Piense y Hágase Rico – Capítulo 7 parte 2

LAS TREINTA Y UNA CAUSAS PRINCIPALES DEL FRACASO
La mayor tragedia de la vida es la de los hombres y las mujeres que se empeñan seriamente en fracasar. La
tragedia reside en la abrumadora mayoría de personas que fracasan, en comparación con las pocas que
alcanzan el éxito.
Yo he tenido el privilegio de analizar a varios miles de hombres y mujeres, el 98 % de los cuales habían sido
catalogados como «fracasos». Mi análisis demostró que hay treinta y una razones fundamentales para el
fracaso, y trece principios importantes merced a los cuales la gente acumula fortunas. En este capítulo se dará
una descripción de las treinta y una causas principales del fracaso. A medida que lea la lista, vaya marcando,
punto por punto, cuántas de estas causas de fracaso se interponen entre usted y el éxito.
1. Antecedentes hereditarios desfavorables. Poco o nada es lo que se puede hacer por las personas que
nacen con un poder cerebral deficitario. Nuestro enfoque no ofrece más que un único método de salvar esta
dificultad, y es el trabajo en equipo. Vale la pena señalar, sin embargo, que ésta es la única de las treinta y una
causas de fracaso que ningún individuo puede corregir con facilidad.
2. Falta de un propósito definido en la vida. No hay esperanza de éxito para la persona que carece de un
propósito central o de un objetivo definido al cual apuntar. El noventa y ocho por ciento de las personas a
quienes he analizado no lo tenían, y quizá ésa fuera la causa principal de su fracaso.
3. Falta de ambición para elevarse por encima de la mediocridad. No ofrecemos esperanzas a la persona
que es tan indiferente que no le interesa adelantar en la vida, y que no está dispuesta a pagar el precio.
4. Educación insuficiente. Es una desventaja que se puede superar con relativa facilidad. La experiencia ha
demostrado que las personas mejor educadas son, con frecuencia, aquellas a quienes se considera que se
han hecho a sí mismas, o que se educaron solas. Para ser una persona con educación se requiere algo más
que un título universitario. Una persona educada es cualquiera que haya aprendido a conseguir lo que quiere
de la vida sin violar los derechos de los demás. La educación no consiste tanto en el conocimiento como en
saber aplicarlo con eficacia y persistencia. A la gente no se le paga sólo por lo que sabe, sino más bien por lo
que hace con lo que sabe.
5. Falta de autodisciplina. La disciplina proviene del autocontrol, y eso significa que uno debe controlar
todas las cualidades negativas. Antes de poder controlar otras condiciones, debe empezar por controlarse a sí
mismo. El dominio de uno mismo es la tarea más difícil que se puede abordar. Si usted no es capaz de
cumplirla con éxito, estará a merced de sí. Cuando se mire al espejo, podrá ver al mismo tiempo a su mejor
amigo y a su peor enemigo.
6. Mala salud. Nadie que no tenga una buena salud puede gozar de un éxito perdurable. Muchas causas de
mala salud son susceptibles de control. Entre ellas, las principales son:
a) Comer exceso de alimentos que dañen la salud.
b) Hábitos de pensamiento erróneos, conducentes a la expresión de actitudes negativas.
c) Abusos y excesiva complacencia en la vida sexual.
d) Falta de ejercicio físico adecuado.
e) Una provisión insuficiente de aire fresco, debida a una respiración inadecuada.
7. Influencias ambientales desfavorables durante la niñez. «A un árbol hay que enderezarlo cuando es
joven», dice el refrán. La mayoría de las personas con tendencias criminales las han adquirido como resultado
de un ambiente desfavorable y de relaciones inapropiadas durante su niñez.
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8. La dilación habitual. He aquí una de las causas más comunes de fracaso. La tendencia a dejarlo todo
para más adelante acecha a todos los seres humanos desde la sombra, y esperar su oportunidad para destruir
sus probabilidades de éxito. La mayoría andamos por la vida como fracasados porque aguardamos «el mejor
momento» para empezar a hacer algo que valga la pena. No espere, porque el momento nunca será «el
mejor». Empiece donde esté y trabaje con las herramientas que tenga a su disposición, ya que las irá
encontrando mejores a medida que avance.
