo, los
maestros en la escuela se darían cuenta de que no tenía orejas, y por ese motivo le dedicarían una atención
especial y lo tratarían con una amabilidad y una benevolencia extraordinarias. Siempre lo hicieron. También le
vendí la idea de que cuando fuese lo bastante mayor para vender periódicos (su hermano mayor era ya
vendedor de periódicos), tendría una gran ventaja sobre su hermano, porque la gente le pagaría más por su
mercancía, debido a que verían que era un niño brillante y emprendedor pese al hecho de carecer de orejas.
Cuando tenía unos siete años, mostró la primera prueba de que nuestro método de apoyo rendía sus frutos.
Durante varios meses imploró el privilegio de vender periódicos, pero su madre no le daba el consentimiento.
Entonces se ocupó por su cuenta del asunto. Una tarde en que estaba en casa con los sirvientes, trepó por
la ventana de la cocina, se deslizó hacia fuera. y sé estableció por su cuenta. Le pidió prestados seis centavos
al zapatero remendón del barrio, los invirtió en periódicos, los vendió, reinvirtió el capital, y repitió la operación
hasta el anochecer. Después de hacer el balance de sus negocios, y de devolverle a su banquero los seis
centavos que le había prestado, se encontró un beneficio de cuarenta y dos centavos. Cuando volvimos a casa
aquella noche, lo encontramos durmiendo en su cama, apretando el dinero en un puño.
Su madre le abrió la mano, cogió las monedas y se puso a llorar. Me sorprendió. Llorar por la primera victoria
de su hijo me pareció fuera de lugar. Mi reacción fue la inversa. Reí de buena gana, porque supe que mi
empresa de inculcar en la mente de mi hijo una actitud de fe en sí mismo había tenido éxito.
Su madre veía a un niño sordo que, en su primera aventura comercial, se había escapado a la calle y había
arriesgado su vida para ganar dinero. Yo veía un hombrecito de negocios valiente, ambicioso y lleno de
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confianza en sí mismo, cuyo valor intrínseco se había incrementado en un cien por cien, al haber ido a
negociar por su cuenta y haber ganado. La transacción me agradó, porque había dado pruebas de una riqueza
de recursos que lo acompañaría toda su vida.
EL NIÑO SORDO QUE OYÓ
El pequeño sordo asistió a la escuela, al instituto y a la universidad, sin que fuese capaz de oír a sus
maestros, excepto cuando le gritaban fuerte, a corta distancia. No lo llevaron a una escuela para sordos. No le
permitimos que aprendiese el lenguaje de los sordomudos. Habíamos decidido que viviese una vida normal, y
mantuvimos esa decisión, aunque nos costó muchas discusiones acaloradas con funcionarios escolares.
Cuando estaba en el instituto, probó un aparato eléctrico para mejorar la audición, pero no le dio resultado.
Durante su última semana en la universidad, sucedió algo que marcó el hito más importante de su vida. En lo
que pareció una mera casualidad, entró en posesión de otro aparato eléctrico para oír mejor, que le enviaron
para probar. Estuvo indeciso en probar el aparato, debido a su desilusión con otro similar. Finalmente lo cogió,
se lo puso en la cabeza, le conectó las baterías, y ¡sorpresa!, como por arte de magia, su deseo de toda la vida
de oír normalmente se convirtió en realidad. Por primera vez oía tan bien como cualquier persona con audición
normal.
Alborozado con el mundo diferente que acababa de percibir a través de ese aparato auditivo, se precipitó al
teléfono, llamó a su madre, y oyó su voz a la perfección. Al día siguiente oía con claridad las voces de sus
profesores en clase, ¡por primera vez en su vida! Por primera vez en su vida también, mi hijo podía conversar
con la gente, sin necesidad de que le hablaran con voz de trueno. Realmente, había entrado en posesión de un
mundo distinto.
El deseo había comenzado a pagar dividendos, pero la victoria todavía no era completa. El muchacho tenía
que encontrar todavía una manera definida y práctica de convertir su desventaja en una ventaja equivalente.
IDEAS QUE OBRAN MILAGROS
Sin apenas darse cuenta de la importancia de lo que acababa de obtener, pero embriagado con la alegría del
descubrimiento de ese mundo de sonidos, escribió una entusiasta carta al fabricante del audífono, relatándole
su experiencia. Algo en ella hizo que la compañía lo invitase a Nueva York. Cuando llegó, lo llevaron a visitar la
fábrica, y mientras hablaba con el ingeniero jefe, contándole de su mundo recién descubierto, una corazonada,
una idea o una inspiración, llámesela como se quiera, destelló en su cerebro. Era ese impulso del pensamiento
que convertía su dificultad en una ventaja, destinada a pagar dividendos en dinero y en felicidad por millares
durante todo el tiempo venidero.
