Las 7 Leyes Espirituales del Exito (Parte 2)

4- La Ley del Menor Esfuerzo. Es la favorita de muchos pero a veces es la que más cuesta porque estamos acostumbrados a hacerlo todo con el mayor esfuerzo. Cuando se está en armonía con la naturaleza, espontáneamente ocurre la ley del menor esfuerzo.

Así como la inteligencia de la naturaleza funciona sin resistencia, la humanidad debe seguir el mismo sistema natural de acción, y es parte de la naturaleza humana que los sueños se vuelvan realidad.

Hay muchas creencias que van en contra de esta Ley. Por ejemplo: “el que quiere celeste que le cueste”, “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, y otras…

Esta ley se forma de tres componentes.

Aceptación, se debe aceptar el momento tal como es, sin aferrarse a la idea de cómo se desea que sea. Se puede cambiar el futuro en base a las acciones, pensamientos y sentimientos actuales, pero no es posible cambiar el presente.
Responsabilidad, la cual debe asumirse plena y conscientemente. Reconocer que lo que nos molesta, es nuestra reacción contra nuestros propios sentimientos hacia ese algo o alguien. No buscar culpables, asumir que así debe ser el momento y enfocarnos en descubrir las oportunidades.
Actitud no defensiva, dejar de gastar energía imponiendo el punto de vista personal. Actuar de manera flexible para evitar caer en discusiones y permanecer abierto a todas las posibilidades.

5- La Ley de la Intención y el Deseo. Empezamos a hacernos conscientes de cómo desear y obtener. Se desea en el presente, se pone la intención en el futuro y se desapega del resultado.

Algunos de los consejos que Deepak Chopra ofrece en su libro son:

Anotar concretamente los objetivos, sueños y metas, trazando el plan de vida que se quiere lograr.
Entregar esas anotaciones al seno de la Creación y aplicar el desapego. No querer controlar los detalles, y dejar a Dios trabajar.
Confiar, aún en los momentos en que pareciera que todo está saliendo mal. No olvidar que al presente hay que aceptarlo, para estar preparados al momento de recibir las gracias y dones que nos regala la vida.

6- La Ley del Desapego. Solo tenemos el presente. Esta Ley activa la conciencia del momento presente y la gloria de vivir en él y ayuda a echar el ancla en la sabiduría de la inseguridad de la vida.

Para lograr sus sueños primero debe renunciar al apego hacia estos, incluyendo la incertidumbre como un factor. Si aprende a vivir sin la necesidad de sentir una seguridad, significa que su fe es lo suficientemente fuerte como para seguir confiando.

El punto de referencia debe ser el espíritu, los objetos materiales solo son el medio para cubrir sus necesidades.

Para poner a funcionar la Ley del Desapego, se recomienda lo siguiente:

Permitirse vivir en libertad a usted mismo, y al entorno en general. No forzar las soluciones de cada problema, porque solo crearía nuevos.
Entrar al terreno de lo desconocido sin miedo. Entre más incierto parezca todo, mayor orden hay en el caos del universo de las posibilidades infinitas.

7- La Ley del Dharma. Es la Ley del propósito en la vida. Todos venimos a la vida para cumplir un propósito y solamente nosotros podemos descubrir cuál es. Cómo expresar ese propósito y cómo usarlo para ayudar a los demás es parte de nuestro aprendizaje.

Para descubrir ese talento único puede servir de guía esta pregunta: si tuviera todo el tiempo y dinero del mundo, ¿a que se dedicaría? Note como el tiempo se vuelve relativo cuando está desarrollando su talento.

La Ley del Dharma tiene tres componentes:

La certeza de que cada ser humano está aquí para descubrir su verdadero ser espiritual, reconocer que adentro tiene un Dios en embrión deseando despertar.
Descubrir su talento único y expresarlo, así verá como produce abundancia, inclusive para los demás.
Preguntarse a sí mismo, ¿cómo puedo ayudar? Y compartir a la humanidad con mucho amor nuestro don.

Se dice que al aplicar estas leyes en nuestra vida, descubriremos una agradable transformación en ella. Dejaremos de gastar energía en asuntos innecesarios, y en su lugar atraeremos abundancia, felicidad y armonía.