9. Falta de persistencia. La mayoría somos buenos para empezar, pero no servimos para terminar todo lo
que comenzamos. Además, la gente tiene propensión a abandonar la lucha ante los primeros signos de
derrota. No hay sustituto para la persistencia. La persona que hace de la persistencia su consigna descubre
que, finalmente, el fracaso se cansa de perseguirle y se va. El fracaso no triunfa sobre la persistencia.
10. Personalidad negativa. No hay esperanza de éxito para la persona que repele a los demás a causa de
su personalidad negativa. El éxito se alcanza mediante la aplicación del poder, y el poder se consigue merced
a los esfuerzos de cooperación con otras personas. Una personalidad negativa no, induce a la cooperación.
11. Falta de control del impulso sexual. La energía sexual es el más poderoso de los estímulos que
mueven a la gente a la acción. Por ser la más poderosa de las emociones, debe estar controlada mediante la
transmutación, y ser canalizada por otras vías.
12. Deseo incontrolado de conseguir «algo por nada». El instinto del juego arrastra a millones de personas
al fracaso. De ello se pueden encontrar pruebas en un estudio del crac de Wall Street en el año 29, cuando
millones de personas intentaron hacer dinero jugando a la Bolsa.
13. Falta de un poder de decisión bien definido. Los triunfadores toman decisiones con prontitud, y las
cambian, si las cambian, con mucha lentitud. Los que fracasan toman decisiones, si las toman, muy
lentamente, y las cambian rápidamente y con frecuencia. La indecisión y la tendencia a dejar las cosas para
después son hermanas gemelas. Donde una de ellas se encuentra, suele hallarse también la otra. Apresúrese
a anular esta pareja antes de que ella pueda encadenarlo a la rueda del fracaso.
14. Uno o más de los seis miedos básicos. En un capítulo posterior se encontrará el análisis de los miedos
básicos, que es preciso dominar para que uno pueda comercializar sus servicios de manera eficaz.
15. Selección errónea de la pareja en el matrimonio. Se trata de un caso muy común de fracaso. La
relación que se establece en el matrimonio hace que las personas se encuentren en íntimo contacto. A menos
que esa relación sea armoniosa, es muy probable que se produzca el fracaso. Además, será una forma de
fracaso que se verá marcada por la miseria y la infelicidad, y que destruye toda la ambición.
16. Precaución excesiva. La persona que no corre riesgos suele tener que conformarse con aquello que
queda una vez que han elegido los demás. La precaución excesiva es tan perniciosa como la falta de
precaución. Hay que evitar ambos extremos. La vida, en sí misma, está llena de riesgos.
17. Selección errónea de los asociados en los negocios. Ésta es una de las causas más comunes del fracaso
en los negocios. Al comercializar sus servicios personales, se ha de tener gran cuidado en seleccionar un
patrono capaz de inspirarlo a uno por ser, a su vez, inteligente y triunfador. Las personas emulamos a aquellos
con los que tenemos una asociación más estrecha. Así que elija un patrono a quien valga la pena emular.
18. Superstición y prejuicio. La superstición es una forma del miedo, y también un signo de ignorancia. Los
triunfadores son personas de mentalidad abierta que no temen a nada.
19. Elección vocacional errónea. Nadie puede triunfar si se encamina por una senda que no le gusta. El
paso más esencial en la comercialización de servicios personales consiste en elegir una ocupación a la cual
usted pueda consagrarse de todo corazón.
20. Falta de concentración del esfuerzo. Los sabelotodo rara vez hacen nada bien. Concentre todos sus
esfuerzos en un objetivo principal bien definido.
21. El hábito de gastar indiscriminadamente. Los derrochones no pueden tener éxito, sobre todo porque
viven siempre con el temor a la pobreza. Habitúese a ahorrar sistemáticamente un porcentaje determinado de
sus ingresos. Tener dinero en el Banco da a las personas una sólida base de coraje cuando tienen que
negociar la venta de sus servicios personales. Si uno no tiene dinero, ha de aceptar lo que le ofrecen, y
alegrarse de conseguirlo.
22. Falta de entusiasmo. Sin entusiasmo no se puede ser convincente. Además, el entusiasmo es
contagioso, y la persona que lo tiene y lo controla suele ser bien recibida en cualquier grupo de personas.