El resumen y el núcleo de ese impulso de pensamiento era así: se le ocurrió que él podría ser de gran ayuda
para los millones de sordos que viven sin el beneficio de audífonos si pudiera encontrar una manera de
relatarles la historia de su descubrimiento del mundo.
Durante un mes entero llevó a cabo una intensa investigación, durante la cual analizó todo el sistema de
ventas del fabricante de audífonos e ideó formas y medios de comunicarse con los duros de oído de todo el
mundo, decidido a compartir con ellos su nuevo mundo recién descubierto. Una vez lo tuvo hecho, puso por
escrito un plan bienal, basado en sus investigaciones. Cuando lo presentó a la compañía, al momento le dieron
un puesto de trabajo para que llevara a cabo su ambición.
Poco había soñado, cuando empezó a trabajar, que estaba destinado a llevar esperanza y alivio a millares
de sordos que, sin su ayuda, se hubieran visto condenados para siempre a la sordera.
No me cabe duda de que Blair hubiera sido sordomudo toda su vida si su madre y yo no nos las hubiésemos
ingeniado para formar su mente tal como lo hicimos.
Cuando sembré en su interior el deseo de oír y de hablar, y de vivir como una persona normal, alguna
extraña influencia hubo en ese impulso que hizo que la naturaleza tendiese una especie de puente para salvar
el golfo del silencio que separaba su cerebro del mundo exterior.
En verdad, el deseo ardiente tiene maneras tortuosas de transmutarse en su equivalente físico. Blair
deseaba una audición normal; ¡ahora la tiene! Nació con una minusvalía que fácilmente hubiera desviado a
alguien, con un deseo menos definido, a la calle, con un puñado de lápices en una mano y una lata vacía en la
otra.
La pequeña «mentira piadosa» que sembré en su mente cuando él era un niño, llevándolo a creer que su
defecto se convertiría en una gran ventaja que podría capitalizar, se justificó sola. Ciertamente, no hay nada,
correcto o equivocado, que la confianza, sumada a un deseo ardiente, no pueda hacer real. Estas cualidades
están al alcance de todos.
LA «QUÍMICA MENTAL» HACE MAGIA
Un breve párrafo en un despacho de noticias en relación con madame Schumann-Heink da la clave del
estupendo éxito de esta mujer como cantante. Cito el párrafo porque la clave que contiene no es otra que el
deseo.
Al comienzo de su carrera, madame SchumannHeink visitó al director de la ópera de Viena para que le
hiciera una prueba de voz. Pero él no la probó. Después de echar un vistazo a la desgarbada y pobremente
vestida muchacha, exclamó, nada cordial:
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-Con esa cara, y sin ninguna personalidad, ¿cómo espera tener éxito en la ópera? Señorita, olvide esa idea.
Cómprese una máquina de coser, y póngase a trabajar. Usted nunca podrá ser cantante.
¡Nunca es demasiado tiempo! El director de la ópera de Viena sabía mucho sobre la técnica del canto. Sabía
muy poco del poder del deseo, cuando éste asume las proporciones de una obsesión. Si hubiera conocido
mejor ese poder, no hubiese cometido el error de condenar el genio sin darle una oportunidad.
Hace varios años, uno de mis socios enfermó. Se puso cada vez peor a medida que el tiempo transcurría, y
finalmente, lo llevaron al hospital para operarlo. El médico me advirtió que había muy pocas posibilidades de
que yo volviera a verlo con vida. Pero ésa era la opinión del médico, y no la del paciente. Poco antes de que se
lo llevaran al quirófano, me susurró con voz débil: «No se preocupe, jefe, en pocos días habré salido de aquí».
Una enfermera me miró apenada. Pero el paciente se recuperó satisfactoriamente. Cuando todo hubo
terminado, su médico me dijo: «No lo salvó otra cosa que su deseo de vivir. Nunca hubiera salido de este
trance si no se hubiese negado a aceptar la posibilidad de la muerte».
Creo en el poder del deseo respaldado por la fe, porque he visto cómo ese poder elevaba a hombres desde
comienzos humildes a posiciones de poder y riqueza; lo he visto cómo saqueaba la tumba de sus víctimas;
cómo servía de medio para que los hombres llevaran a cabo su rehabilitación después de haber fracasado en
un centenar de formas distintas; lo he visto darle a mi propio hijo una vida normal, feliz y llena de éxito, a pesar
de que la naturaleza lo enviase a este mundo sin orejas.
¿Cómo se puede dominar y usar el poder del deseo? Eso queda explicado en este capítulo y los subsiguientes
de este libro.
Mediante algún extraño y poderoso principio de «química mental» que nunca ha divulgado, la naturaleza
envuelve en el impulso del deseo ardiente «ese algo» que no reconoce la palabra «imposible», ni acepta el
fracaso como realidad.
NO HAY LIMITACIONES PARA LA MENTE EXCEPTO LAS QUE ACEPTAMOS
LA POBREZA Y LA RIQUEZA SON VÁSTAGOS DEL PENSAMIENTO