23. Intolerancia. La persona de mentalidad cerrada, sobre el tema que sea, rara vez sale adelante. Ser
intolerante significa que uno ha acabado de adquirir conocimientos. Las formas más dañinas de la intolerancia
son las que se relacionan con las diferencias de opinión en el terreno étnico, religioso o político.
24. Falta de moderación. Sus formas más dañinas se relacionan con las actividades de la comida, del
consumo de bebidas alcohólicas y de la sexualidad. Los excesos en cualquiera de estos campos son nefastos
para el éxito.
25. Incapacidad de cooperar con los demás. Son más las personas que pierden sus puestos y sus mejores
oportunidades en la vida debido a este fallo que por todas las demás razones juntas. Es un defecto que ningún
líder ni hombre de negocios bien informado está dispuesto a tolerar.
26. Posesión de poder que no haya sido adquirido mediante el propio esfuerzo. (El caso de los vástagos de
hombres adinerados, y de otros que heredan un `dinero que no se ganaron.) Con frecuencia, el poder en
manos de alguien que no lo ha adquirido poco a poco es fatal para el éxito. El enriquecimiento rápido resulta
más peligroso que la pobreza.
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27. Deshonestidad deliberada. No hay sustituto para la honestidad. Se puede ser deshonesto por la fuerza
de las circunstancias, sobre las que uno no tiene control alguno, sin sufrir un daño permanente. Pero no hay
esperanzas para la persona que lo sea por propia elección. Tarde o temprano quedará prisionero de sus actos
y los pagará con la pérdida de su reputación, quizás, incluso de su libertad.
28. Egotismo y vanidad. La utilidad de estas cualidades es que sirven a modo de luces rojas a los demás
porque les advierten que se mantengan a distancia. Son fatales para el éxito.
29. Adivinar en vez de pensar. La mayoría de las personas son demasiado indiferentes o perezosas para
procurarse los hechos que les permitan pensar con precisión. Prefieren actuar basándose en «opiniones»
fundadas en conjeturas o en juicios precipitados.
30. Falta de capital. He aquí una causa de fracaso común entre aquellos que se inician por primera vez en
los negocios y no disponen de capital suficiente para absorber el impacto de sus errores y para sostenerlos
hasta que hayan afianzado su reputación.
31. Bajo este rubro, anote cualquier causa de fracaso que usted haya experimentado y que no haya sido
incluida aquí.
En estas treinta y una causas principales de fracaso se encuentra una descripción de la tragedia de la vida,
que es válida para casi todas las personas que hagan un intento y fracasen. Será bueno que consiga la ayuda
de alguien que lo conozca bien para recorrer juntos esta lista, de modo que le ayude a analizarse en función de
cada una de las causas de fracaso, pero también le beneficiará hacerlo solo. La mayoría de las personas no
son capaces de verse como los demás las ven, y es posible que usted sea una de ellas.
¿CONOCE USTED SU PROPIO VALOR?
Uno de los consejos más antiguos es el de «Conócete a ti mismo». Si usted comercializa una mercancía con
éxito, debe saber qué es lo que vende, y lo mismo vale cuando se trata de comercializar servi cios personales.
Usted tiene que conocer todas sus debilidades para poder superarlas o eliminarlas por completo. Ha de
conocer su fuerza para poder llamar la atención sobre ella cuando venda sus servi cios. Y sólo puede llegar a
conocerse mediante un análisis preciso.
El desatino de la ignorancia en relación con el autoconocimiento se vio en el comportamiento de un. joven
que fue a ofrecerse para un puesto de trabajo al gerente de una conocida empresa. Había causado muy buena
impresión hasta que el gerente le preguntó qué salario esperaba. Su respuesta fue que no llevaba pensada
ninguna cifra exacta (falta de un propósito definido).
-Le pagaremos todo lo que usted valga después de haberlo tenido una semana a prueba -le dijo entonces el
gerente.
-Eso no lo aceptaré, porque donde estoy trabajando me pagan más -respondió el aspirante al puesto.
Antes de empezar siquiera a negociar un aumento de salario en el empleo que usted tiene ya, o de buscar
trabajo en otra parte, asegúrese de que usted vale más de lo que le pagan en la actualidad.
Una cosa es querer más dinero -eso todo el mundo lo quiere-, y otra muy diferente valer más. Muchas
personas confunden sus deseos con sus merecimientos. Sus necesidades o exigencias financieras no tienen
nada que ver con su valor. Eso lo establece exclusivamente su capacidad para prestar servicios útiles o para
inducir a otros a que los presten.
HAGA UN INVENTARIO DE SÍ MISMO
Un autoanálisis anual es esencial para la eficaz comercialización de servicios personales, tanto como los
inventarios anuales en los negocios. Además, los análisis anuales deberían revelar una disminución de los
fallos y un incremento de las virtudes. En la vida, uno avanza, se estanca o retrocede. Un autoanálisis anual le
hará ver si ha avanzado, y en qué medida lo ha hecho. También revelará si ha retrocedido en algo. La
comercialización eficaz de los servicios personales le exige a uno mantenerse en marcha, aun cuando el
progreso sea lento.
Debe efectuar su autoanálisis a fin de año, para que incluya en sus resoluciones de Año Nuevo cualquier
mejora que el análisis aconseje introducir. Para ese inventario, hágase las preguntas siguientes y compruebe
las respuestas con ayuda de alguien que no le permita autoengañarse en lo referente a su exactitud.
CUESTIONARIO DE AUTOANÁLISIS PARA EL INVENTARIO PERSONAL
1. ¿He alcanzado el objetivo que me había propuesto como meta este año? (Usted debe trabajar para
alcanzar un objetivo anual definido como parte de su objetivo vital principal.)
2. ¿He ofrecido mis servicios con calidad y de acuerdo con mi nivel, o hubiera podido mejorarlos de alguna
manera?
3. ¿He trabajado todo lo que yo era capaz?
4. ¿Ha sido siempre armonioso y cooperativo el espíritu de mi conducta?
5. ¿He permitido que el hábito de la dilación disminuyera mi eficiencia? En caso afirmativo, ¿en qué medida?
6. ¿He mejorado mi personalidad? En caso afirmativo, ¿de qué manera?
7. ¿He sido constante en seguir mis planes hasta el final?
8. ¿He tomado mis decisiones rápida y definidamente en todas las ocasiones?
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9. ¿He permitido que uno de los seis miedos básicos, o más, disminuyera mí eficiencia?
10. ¿He demostrado excesiva prudencia o, por el contrario, he sido imprudente?
11. Mi relación con mis compañeros de trabajo, ¿ha sido agradable o desagradable? 8i fue desagradable, ¿la
culpa ha sido mía o sólo en parte?
12. ¿He disipado mi energía por falta de concentración en el esfuerzo?
13. ¿He mantenido una mentalidad abierta y tolerante en todo momento?
14. ¿De qué manera he mejorado mi capacidad de trabajo?
15. ¿He dejado de ser moderado en alguno de mis hábitos?
16. ¿He expresado abierta o secretamente alguna forma de egotismo?
17. Mi conducta con mis colaboradores, ¿los ha inducido a respetarme?
18. Mis opiniones y decisiones, ¿se han basado en conjeturas, o en la precisión de mi análisis y de mis
ideas?
19. ¿He seguido el hábito de administrar mi tiempo, mis gastos y mis ingresos de manera conservadora?
20. ¿Cuánto tiempo que podría haber aprovechado mejor he dedicado a esfuerzos improductivos?
21. ¿Cómo puedo reordenar mi tiempo y modificar mis hábitos para ser más eficiente el próximo año?
22. ¿Me reconozco culpable de alguna conducta que mi conciencia no apruebe?
23. ¿Hasta qué punto he trabajado más y mejor de lo que mi paga me impone?
24. ¿Me he mostrado injusto con alguien? Si es así, ¿de qué manera?
25. Si hubiera sido yo el comprador de mis propios servicios de este año que termina, ¿estaría satisfecho?
26. ¿Estoy en el trabajo que me gusta? Si no es así, ¿por qué no?
27. El que compra mis servicios, ¿ha estado satisfecho? Si no es así, ¿por qué no?
28. ¿Cuál es mi evaluación actual en los principios fundamentales del éxito? (Evalúese justa y francamente, y
haga que se la cotege alguien que tenga el valor de hacerlo con precisión.)