El Deseo De Toda Una Vida

El Deseo De Toda Una Vida

¡GANÓ UN MUNDO NUEVO CON SEIS CENTAVOS!
Al analizar la experiencia retrospectivamente, puedo ver que su fe en mí tuvo mucho que ver con los
sorprendentes resultados. Él no cuestionaba nada que yo le dijera. Le vendí la idea de que tenía una ventaja
original sobre su hermano mayor, y que esa ventaja se reflejaría de muchas maneras. Por ejemplo, los
maestros en la escuela se darían cuenta de que no tenía orejas, y por ese motivo le dedicarían una atención
especial y lo tratarían con una amabilidad y una benevolencia extraordinarias. Siempre lo hicieron. También le
vendí la idea de que cuando fuese lo bastante mayor para vender periódicos (su hermano mayor era ya
vendedor de periódicos), tendría una gran ventaja sobre su hermano, porque la gente le pagaría más por su
mercancía, debido a que verían que era un niño brillante y emprendedor pese al hecho de carecer de orejas.
Cuando tenía unos siete años, mostró la primera prueba de que nuestro método de apoyo rendía sus frutos.
Durante varios meses imploró el privilegio de vender periódicos, pero su madre no le daba el consentimiento.
Entonces se ocupó por su cuenta del asunto. Una tarde en que estaba en casa con los sirvientes, trepó por
la ventana de la cocina, se deslizó hacia fuera. y sé estableció por su cuenta. Le pidió prestados seis centavos
al zapatero remendón del barrio, los invirtió en periódicos, los vendió, reinvirtió el capital, y repitió la operación
hasta el anochecer. Después de hacer el balance de sus negocios, y de devolverle a su banquero los seis
centavos que le había prestado, se encontró un beneficio de cuarenta y dos centavos. Cuando volvimos a casa
aquella noche, lo encontramos durmiendo en su cama, apretando el dinero en un puño.
Su madre le abrió la mano, cogió las monedas y se puso a llorar. Me sorprendió. Llorar por la primera victoria
de su hijo me pareció fuera de lugar. Mi reacción fue la inversa. Reí de buena gana, porque supe que mi
empresa de inculcar en la mente de mi hijo una actitud de fe en sí mismo había tenido éxito.
Su madre veía a un niño sordo que, en su primera aventura comercial, se había escapado a la calle y había
arriesgado su vida para ganar dinero. Yo veía un hombrecito de negocios valiente, ambicioso y lleno de
17
confianza en sí mismo, cuyo valor intrínseco se había incrementado en un cien por cien, al haber ido a
negociar por su cuenta y haber ganado. La transacción me agradó, porque había dado pruebas de una riqueza
de recursos que lo acompañaría toda su vida.
EL NIÑO SORDO QUE OYÓ
El pequeño sordo asistió a la escuela, al instituto y a la universidad, sin que fuese capaz de oír a sus
maestros, excepto cuando le gritaban fuerte, a corta distancia. No lo llevaron a una escuela para sordos. No le
permitimos que aprendiese el lenguaje de los sordomudos. Habíamos decidido que viviese una vida normal, y
mantuvimos esa decisión, aunque nos costó muchas discusiones acaloradas con funcionarios escolares.
Cuando estaba en el instituto, probó un aparato eléctrico para mejorar la audición, pero no le dio resultado.
Durante su última semana en la universidad, sucedió algo que marcó el hito más importante de su vida. En lo
que pareció una mera casualidad, entró en posesión de otro aparato eléctrico para oír mejor, que le enviaron
para probar. Estuvo indeciso en probar el aparato, debido a su desilusión con otro similar. Finalmente lo cogió,
se lo puso en la cabeza, le conectó las baterías, y ¡sorpresa!, como por arte de magia, su deseo de toda la vida
de oír normalmente se convirtió en realidad. Por primera vez oía tan bien como cualquier persona con audición
normal.
Alborozado con el mundo diferente que acababa de percibir a través de ese aparato auditivo, se precipitó al
teléfono, llamó a su madre, y oyó su voz a la perfección. Al día siguiente oía con claridad las voces de sus
profesores en clase, ¡por primera vez en su vida! Por primera vez en su vida también, mi hijo podía conversar
con la gente, sin necesidad de que le hablaran con voz de trueno. Realmente, había entrado en posesión de un
mundo distinto.
El deseo había comenzado a pagar dividendos, pero la victoria todavía no era completa. El muchacho tenía
que encontrar todavía una manera definida y práctica de convertir su desventaja en una ventaja equivalente.