Tras haber leído y asimilado la información aportada en este capítulo, usted está en condiciones de hacerse
un plan práctico para comercializar sus servicios personales. En este capítulo encontrará una descripción
adecuada de todos los principios esenciales para planear la venta de servicios personales, incluso de los
atributos principales del liderazgo; las causas más comunes del fracaso en el liderazgo, una descripción de los
campos de oportunidad para el liderazgo, las principales causas del fracaso en todos los aspectos de la vida, y
las cuestiones importantes que se han de emplear en el autoanálisis.
Hemos incluido esta amplia y detallada presentación de un caudal de información preciso porque será
necesaria para todos aquellos que deban empezar la acumulación de riquezas vendiendo sus servi cios
personales. Los que hayan perdido su fortuna y los que apenas empiezan a ganar dinero no tienen nada más
que servicios personales para ofrecer a cambio de riquezas; por lo tanto, para ellos es esencial disponer de la
necesaria información práctica para sacar el mejor partido posible de la comercialización de sus servicios.
Asimilar y entender por completo la información que aquí ofrecemos será útil para quien necesite
comercializar sus propios servicios, y le ayudará también a mejorar su analítica y su capacidad de juzgar a las
personas. La información será inapreciable para los directores de personal, los encargados de colocaciones y
otros ejecutivos encargados de la selección de empleados y del mantenimiento de organizaciones eficientes. Si
usted duda de esta afirmación, ponga a prueba su firmeza, y responda por escrito las veintiocho preguntas del
cuestionario de autoanálisis.
DÓNDE Y CÓMO SE PUEDEN ENCONTRAR OPORTUNIDADES DE ACUMULAR RIQUEZAS
Ahora que hemos analizado los principios en virtud de los cuales se puede acumular riqueza, nos
preguntamos, naturalmente, dónde puede uno encontrar oportunidades favorables para aplicarlos. Pues bien,
hagamos un inventario para ver qué ofrece Estados Unidos a la persona que busca riqueza, en pequeña o
gran escala.
Recordemos, para empezar, que todos los estadounidenses vivimos en un país donde todo ciudadano
respetuoso de la ley goza de una libertad de pensamiento y de acción sin parangón en ninguna parte del
mundo. La mayoría de nosotros jamás ha tomado conciencia de las ventajas de esta libertad ilimitada. Nunca
la hemos comparado con la recortada libertad de otros países.
Aquí tenemos libertad de pensamiento, libertad en la elección y disfrute de la educación, libertad religiosa y
política, libertad en la elección de actividades comerciales, profesionales u ocupacionales, libertad de acumular
y poseer sin restricciones todas las propiedades que podamos acumular, libertad de escoger nuestro lugar
de residencia, libertad de contraer matrimonio, libertad de igualdad de oportunidades para todas las razas,
libertad de viajar de un estado a otro, libertad en la elección de nuestros alimentos y libertad de aspirar a
cualquier situación vital para la cual nos hayamos preparado, incluso a la presidencia de Estados Unidos.
Tenemos otras formas de libertad, pero esta lista dará una visión a vuelo de pájaro de las más importantes,
que constituyen oportunidades del orden más elevado. Esta ventaja de la libertad es tanto más notable cuanto
que Estados Unidos es el único país que garantiza a todos sus ciudadanos, sean nativos o naturalizados, una
lista de libertades tan amplia y tan variada.
Ahora pasemos revista a algunas de las bendiciones con que la amplitud de nuestras libertades nos ha
colmado. Tomemos como ejemplo la familia estadounidense media (con lo que me refiero a una familia de
ingresos medios) y sumemos los beneficios de que cada miembro de la familia dispone, en esta tierra de la
oportunidad y de la abundancia.
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a) Alimento. En adición a la libertad de pensamiento y de acción están el alimento, el vestido y la vivienda,
las tres necesidades básicas de la vida.
Gracias a nuestra libertad universal, la familia estadounidense media dispone, a las puertas mismas de su
casa, de la más escogida selección de alimentos que se pueda encontrar en el mundo entero, y a precios al
alcance de su bolsillo.
b) Vivienda. Esta familia vive en un apartamento cómodo, con calefacción central, luz eléctrica y gas para
cocinar. Las tostadas que come con el desayuno se preparan en un tostador eléctrico que apenas cuesta unos
pocos dólares. El apartamento se limpia con una aspiradora que funciona con electricidad. En la cocina y en el
cuarto de baño se dispone de agua fría y caliente en cualquier momento. La comida se mantiene fría en una
nevera eléctrica. La mujer se riza el cabello, lava y plancha la ropa con aparatos eléctricos de fácil manejo,
servidos por una energía suministrada por un enchufe en la pared. El marido se rasura con una afeitadora
eléctrica, y todos reciben entretenimiento del mundo entero durante las veinticuatro horas del día si quieren, sin
que les cueste nada, con sólo girar el dial de la radio o de la televisión.
En este apartamento hay otras comodidades, pero la lista que antecede dará una idea aproximada de
algunas pruebas concretas de la libertad de que disfrutamos en Estados Unidos.
c) Ropa. En cualquier lugar de Estados Unidos, la vestimenta corriente de una mujer se puede adquirir por
menos de 400 dólares anuales, y el hombre medio puede vestirse por la misma suma, o por menos.
Sólo hemos mencionado las tres necesidades básicas de alimento, ropa y vivienda. El ciudadano medio
yanqui dispone de otros privilegios y ventajas a cambio de un modesto esfuerzo que no excede las ocho horas
de trabajo diarias.
El estadounidense medio posee seguridades sobre sus derechos de propiedad que no tienen equivalente en
ningún otro país del mundo. Puede ingresar el dinero que le sobra en un Banco, con la seguridad de que su
Gobierno lo protegerá y se lo devolverá si el Banco le falla. Si un ciudadano estadounidense quiere viajar de un
Estado a otro, no necesita pasaporte ni permiso de nadie. Puede ir adonde desee y regresar cuando quiera.
Además, puede ir en tren, automóvil particular, autobús, avión o barco, según su bolsillo se lo permita.
EL «MILAGRO» QUE HA PROPORCIONADO ESTAS BENDICIONES
Con frecuencia oímos que los políticos proclaman la libertad de Estados Unidos cuando buscan votos, pero
es raro que se tomen tiempo o hagan el esfuerzo de analizar la fuente de tal «libertad». Al no depender de
intereses creados, y no albergar resentimientos ni segundas intenciones, yo tengo el privilegio de adentrarme
en un sincero análisis de ese «algo» misterioso, abstracto y, por lo general, malentendido que concede a todos
los ciudadanos de Estados Unidos más privilegios, más oportunidades de acumular riqueza, más libertad en
todos los órdenes, de lo que se pueda encontrar en ningún otro país. Tengo el derecho de analizar la fuente y
la naturaleza de este poder invisible, porque he conocido durante más de medio siglo a muchos de los
hombres que organizaron ese poder, y a muchos que son los responsables actuales de que tal poder se mantenga.
¡El nombre de ese misterioso benefactor de la humanidad es «capital»!
El capital no consiste sólo en dinero, sino más específicamente en grupos de hombres inteligentes y bien
organizados que planean medios y maneras de usar el dinero en forma eficiente para el bien público, y
provechosa para ellos mismos.
Estos grupos están constituidos por científicos, educadores, químicos, inventores, analistas de sistemas,
especialistas en publicidad, expertos en transportes, contables, abogados, médicos y toda clase de personas
que disponen de conocimientos sumamente especializados en todos los campos de la industria y de los
negocios. Esos hombres y mujeres abren caminos y experimentan en nuevos campos abiertos a su iniciativa;
sostienen universidades, hospitales y escuelas; construyen buenos caminos; publican periódicos; pagan la
mayor parte del coste gubernamental y se ocupan de los numerosos detalles esenciales para el progreso
humano. En pocas palabras, los capitalistas son el cerebro de la civilización, porque ellos proveen la totalidad
del material para la educación, la civilización y el progreso.
Sin un cerebro que lo controle, el dinero es siempre peligroso. Si se lo utiliza en la forma apropiada, es el
elemento esencial más importante de la civilización. Se puede tener una ligera idea de la importancia del
capital organizado si uno intenta imaginarse sin ayuda alguna del capital- cargado con la responsabilidad de
reunir los elementos para un sencillo desayuno y servírselo a una familia.