Un Deseo Ardiente de Ser y de Hacer

Un Deseo Ardiente de Ser y de Hacer

Piense y Hágase Rico –  vídeo 12

El Poder de Los Grandes Sueños

A quienes nos encontramos en esta carrera hacia la riqueza debe animarnos saber que este mundo cambiante exige nuevas ideas nuevas maneras de hacer las cosas nuevos líderes nuevos inventos nuevos métodos de enseñanza nuevos métodos de venta nuevos libros literatura nueva

Nuevos programas de televisión nuevas ideas para el cine Tras toda esta demanda de cosas nuevas y mejores hay una cualidad que uno debe poseer para ganar y es la definición del propósito el conocimiento exacto de lo que uno quiere y un deseo ardiente de poseerlo

Los que deseamos acumular riqueza debemos recordar que los verdaderos líderes del mundo han sido siempre hombres que han sabido dominar para su uso práctico las fuerzas invisibles  e intangibles de la oportunidad que está por surgir Y han convertido esas fuerzas o impulsos  de pensamiento en rascacielos fábricas aviones automóviles y toda forma de recursos que hacen la vida más placentera

Al planear la adquisición de su porción de riqueza no se deje influir por quienes menosprecien sus sueños Para lograr grandes ganancias en este mundo cambiante uno debe captar el espíritu de los grandes pioneros del pasado cuyos sueños le han dado a la civilización todo lo que tiene de valiosa

El espíritu que infunde la energía en nuestro propio país en las oportunidades de Udy en las mías para alimentar y vender nuestro talento Si lo  que usted quiere hacer está bien y usted cree en ello adelante hágalo lleve a cabo sus sueños y no haga caso de lo que los demás puedan decir si Usted se topa en algún momento con dificultades Ya que tal vez los demás no  sepan que

Cada fracaso lleva consigo la semilla de un éxito equivalente

Thomas Edison soñaba con una lámpara que funcionara con electricidad Empezó a poner su sueño en acción y pese a sus más de  fracasos mantuvo su sueño hasta que lo convirtió en una realidad física

Los soñadores prácticos no abandonan Mielan que soñaba con una cadena de tiendas de cigarro transformó su sueño en acción y ahora las United Cigars Stores ocupan algunas de las mejores esquinas de las ciudades estadounidenses

Los hermanos Wright soñaron con una máquina que surcara el aire Ahora podemos ver en todo el mundo que sus sueños se han cumplido Marconi soñaba con un sistema para dominar las intangibles fuerzas del éter Las pruebas de que no soñaba en vano podemos encontrarlas en cada aparatos de radio y de televisión que hay en el mundo Quizá le interese saber que los amigos de Marconi lo pusieron bajo custodia y fue examinado en un hospital para psicópatas cuando anunció que había descubierto un principio mediante el cual podría enviar mensajes a través del aire sin la ayuda de cables ni ningún otro medio físico de comunicación

A los soñadores de hoy en día les va mejor

El mundo está lleno de una abundancia de oportunidades que los soñadores del pasado jamás conocieron