Para conseguir el té tendría que viajar a China o a la India, y ambos países se hallan a muchísima distancia
de Estados Unidos. A menos que fuera un excelente nadador, se cansaría bastante antes de completar el
viaje. Además, se encontraría también con otros problemas. Aun si tuviera las fuerzas físicas suficientes para
atravesar nadando el océano, ¿qué usaría como dinero?
Para conseguir el azúcar, tendría que lograr una nueva marca de resistencia natatoria para llegar a Cuba, o
de marcha a pie hasta el sector de la remolacha azucarera, en nuestro remoto estado de Utah. Pero, incluso
así, podría ser que regresara sin el azúcar, porque para su producción -sin hablar de lo que representa
refinarla, transportarla y servírsela en la mesa del desayuno a cualquier habitante de Estados Unidos- se
necesita tanto esfuerzo organizado como dinero.
Encontraría los huevos en las granjas más próximas, pero otra vez tendría que hacer una marcha de ida y
vuelta muy larga hasta Florida para poder servir zumo de pomelos.
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Y le esperaría otra larga caminata a Kansas o a cualquier otro de nuestros Estados cerealeros para
conseguir pan de trigo.
No le quedaría más remedio que servir el desayuno sin cereales porque no los conseguiría sin el esfuerzo de
una mano de obra especializada y organizada -sin hablar de las máquinas necesarias-, y todo eso requiere
capital.
Tras haber descansado, podría partir en un nuevo viajecito, a nado otra vez, a América del Sur, donde
cosecharía un par de plátanos, y, de regreso, sólo le faltaría caminar un poquito más hasta la granja más
próxima donde tuvieran organizada la producción lechera para conseguir un poco de mantequilla y crema.
Entonces, su familia podría sentarse ya a disfrutar del desayuno.
Parece un tanto absurdo, ¿verdad? Bueno, pues el procedimiento que acabo de describirle sería la única
manera posible de conseguir esos simples artículos alimenticios si no contáramos con la bendición del sistema
capitalista.
EL CAPITAL ES LA PIEDRA ANGULAR DE NUESTRAS VIDAS
La suma de dinero que se requiere para la construcción y el mantenimiento de los ferrocarriles y de los
barcos usados para servirle a usted un desayuno tan sencillo es tan enorme que la imaginación se marea.
Asciende a centenares de millones de dólares, por no mencionar siquiera los ejércitos de trabajadores
especializados que son necesarios para tripular tales medios de transporte. Pero éste no es más que una
mínima parte de las exigencias que la civilización moderna impone a Estados Unidos capitalista. Antes de que
pueda haber nada que transportar, tiene que haber sido cultivado o fabricado, y preparado para el mercado. Y
esto exige más millones y millones de dólares en equipo, maquinaria, embalajes, comercialización, y para
pagar los salarios de millones de hombres y de mujeres.
Los barcos y los ferrocarriles no brotan de la tierra ni funcionan de manera automática. ¡Llegan en respuesta
a la vocación civilizadora, gracias al esfuerzo, el ingenio y la capacidad de organización de personas dotadas
de imaginación, fe, entusiasmo, decisión y perseverancia! Estas personas son conocidas como capitalistas.
Están motivadas por el deseo de construir, edificar, conseguir, prestar servicios útiles, obtener un lucro y
acumular riquezas. Y el hecho de ser los que prestan servicios sin los cuales la civilización no existiría, los
encamina a la consecución de grandes riquezas.
Sin otro propósito que mantener mi discurso en un nivel simple y comprensible, añadiré que estos capitalistas
son los mismísimos hombres de quienes casi todos nosotros hemos oído hablar a los oradores
callejeros. Son los mismos hombres a quienes radicales, chantajistas, políticos deshonestos y líderes obreros
corruptos califican de «intereses predatorios», o «Wall Street».
No es mi intención presentar ningún alegato a favor o en contra de ningún grupo de hombres ni de sistema
económico alguno. El propósito de este libro -un propósito al que he consagrado más de medio siglo- es
presentar, a todos los que deseen conocerla, la más confiable de las ideologías merced a las cuales los
individuos puedan acumular riquezas en la cantidad que les apetezca.
He analizado aquí las ventajas económicas del sistema capitalista con el doble propósito de demostrar:
1. Que todos aquellos que buscan riquezas deben rendir pleitesía al sistema que controla cualquier
posibilidad de hacer fortuna, y adaptarse a él.
2. Presentar la visión del cuadro opuesta a la que muestran los políticos y los demagogos que oscurecen
deliberadamente los problemas que plantean al referirse al capital organizado como sí fuera un veneno
contaminante.
Estados Unidos es una nación capitalista. Creció gracias al uso del capital, y más vale que nosotros, los que
reivindicamos el derecho de compartir las bendiciones de la libertad y de la oportunidad, nosotros, los que
tenemos como meta acumular riqueza, sepamos que ni las riquezas ni las oportunidades estarían a nuestro
alcance si el capital organizado no nos hubiera proporcionado estos beneficios.
Sólo hay un método seguro de acumular riquezas y de aferrarse a ellas, y ese método es prestar servi cios
útiles y seguir creando necesidades ficticias. Jamás se ha creado sistema alguno por el cual los hombres
puedan adquirir riquezas legalmente por la mera fuerza de los números, o sin dar a cambio, de una manera u
otra, un valor equivalente.
SUS OPORTUNIDADES EN MEDIO DE LAS RIQUEZAS
Estados Unidos ofrece toda la libertad y todas las oportunidades de acumular riquezas que cualquier persona
honrada pueda necesitar. Cuando uno sale de caza con ánimo deportivo, busca cotos donde las presas
abunden, y por supuesto, la misma regla es válida cuando se sale a la caza de riquezas.
Si lo que usted busca son riquezas, no pase por alto las posibilidades de un país cuyos ciudadanos son tan
ricos que las mujeres, solas, se gastan al año más de medio millón de dólares en lápices de labios, colorete y
productos de belleza.
Si lo que usted busca es dinero, piense seriamente en un país que se gasta centenares de millones de
dólares al año en cigarrillos.
No se dé demasiada prisa en irse de un país cuyos habitantes dilapidan de buena gana, e incluso con
alegría, millones de dólares anuales en el fútbol, el béisbol y el boxeo.
Recuerde, además, que éste no es más que el comienzo de las fuentes que están a su alcance para que
usted gane dinero. Aquí sólo hemos mencionado unos pocos lujos superfluos. Pero no olvide que el negocio de
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producir, transportar y comercializar estos pocos artículos inútiles proporciona empleo regular a muchos
millones de personas que reciben millones de dólares mensuales por sus servicios y que se los gastan con
entera libertad en productos tanto necesarios como superfluos.
Recuerde especialmente que detrás de todo este intercambio de mercancías y servicios personales pueden
encontrarse abundantes oportunidades de acumular riquezas. Los estadounidenses contamos con la ayuda de
nuestra libertad. No hay nada que impida, ni a usted ni a nadie, entregarse a cualquier aspecto del esfuerzo
necesario para seguir adelante con nuestros negocios. Si uno abunda en talento, formación y experiencia,
puede acumular riquezas en grandes cantidades. Los que no sean tan afortunados acumularán cantidades
más pequeñas. Cualquier persona puede ganarse la vida a cambio de una cantidad apenas nominal de trabajo
y esfuerzo.
Conque… ¡ya lo sabe!
La oportunidad ha desplegado ante usted sus mercancías. Acérquese al mostrador, seleccione lo que quiera,
hágase su plan, póngalo en acción y sígalo con perseverancia. Estados Unidos «capitalista» se ocupará del
resto. En eso sí que puede confiar: nuestra nación capitalista asegura a todas las personas la oportunidad de
prestar servicios útiles y de cosechar riquezas en proporción con el valor de sus servicios.
El «sistema» no le niega a nadie este derecho, pero no promete, ni puede hacerlo, algo por nada, porque el
mismo sistema está irrevocablemente controlado por la ley de la economía capitalista, que no reconoce ni
tolera durante mucho tiempo dar sin recibir.
EL ÉXITO NO EXIGE EXPLICACIÓN EL FRACASO NO TIENE EXCUSA